martes, 22 de noviembre de 2011

Ambición




-Todos nuestros esfuerzos son inútiles -dijo a su ayudante, y ambos dejaron de pedalear a lomos del nuevo ingenio que habían terminado de construir esa tarde; efectivamente, el Sol y la Tierra continuaban su marcha sin apartarse un ápice de sus senderos prefijados: el primero se escabullía bajo una de las lindes del segundo, y él y su ayudante contemplaron impotentes cómo, alrededor de ellos, retornaban las sombras.

1 comentario:

Joseóscar dijo...

No sé si me lo ha susurrado la siesta o el contemplar la declinante luz del sol, tras la siesta.