jueves, 1 de septiembre de 2011

Lentitud



Me gusta ver cómo crecen las plantas, porque poseen el secreto de la velocidad que yo ahora necesito. No me imponen su novedad constante, aguardan a que yo llegue hasta ellas y les devuelva mi atención para cambiar despacio.

Sé que necesitan de mi atención. Mudas, se van acomodando a mi deseo de comprobar cómo se desarrollan lentas, día a día, sorprendiendo a mi paciencia y a mi espera con su añadido imperceptible de esplendor en ellas mismas.

No hablaré de las flores, aún les queda mucho. En realidad, no tanto. Ese es todo el secreto de mi gozo: en esa indecisión, esa región común donde, de forma simultánea, ambas afirmaciones son verdad, allí es donde reside este gusto por ver cómo crecen despacio.

Ver crecer estas plantas. Estas plantas sin flores. Flores: en realidad, ni siquiera las necesito.

Plantas, me gustan porque crecen muy despacio. Dejad que espere, y también que vaya a verlas nuevamente.

Allí donde el silencio florece más, mejor, que las palabras. Y la mirada es siempre esta espera, un deseo, mi conquista soñada de toda lentitud.

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