jueves, 27 de diciembre de 2007

¿FALTA MUCHO?



Para la traducción del último Pynchon, digo. Mientras tanto, ahí va un artículo de Rodrigo Fresán, el que mejores páginas le ha dedicado en la red (vía Página/12).




LA HISTERIA INTERMINABLE


(Resistido por cierta crítica pero fiel a sí mismo, el nuevo libro de Thomas Pynchon es la más atípica de las novelas históricas).


Por Rodrigo Fresán


Si hay un día más trascendente que el día en que uno comienza, emocionado, a leer una nueva novela de Thomas Pynchon, ése es el día en que uno termina de leer, ¿emocionado?, una novela de Thomas Pynchon que ha dejado de ser nueva para convertirse en otra cosa. Digo “¿emocionado?” entre signos de interrogación porque –si bien hay mucho de emotivo en el hecho de haber arribado a la última página del último mamut de Pynchon– se trata de una sensación rara, difícil de definir, pynchiana. Digo que “ha dejado de ser nueva para convertirse en otra cosa” porque las grandes novelas en general y las grandes novelas de Pynchon en particular tienden a mutar a otra cosa. A algo que se parece un poco a esos raros artefactos de museo que nadie se atreve a catalogar y precisar su origen y utilidad del todo. Dicho esto, de todas las novelas de Thomas Pynchon, Against the Day (la más larga de ellas y, también, la más ambiciosa y quizá la más divertida y, además, la más duramente criticada en toda su carrera) es también la que más rápida y radicalmente asume esta condición de objeto histórico y conmovedor y fuera del tiempo y del espacio a pesar de tratarse de la más histórica de sus novelas. Y es una novela histórica verosímil porque –a diferencia del sospechoso orden y la precisa claridad de las novelas históricas– aquí se apuesta y se gana jugando a la inevitable condición entrópica del según pasan los años y al desorden de los calendarios y efemérides. Against the Day es la Gran Novela Histérica-Histórica. De más está decirlo, un resumen de la trama es tarea difícil que, de llevarla a cabo, requeriría por lo menos de la extensión de una nouvelle que bien podría titularse La subasta del lote 49, aquel único ejemplo de lo que puede llegar a ser un Pynchon híper-concentrado. Pero intentemos trazar unas breves coordenadas: Against the Day cubre las distancias que van de la Feria Mundial de Chicago de 1893 hasta los primeros años luego de acallados los cañones de la Guerra Mundial de 1914-1919 y se desplaza –siguiendo y persiguiendo las idas y vueltas de los hermanos Traverse y la bella Dally Rideout, como empujada por el mismo viento que arrastra al dirigible Inconvinience del primer capítulo– por Colorado, Nueva York, Londres, Göttingen, Venecia, Viena, Asia Central, los Balcanes, Siberia, el México revolucionario, la elocuente y vanguardista París de posguerra y el Hollywood del cine mudo y “uno o dos lugares más que pueden o no figurar en los mapas tal y como los conocemos”. Sumarle a semejante euforia geográfica un elenco casi circense en su potencia freak que incluye a anarquistas, magnates, científicos locos, shamanes, matemáticos, apólogos de las drogas (bautizados pynchonísticamente, por citar unos pocos, con nombres como Ruperta Chirpingdon-Groin, Ellmore Disco, Stilton Gaspereaux, Yashmee Halfcour, Chevrolette McAdoo, Ewball Oust, Lord and Lady Overlunch, Cypria Latewood, Eusapia Palladino y, por supuesto, el Bodine de rigor así como siglas del tipo L.A.H.D.I.D.A. (Las Animas-Huerfano Delegation of the Individual Defense Alliance) y, ya que estamos, el archiduque Franz Ferdinand, Bela Lugosi, Nikolai Tesla y Groucho Marx. Y, por supuesto, abundan las inesperadas pero previsibles cancioncillas marca de la casa. Así, pensar en Against the Day como en una versión de la enciclopedia Lo Sé Todo que cuando era chica se cayó no a un caldero lleno con poción mágica sino a un barril de LSD. Against the Day es también la película de 50 horas de duración que filmaría David Lynch de contar con un productor alucinado y un presupuesto multimillonario.

Y preguntes pertinentes e inevitables: ¿Es divertida? Sí, mucho. ¿Su lectura resulta laboriosa? Sí, mucho (pero, atención, pynchonianamente laboriosa; lo que equivale a decir que cuesta pero que el esfuerzo es más que recompensado). ¿Es la mejor obra de Pynchon hasta la fecha? Difícil de decir y a quién le importa, porque lo que importa es que sea de Pynchon. A la crítica más o menos especializada no le pareció así. Al lector de Pynchon, en cambio, le costará distinguir entre esta y las demás porque la gracia está en que cada título de Pynchon parece, de algún modo, conectar con los anteriores y, secretamente, anunciar en código lo que vendrá teniendo muy en cuenta, como bien afirmó alguien, que “las novelas de Pynchon se diferencian de las novelas de cualquier otro del mismo modo en que las novelas de cualquiera se diferencian de los relatos de cualquiera”. Digámoslo así: a Pynchon no le interesa la novela redonda como no les interesó a sus claros antecedentes (Sterne & Melville) y no les interesa a sus sucesores (el DeLillo de Submundo o el Neal Stephenson de Cryptonomicon o el David Foster Wallace de La broma infinita o el Bolaño de 2666). Lo que le interesa a Pynchon es proponer y predicar una idea del mundo y una versión conspirativa de la Historia en la que, de un modo u otro, todo está conectado. De ahí que aquí Against the Day sea una nueva y contundente visita al Mondo Pynchon que ya conocemos y al que hay que entrar respirando profundo y aguantando la respiración teniendo claro que su lectura es más una inmersión a gran profundidad que otra cosa.

Y sí, fueron muchos los que maltrataron a Against the Day con palabras que van de “críptica” (¿cuándo no lo fue una novela de Pynchon?) a “sólo para pynchonitas” (repito la pregunta anterior). Y, bueno, puede ser cierto que el deslumbramiento no sea el mismo que alguna vez se experimentó con V o con El arcoiris de gravedad porque Pynchon ha elevado a categoría artística el contar siempre el mismo chiste y que este chiste sea infinito y sin remate. Pero –a diferencia de las anteriores– Against the Day no es una novela sobre vidas caóticas o momentos caóticos sino sobre el nacimiento del Caos moderno y sus muchas imperfecciones contadas imperfectamente queriendo así explicar el Gran Lío en el que hoy vivimos y el modo en que el miedo moviliza los poderes o el Poder se vale del Miedo para movilizarse. Against the Day es la aplicación de los modales zapping e Internet (donde abundan las teorías paranoicas sobre Against the Day) a un pasado a punto de saltar a un presente futurista que necesitaba creerse disciplinadamente enciclopedista y prolijo porque en ello le iban la vida y la supervivencia. Tal vez de ahí que, en una de las críticas/ensayos más lúcidas sobre la novela, alguien aventurara que “el Desorden Pynchon ya no resulta gracioso en los desordenados tiempos en los que vivimos”. Lo que, supongo, equivale a afirmar que la realidad, otra vez, imita a la ficción. Y que resulta un tanto preocupante que imite a las ficciones de Pynchon. En cualquier caso, la culpa no es suya. Pynchon, simplemente, lo vio y lo supo y lo puso por escrito antes que nadie.

Insertar aquí una de esas cancioncillas pynchonoides cuyo estribillo bien podría ser: “Against the day/ He did it his way/ He had his day/ Again/ Hey! Hey! Hooray!". Y después entramos nosotros, los chicos del coro, con ojos desorbitados y giratorios y bailando espasmódicamente mientras, adictos perdidos que han vuelto a hallarse a sí mismos en una novela de Pynchon, preguntamos al público presente cuánto falta para la próxima comedia de ideas, de buenas ideas, firmada por este alien que de tanto en tanto aparece en Los Simpson, ¿eh?

El puto amo

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Frambuesa



Las dos primeras veces que vi Tirez sur le pianiste, tuve que rebobinar una y otra vez al llegar a esta escena.


Bueno, este verano la vi por tercera vez y me volvió a pasar lo mismo. ¡Avanie et Framboise!

domingo, 23 de diciembre de 2007

Más vates (y orates)


Recupero el tiempo perdido en este blog tras la desconexión y les subo mis últimas contribuciones para nuestra antología radiada de Amancio Vespertino:



HILARIA MARTÍNEZ DE LA OCA




De tal forma le insiste su padre, allá en su primera juventud de los años sesenta, que si aprende a mecanografiar tendrá un futuro, que ella se formará la idea de que, a más escribir, más futuro. Pronto, incluso, lo hará a mano, como el niño que se lanza a caminar sin andador. Una profesora, algo cursi, le celebra sus “Cien sonetos dedicados a la rosa”, y termina de alentarla en sus propósitos grafómanos. Así concluye pronto “Quinientos tercetos a la margarita” y aun “Mil décimas al jazmín”.

Un hombre algo mayor que ella, nada versado en poesía, se emociona sin embargo, embargado por sus versos: quizás porque es exportador de flores. Se casan y la lírica emoción pronto deviene para él aburrimiento, quizás cuando ella empieza a emitir interjecciones rimadas en los momentos íntimos.

Cuando, en su primer recital público, declama:

¡Que gira, que gira
la flor que no te mira!
¿Cómo huele?
¡Como suele!

se registran entre el público tres paros cardíacos, cinco ataques epilépticos y ocho gastroenteritis súbitas; pero ella continúa impertérrita:

Porque el gladiolo es rojo
y el jazmín es blanco,
yo ya no me enojo,
que enojos no quiero,
si te haces conmigo el manco,
mi buen Jardinero.

Sus últimos biógrafos citan estos últimos versos para aducir problemas en su matrimonio. Por esta época, empero, unos estudiantes bromistas reordenan algunos de sus versos de forma caótica, con el procedimiento del cut-up o recorta y pega, y el resultado lo cuelan como de vanguardia en una revista universitaria. Nuestro antólogo Don Amancio Vespertino pica, después de sortear los clásicos resquemores que su señora doña Amalia suele mostrar cuando aparece una poeta o poetisa a la que antologar –máxime si es notorio que el matrimonio de la poeta hace aguas de la peor forma. Al poema irracional y manipulado acompaña una breve reseña biográfica, esta sí real, y merced a esa mezcla, y a pesar a ciertas reticencias de la inteligentzsia murciana, nuestra autora es aupada a la calidad de legendaria, sobre todo por parte del incipiente movimiento punk de la ciudad, en concreto del sector más leído de los de las cresta y el imperdibles, que la proclama como la mejor vate viva.

He aquí un ejemplo de su poema manipulado hacia la vanguardia:

Si de mi la estrella la espina caracoles hete
que en los campos el fango al salir troncha y mete.

Mientras su vida real se va tornando un progresivo infierno ante las cada vez más notorias y numerosas infidelidades del exportador, ella se concentra de forma obsesiva en la escritura: pronto culmina cien extensos libros de poemas. El marido crea gustoso un sello editorial ex profeso para ellos: la absorbente labor lírica de Hilaria le deja vía libre para sus aventuras extramatrimoniales. Sólo en algunos de estos versos nuestra autora deja aflorar los amargores que no tan en privado le causa su pareja:

Mi corazón es un velcro
desgastado de sufrir
tus idas y venidas,
últimamente, más bien,
las idas… de tus amantes
y tus escasas venidas.

También compone su primer diálogo dramático para niños, de título: “Abejita, ¿por qué gritas? Grito yo, que “m´as picao”. Y es que, ante el cansancio de la grey avant-garde, prueba con auditorios infantiles. En tres colegios públicos sucesivos, los chiquillos acaban llorando tras dos horas seguidas de recitado.

Cansada ella también, pero de la temática floral tan sólo, prueba con la entomología. Pero con la entomología aún, ay, lírica. Sus libros siguen reproduciéndose por centenares: la mala conciencia del marido permite que los estantes de las grandes superficies comerciales se vean inundados por la producción de Hilaria.

Hormiguita, tienen tus pasitos
a mi ojos ahítos.

Y, reflejando su depauperada vida íntima con imágenes infrecuentes en sus versos (y para algunos, incluso, obscenas, tesis de escaso crédito a nuestro juicio cuando estos mismos críticos enjuician también de explicitud sexual versos como los ya citados de “Mi corazón es un velcro”):

Qué prodigio, saltamontes,
son tus ancas con que brincas
y tus muslos, qué feroces
cuando al sol brillan.

¡Salta el monte al relente
pero no tanto el llano
y en el valle detente
aunque sea por un rato!

En este punto, y a a la altura de los años ochenta, Green Peace decide intervenir ante el titánico gasto de papel de nuestra autora con boicots a recitales y en puestos de venta, aunque la temática de sus versos, el mundo vegetal primero y después el de los insectos, divide a la organización. ¿Enemiga o aliada? El debate se extiende y genera una controversia nacional. En algunas pancartas puede leerse:

“No los quemaremos porque queda bastante feo.
Pero, ¿qué hacemos con tanto papeleo?”

Las manifesataciones se suceden junto a montañas ingentes de libros, pues nuestra autora ya había dado a la sazón y a la imprenta más de mil títulos. Una nueva palabra deviene mágica y redentora para el caso: reciclaje. Arquitectos proponen dúplex, casas unifamiliares y urbanizaciones-colmena en la costa para sajones jubilados con libros como sillares. Amén de, interioristas, muebles, y cortinas con papel de versos; con ídem modelos los diseñadores…

Ante la incontestable celebridad del caso el marido, también notorio e incontestable infiel, decide romper con todas sus amantes y construir un monasterio apartado, cerca de Puente Tocinos, para recluirse con su mujer. Él, en penitencia, lee uno a uno los más de mil libros de su esposa y promete aprendérselos de memoria. Morirá pronto de un colapso nervioso. Ella aún vive, considerada por muchos la Santa Teresa de la Nueva Era, o de la Era en que al Fin Imperará lo Cursi como Forma y Medio para Redimir al Mundo. Sigue abierto el debate de qué hacer con sus libros: muchos se reciclan en secreto y se revalorizan acto seguido, creándose todo un mercado negro en derredor. Sus fanáticos, empero, los atesoran como si se tratase de palabra revelada.

¿Cómo estas lágrimas reciclar
y que mi dolor haga generar
tu sonrisa, si no tu carcajada,
mientras mis libros, a horcajadas
siguen de los estantes comerciales,
ignorados por las gentes principales,
que es decir y escucha, pues no miento:
aquellos a quienes la poesía les importa un pimiento?

Este último verso inaugura su tercera y última etapa, denominada por sus más capaces
estudiosos como “definitiva”, “verdadera” o “suficiente”, en la que compone sin escribir, tan sólo en su cabeza, y obsesionada por inundar su hortus conclusus de plantaciones de hortalizas. Todas las noches realiza lo que paparazzis apostados en el exterior, vigilantes con sus teleobjetivos, y catedráticos y exégetas, apostados en sus despachos y vigilantes de sus volúmenes de Quintiliano y Dioscórides, denominan “ritual de los rábanos”: Hilaria los tritura con saña mientras invoca una y otra vez, entre versículos incomprensibles y, mucho nos tememos, ya dementes, el nombre de su fenecido marido.

¿"Mmm"?




Metal Machine Music.



(¿Más ruido?

Erre que erre, pues...)

(A falta de imágenes, que no sé por qué demonios el antivirus no me deja subir... ¡Grumpf!)

PS: Me resarzo en casa de los Hueso y lleno todas mis últimas entradas de imágenes, un mes y pico más tarde de escribir esta entrada; buscando para ésta encuentro un estupendo artículo por si queréis saber más sobre el tipo de las gafas y su MMM)

"Abróchense los cinturones": vale. ¿Y ahora qué?



Mmm...

miércoles, 12 de diciembre de 2007

larga vida al ruido-,



(The young man stepped into the hall of mirrors, where he discovered a reflection of himself)



Even the greatest stars
discover themselves
in the looking glass



Even the greatest stars
discover themselves
in the looking glass


(Sometimes he saw his real face and sometimes a stranger at his place)


Even the greatest stars
find their face
in the looking glass



Even the greatest stars
find their face
in the looking glass



(He fell in love with the image of himself and suddenly the picture was distorted)


Even the greatest stars
dislike themselves
in the looking glass



Even the greatest stars
dislike themselves
in the looking glass



(He made up the person he wanted to be and changed into a new personality)


Even the greatest stars
change themselves
in the looking glass



Even the greatest stars
change themselves
in the looking glass



(The artist is living in the mirror with the echoes of himself)


Even the greatest stars
live their lives
in the looking glass



Even the greatest stars
live their lives
in the looking glass



Even the greatest stars
fix their face
in the looking glass



Even the greatest stars
fix their face
in the looking glass



Even the greatest stars
live their lives
in the looking glass



Even the greatest stars
live their lives
in the looking glass





Kraftwerk, "Hall of Mirrors", en Trans-Europe Express (1977)

, también en el ruido -el ruido ha muerto,







In memoriam Karlheinz Stockhausen (1928-2007)