domingo, 16 de octubre de 2011

Una investigación en el tiempo


No era más que una, entre tantas culturas del pasado, de las que practicaban el asesinato ritual de uno de los suyos, se supone que para aplacar a sus divinidades. La víctima debía elegirse en un estricto azar, según los libros religiosos que, desde hace muchos años, un antropólogo estudia con detenimiento. Hoy, ha recibido una gran noticia. Le ha sido concedido uno de los más codiciados bienes para un antropólogo especializado en los albores de la historia: un viaje en una maquina del tiempo.

Tras cruzar el espacio y los siglos y llegar a aquella aldea, no ha tardado en refutar todas las teorías construidas sobre ellos, así como las más terribles discusiones que a lo largo de décadas habían hecho correr ríos de tinta y de papel. Todo gracias a su rápida inmersión entre la tribu. Lo han acogido como a uno más, conoce a la perfección su lengua y sus costumbres; incluso ha llegado a modificar sus rasgos, antes del viaje, en una clínica de cirugía morfogenética. Y ha descubierto, entre otros detalles no recogidos en aquellos libros que estudiara, que una tranquila y absoluta ociosidad se erige en la verdadera religión de esta gente.

Ha resultado, en definitiva, un trabajo de inmersión admirable: todo lo que ha conseguido se lo debe a su celo profesional; y se lo debe para bien, pero también para mal. Ahora sabe que no hay motivo religioso alguno para esos sacrificios, sino que más bien los acometen por diversión. Cada año nuevo, el brujo de la tribu redacta en los anales de la comunidad una nueva e imaginativa historia al respecto, para leerla después en voz alta y entre las risas de los demás. Sabe también tan solo ahora, cuando es demasiado tarde, que la elección de la víctima no se debe a azar alguno, sino que tras una improvisada votación se deciden por quien haya resultado, a lo largo de ese año, el miembro de la tribu más pesado y aburrido. Él ha pasado meses formulando preguntas y metiendo las narices en todo aquello que podía. Mientras las llamas ascienden en torno al mástil donde su cuerpo permanece atado, y entre los vítores y las crueles risas de todo el poblado, considera que este año ha sido él, efectivamente, el miembro más pesado y aburrido de la tribu.

1 comentario:

Hautor dijo...

la belleza, solo la belleza
nada más que la belleza