lunes, 29 de octubre de 2007

Une traduction

NEUKÖLN

Celui qui est maudit mord le ciel
Georges Bataille


Les amphetamines frappent dans notre langue,
dans la tête, Daniel conduit comme un démon
ivre parmi les rues du quartier turc.
Tous marchent en le chercher pour leur exposition.
Peut-être personne ne me cherche a moi.
Personne ne sait que Daniel a saisi feu à ses tableaux.
Peut-être avec chance nous brûlions ensemble dans des heures
dans une chambre d'un hôtel de ce quartier.
Il conduit comme un fou, comme si la ville
brûlait à notre dos. Les amphetamines frappent
dans notre tête, les coeurs dans notre
poitrine. Les épiciers salent nous voir passer
brillants comme un rayon avec de la fièvre,
un rayon qui ne va pas détruire rien
sauf sa trajectoire propre, à lui-même là
où il est passé. Toujours en avant. Dieu veuille que nous brûlons
dès que possible.



Du livre Agujeros, Jose Óscar López


Traduction de Tanja et Monique

domingo, 28 de octubre de 2007

Más pasmosas -maravillosas- si/co-in-cronías/cidencias

Enlacen, enlacen, y en cuanto vuelvan -o, antes de ir, escuchen que- les cuento:
Ayer nos invitaba Anabel a comer para celebrar, adelantándolo tres días, su cumpleaños. Dos horas antes de la hora fijada me encamino a por su regalo, una preciosa edición ilustrada del Peter Pan y Wendy de Barrie; me doy de paso un paseo por el resto de los estantes: aparte de un pequeño libro de Lacan -una conferencia cuya contraportada promete puerta de acceso a Lacan para los que no entienden a Lacan- veo el Nadja de Breton; me interesa mucho acceder de forma directa a Lacan, pero estoy hasta arriba de trabajo y sumido en mis ratos libres en otras direcciones lectoras: sé que va a ser de esos libros que me llevaré para dejarlo automáticamente en la librería hibernando hasta yo qué sé cuándo; por la misma razón el Nadja se queda en el mostrador giratorio de la librería, por esa y porque no tengo ni idea de francés; pero me ha cautivado el libro, la idea de intentar leerlo en francés ayudado por un diccionario y una gramática me seduce, aunque siendo realistas, ¿de dónde saco el tiempo (y las energías, de paso, que ya se me agotan en el trabajo real de mis clases)?


Lo hojeo de todas formas, acariciando la idea de llevármelo, aunque no puedo tardar mucho porque me espera la fiesta de Anabel. El libro tiene algunas fotos; en una doble, postrado en dos momentos de una hipnosis autoinducida, está Robert Desnos, poeta que acabo de descubrir y por quien siento una fascinación especial, no sólo porque adoro el surrealismo, y por sus propios versos y su estupenda novela libérrima o poema en prosa ¡La libertad o el amor!: en la novela que llevo meses corrigiendo, ultimando y no acabando de ultimar porque aún anoto párrafos, frases e ideas que le voy incorporando, la figura de un hipnotizador -una de las ocupaciones más llamativas de Desnos- tiene un papel entre determinante y fantasmal en su argumento.


La foto de Desnos, la prosa de Breton, autor al que evidentemente amo pero del que, me temo, aún no he leído lo suficiente... Pero puede no sólo la economía sino también el realismo: mi nivel de francés es CERO.



Estupenda, la fiesta de Anabel. Seis horas más tarde, cuando la mitad de los invitados ya se han ido, la anfitriona nos cuenta entre otras cosas de sus próximos estudios de psicología; me acuerdo de Lacan y después de Breton: le pido que me recomiende una gramática francesa -pensando en el segundo, que el primero ya es difícil traducirlo aun traducido-. Me apunta unas cuantas al tiempo que se ríe de mis propósitos, porque los sabe difíciles -ella sí es titulada en este idioma, entre otros cuantos, y sabe de la dificultad que entraña aprenderlos, máxime si te quieres autodidacto- y porque me sabe inconstante y perezoso.



Esta noche he tenido varios sueños, ha sido una noche intranquila y he dormido poco, aunque me he despertado con una placidez inaudita, con una absoluta -por qué no decirlo- felicidad. En el que más me ha llamado la atención, quiero decir el más vívido y el único que recuerdo con total nitidez, yo llegaba, cargado con una maleta de dimensiones incongruentes, a un aeropuerto francés. Para pasmo mío, que esperaba la comunicación más fácil -mi a veces exagerada confianza en la improvisación, de la que ya veo que mi subconsciente está informada-, mi francés, definitivamente, no me servía para nada. Y para desesperación sobre todo de mis interlocutores en el aeropuerto, de sorpresa primero escuchando cómo reinventaba su idioma de una forma absolutamente ridícula y después de desesperación, comprobando cómo no sólo la comunicación con ese mastuerzo -yo- era imposible sino que además la paciencia de la gente que iba agolpándose detrás, en la cola, llegaba a su límite y empezaban a sublevarse.


Hasta aquí nada raro: ideas y sucesos que te rondan por el día toman, merced a Morfeo, la forma graciosa, no gravosa dádiva, del sueño durante la noche. Para qué más psicologías. Lo que ya es pasmoso es que esta mañana me levante y mientras tomo el café con leche encargado de disipar mis nictálopes brumas abra el correo electrónico y descubra que dos chicas francesas, a las que enlazo desde este momento pero que no conocía de nada... ¡me han traducido al francés!

Algo que ya sabrán si han visto el último comentario de la entrada o post anterior. Mientras llamo a Anabel para ver si me hace el favor de traducirme un nota de agradecimiento para colgarlo en la bitácora de estas chicas, que es donde me han incluido con inmensa generosidad, les remito a la entrada siguiente de éste mi propio -la casa de todos Vds.- blog, donde reproduciré el poema que me han traducido. Aparte de por las pasmosas coincidencias -que a veces, por qué no decirlo, me asustan, pero otras, como la que nos ocupa, son maravillosas-, lo hago porque ¡es la primera vez que me traducen! Pero les emplazo sobre todo a que visiten su blog, Bipolarisation, donde encontrarán más poesía, y música, y pensamiento, y diverso material interesante.


Que estoy como un niño con zapatos idiomáticos nuevos, vamos. ¡Gracias, Tanja et Monique!

jueves, 25 de octubre de 2007

Pausa, no stop (notas de viaje)

El signo de los tiempos ve
mi rostro en su polaroid,
frenético y delirante,
rompiendo el índice nikkei.

Un movimiento
y desapareceré,
estoy dispuesto.

Tengo alguna sensación
de sólida realidad,
fragmentos de tres segundos
en días que no acaban nunca.

Pulsar la pausa
sin presionar el stop,
efecto y causa.

Si dejo al mundo correr,
si mientras duermo
no hay alucinaciones.

Decido al tiempo volver,
si hay algo intenso
no hay alucinaciones.

Algún día tu país
se llamará Microsoft,
invadirá Nippon Soda,
lo venderá Motorola.

Un movimiento
y desapareceré,
un solo movimiento.


("El signo de los tiempos",
en El shock de Leia, LAGARTIJA NICK)

Ida y vuelta (notas de viaje)

¿Qué hacer cuando llevas todo el día -anteayer- trabajando, leyendo en los huecos -El pesa-nervios de Artaud- y después otra vez trabajando? Pues escuchar en la hora que dura el regreso a casa como quince o veinte -¿veinticinco?- veces la canción que reproduzo en la entrada siguiente. A la ida escuché el disco entero, entre descanso y descanso de la la lectura, pero a la vuelta ya sólo me enganché, y de forma obsesiva, sólo a esa canción -ayer la volví a escuchar en el tren como otras diez o quince veces.














Murcia-Lorca, 7:45


















Lorca-Murcia, 21:10

domingo, 21 de octubre de 2007

Helarte en la era de la reproducción simpsonizada

Pues éste es mi retrato convenientemente "simpsonizado". ¡Y la gente dice que me parezco! Ya iba siendo hora, pardiez: Joseda Espejo lo tenía, José Manuel Gallardo y Ángel Gómez Espada también; Camilo de Ory, al fin, me dio la dirección por msn para realizar el prodigio (un aviso: les enlazo con su bitácora pero luego no me lancen a sus psiquiatras cual perros de caza; sobre todo NO MERODEEN POR LOS COMENTARIOS. Avisados quedan.)


La bola sigue: los Srs. Hueso, fascinados ayer por los resultados que les comuniqué, igualmente por msn, la misma tarde que lo conseguí, ya lo intentaron infructuosamente (les dije que a mí me ha tardado como dos semanas en funcionarme el invento), así que, si hoy no tienen ninguna convención de Playmóbil cerca de casa, es posible que vuelvan a intentarlo. Por cierto, más enlaces: ¡no se pierdan el estupendo serial (aquí más capítulos) que Sr. Hueso escribe para la cadena de radio M80!
PS: Tras colgar esta entrada merodeo por los enlaces del programa en el que colabora Hueso y, bueno, tras encontrar cosas como algo denominado "Momento-teniente" (los encuentro en la red porque a mi tierra "física" no llega la señal de M80), definitivamente a sus respectivos psiquiatras, mis amados lectores, tampoco les hará demasiada gracia (si es que les hizo gracia alguna el enlace del serial) que se pasen por allí..






jueves, 18 de octubre de 2007

Más poetas apócrifos (¿plagiario, en este caso?)

(Iniciamos hace cosa de un mes nueva temporada de nuestra antología apócrifa de poetas murcianos, en la emisora de radio Onda Regional de Murcia. Cuelgo aquí mi última aportación, aunque les aviso de que gracias al pistoletazo de salida de Antonio Aguilar -que escuchamos solícitos Antonio Lorente y yo para ponernos en carrera-, al fin está en marcha la bitácora del asunto.

Les sirva de aperitivo, espero:)


GILBERTO SÁNCHEZ


El fruto de mis investigaciones en torno a la vida y la obra de Gilberto Sánchez no se aparta demasiado del ofrecido por los sabios y temperados sarmientos de las de mis compañeros; pero acaso ofrezca algún punto insólito, quizás por no defraudar a la costumbre -que entre nosotros y de algunos siglos a esta parte, de modo general, deviene en ley- de que se espere en mi trabajo una cierta inesperabilidad.

Se han centrado mis pesquisas, fundamentalmente, en un libro aportado en alguna bibliografía por nuestro Amancio Vespertino, Gilberto Sánchez o la ambinomigüedad (sic), debido a la pluma del hijo del conocido poeta surrealista Robert Desnos, el teórico y tenista amateur Roberto Manuel Desnos, actualmente y por otra parte catedrático de Literatura Comparada en la Universidad de Pompillo de Calandria, Albacete.

Mi sorpresa fue mayúscula al tratar de conseguir dicho tomo. Inencontrable en librerías, me desplacé hasta Archena en la suposición de que debía conservarse allí algún ejemplar. Apapucio Bermúdez, periodista archenero, y en la mejor tradición de la novela negra, asisitió a mi desconsuelo en la barra de un bar del pueblo tras cuatro días de búsqueda inútil por mi parte. Afuera tronaba y diluviaba como suele sólo en los menos sólidos argumentos.

-Ese libro no es popular aquí –me dijo-. ¿Cómo reacciona un pueblo como el nuestro, que ama a sus poetas, cuando alguien de fuera cuestiona al vate mayor de la comarca?

Con todas las papeletas perdidas para mi aventura, y además mojadas por la lluvia, me dispuse a cruzar la vía principal camino de la parada del autobús. Sorteando los charcos de una callejuela en sombra, me salió al paso un tipo bajo y encorvado bajo su guardapolvos pasado de moda. Mordía un mondadientes y se autodeclaró ratero. No era un ratero cualquiera. Nunca sabré si, como sospecho, Apapucio Bermúdez movió sus hilos; pero este pequeño diablillo de teatro de títeres se ofreció a entrar en los archivos del pueblo para conseguirme un ejemplar del libro a cambio de un par de golpetazos de ponche Caballero.

El trabajo de Desnos hijo, quizás barriendo para casa, desmonta o parece desmontar en un epílogo confuso la filiación entre Gilberto Sánchez y el famosísimo juego del “binomio fantástico” propuesto por Gianni Rodari en su Gramática de la Fantasía, en el momento en que cita la práctica surrealista de poner en relación ideas o términos absolutamente dispares. No contento con ponerlo más cerca del paragüas y la máquina de coser reunidos sobre la mesa de operaciones de la vanguardia histórica, establece una relación directa entre nuestro autor y su padre, ya no en razón de influencias rastreables en su obra sino en la curiosa costumbre de Gilberto, sospechosamente parecida a la puesta en práctica por Desnos padre en los cafés parisinos de los años 20 para pasmo de la clientela y deliquio del resto de la caterva surrealista, de entrar en una suerte de autoinducido estado de hipnosis o “trance”.
Coincide Desnos hijo en dos datos que aportan mis compañeros: situar a nuestro autor en Italia y calificar su ánimo de huraño. Pero aún más, Desnos hijo afirma que dicho carácter, que le granjea una vida social nula, le hace parapetarse, en triple pataleta idiomática, en la rama patafísica de la literatura francesa.
Y aún más -¿triple pataleta social tras pretender refugiarse en un numen poético que le fue también adverso?-: salpica sus apariciones públicas de raptos hipnóticos o de trance, en los que, para pasmo de los que coinciden en sus pequeños paseos por su barrio –pues en dichos paseos, básicamente, consisten sus “apariciones públicas”-, declama delirantes discursos.
Aquí entran las tesis de Desnos hijo. El tono admirativo de su trabajo, a pesar de que en él abundan los pasajes no poco confusos, ahuyentan el fantasma del plagio. Pero Desnos es categórico en una de sus páginas, acaso la razón de la mala fortuna de sus tesis en Archena, cuando reproduce uno de los mencionados raptos de Gilberto Sánchez.

El bebé gigante que anuncia las pinturas Cadum esperaba a sus visitantes en la isla de Cygnes, bajo el puente de Passy. Se comportaron como gente de mundo y la torre Eiffel presidió el conciliábulo. El agua fluía.

Los peces salieron del río, ya que estaban abocados desde hacía tiempos y tempestades al culto de las cosas divinas y al simbolismo celeste. Por las mismas razones, las palmeras del Jardin d´Acclimation desertaron de las avenidas recorridas por el elefante pacífico del sueño infantil. Pasó algo parecido con las que, aprisionadas en maceteros de barro, adornan el salón de señoritas mayores y el peristilo de las casas públicas. El aire se llenó del ruido de las ventanas al cerrarse y de sus fallebas plañideras. Bebé Cadum nació sin la ayuda de sus padres, espontáneamente.
En el horizonte, un gigante brumoso se estiraba y bostezaba. El muñeco de Michelín se disponía a una lucha terrible cuyo historiógrafo será el autor de estas líneas.
A los veintiún años de edad, Bebé Cadum alcanzó el tamaño necesario para luchar con Muñeco Michelín. Todo comenzó una mañana de junio. Un agente de policía que se paseaba tontamente por la Avenida de Les Champs Elysées escuchó de repente grandes clamores en el cielo. Éste se oscureció y, acompañada de viento, rayos y truenos, una lluvia jabonosa se abatió sobre la ciudad. En un instante el paisaje se hizo mágico. Los tejados, recubiertos de una ligera espuma que el viento arrastraba en copos, se irisaron bajo los rayos del sol reaparecido. Surgió una multitud de arco iris, ligeros, pálidos y similares a la aureola de las jóvenes tísicas, en la época en que formaban parte del imaginario poético. Los transeúntes paseaban por una nieve perfumada que les llegaba a las rodillas. Algunos empezaron combates de pompas de jabón que el viento arrastraba con infinidad de ventanas reflejadas en sus paredes translúcidas.
Después una encantadora locura invadió la ciudad. Los habitantes se desnudaron y corrieron por las calles rodando sobre la jabonosa alfombra. El Sena arrastraba capas grumosas que se quedaban paradas en los machones de los puentes y se disolvían en los firmamentos.

Tras este ejemplo de rapto poético en prosa -acaso plagiado si no se trata de un caso de posesión lírica y que daría otra dimensión a ese diálogo a través del tiempo que se da entre poetas según quería Eliot-, algunos, tal mis compañeros de tertulia, apuntan al regreso a España y unos últimos años en el psiquiátrico de El Palmar como colofón para la biografía de nuestro protagonista de hoy; otras fuentes, en hipótesis que puede coexistir con la anterior, hablan de una carrera final como prolijo y frustrado novelista infantil, aunque logró ser fugaz best-seller en dicho campo durante un curso escolar en tres pequeños pueblos de Minnesota, donde tres primos lejanos de Gilberto, de profesión maestros, después de traducir y autopublicar un título que a día de hoy desconocemos, lo propusieron con azarosa y fugaz fortuna como lectura obligatoria en sus tres respectivos colegios.

PS: Si acaso nuestro autor, como confusa y ambiguamente se sugiere en Gilberto Sánchez y la ambinomigüedad, hubiese llegado a plagiar a Robert Desnos en el “rapto” citado, de seguro se habría ayudado de la traducción de ©Lydia Vázquez Jiménez y Juan Manuel Ibeas Altamira (¡La libertad o el amor!, ©Editorial Cabaret Voltaire SL, 2007; edición original de ©Editions Gallimard, 1962)

(Última ilustración: "André Breton interrogeant Robert Desnos au cours d'une séance de télépathie transatlantique avec Rose Sélavy alias Marcel Duchamp", Dimatteo)

martes, 16 de octubre de 2007

Eterno retorno de la máquina deseante

¿Cómo nos resultaría posible la desepidización del sujeto si los hijos naturales de sus lectores, los lectores de Deleuze, lo seguimos amando?

(Desplazamiento de un determinante que vacila entre la posesión y el artículo determinado, apenas una coma como pausa -¿vacilación?-, signos de interrogación -¿ya dobles?, ¿ahora triples? ¿Y así, de esta forma -porque nos interesa ante todo la forma, el cómo-, como lo molar en el espejo de lo molecular, y también viceversa, hasta el infinito...?)

lunes, 15 de octubre de 2007

Houses in Motion (Talking Heads)

He encontrado en youtube un vídeo del tema que da título a las dos entradas anteriores, en electrizante directo de 1980, y quería que figurase aquí como colofón, pero como no puedo subirlo directamente les pongo el enlace.

Impresionante disco, el de la izquierda, y disculpen la profusión de epítetos; me ha hipnotizado durante dos semanas. Ahora, por si les interesa, ando enganchado con varios Mozart (La noche de Fígaro, La clemencia de Tito y conciertos, entre otros la curiosa versión de Benny Goodman del Concierto y quinteto para clarinete); he revisitado, después de algunos años, al fabuloso Thelonious Monk; el último de los Stooges (no me peguen pero tiene alguna canción estimable, al menos concédanme la primera, "Trollin´"...); Elvis (al que he "descubierto" sólo ahora, cuando me he sorprendido pinchando una y otra vez el "King Creole"..., esos dos primeros acordes ya me hacen vibrar..., ¡el deliquio puro y duro del R´N´R!); y me ha hecho bostezar, por cierto, el último de Radiohead, por cuyos tres penúltimos discos tanto me había batido con furibundos amigos (desde el Kid A, exactamente, disco con el que me enganché a ellos y de qué forma, tras esa joya de "Creep" que yo creí suelta, azarosa, y "desconocer" en su momento, lo reconozco con bochorno, tardé como dos años, el OK Computer).

sábado, 6 de octubre de 2007

LA VERDAD


He conseguido de segunda mano, en la librería con mejor fondo de saldo de Murcia a mi modesto conocimiento, el "Bazar del TBO", este libro que ya leí con pasmo y admiración allá por mis trece o catorce años. Todo un clásico, al parecer, en los años 70. ¡Si hasta me regalaron un tebeo, con aún menos edad, basado en las teorías de este genio absoluto, Von Däniken, sincretista de todos los saberes que el hombre ha ido arañando a su medio, con ese pobre cerebro de mono evolucionado, en los últimos tres milenios! ¡Tebeo, por cierto, que formaba parte de toda una colección de álbumes en la que se hacía repaso a las etapas más importantes de la historia del hombre teniendo en cuenta el intervencionismo extraterrestre que las teorías dänikenianas afirman y demuestran con contundencia irrefutable, incontrastable, definitiva!

Las verdades absolutas, las pocas que importan en la vida, uno debe recordarlas con meridiana urgencia y absoluta necesidad; una y otra vez. Y yo hace tiempo que ésta la había olvidado. En cuanto tenga un huequecico para algo más que hojearla fascinado leeré esta guía de perplejos -de descarriados, si se quiere, ay, Maimónides...- de cabo a rabo y, por tan poco precio, señores, -2,40€- estaré en disposición de enfrentarme, una vez más, al recuerdo de la verdad, de la VERDAD.

Ahora pueden fingir que todo sigue como antes: vuelvan a sus vidas como si nada, a sus paellas de los domingos atestadas de niños insufribles y comentaristas futbolísticos a todo volumen; a los atascos en horas punta y los últimos avatares de la gente rosa, en la tele, por todo descanso del guerrero; a sus hipotecas en alza y sus ilusiones en baja; a sus señores/as obesos/as y adictos/as al valium, al nembutal, a la benzodiazepina o a las pastillas juanola. Pero recuerden que en las 404 páginas amarillentas de un volumen olvidado en librerías de saldo de todo el país, ahí dentro -y no afuera-, se esconde la verdad. La verdad. LA VERDAD.

¡LA VERDAD!