domingo, 11 de diciembre de 2011

El bosque


Perseguido por la justicia de los hombres, me refugié en el bosque. El invierno ese año no fue duro, y pensé que podría sobrevivir allí durante un tiempo. Oía el rumor de las ramas que se agitaban día y noche y, en mi soledad, llegué a creer que los árboles parlamentaban entre sí. Que comentaban mi caso y se apiadaban. Creí muy pronto, incluso, que el bosque era mi amigo.

Fue evidente el prodigio cuando escuché cómo convocaban a las bestias salvajes y les pedían que me ayudaran: estas me dieron su calor y su alimento. Cuando una partida de mis enemigos se adentró en el bosque, los árboles y la maleza crearon una tupida red para ocultarme.

Me arrullaron y tranquilizaron aves de sonoros cantos. Cayó el día y llegó la noche, pero las aves no cesaron de cantar. "¿De qué te han acusado?", me preguntaron las lechuzas. No quise recordarlo, pero estaba relajado, en paz y relajado. Empezaba a dormirme. Los ciervos y los lobos me miraban fijamente, mientras me embargaba el sueño, y las hojas me susurraban: "dínoslo, pero no con palabras si no quieres. Tan solo ábrenos tus pensamientos y tu corazón".

Tratando de esforzarme en despertar, y adormilado todavía, comprobé que todas las bestias habían huido y que la maleza y las ramas de los árboles se habían retirado: ya no me protegían. Traté de hablarles, pero no me escucharon. El viento acariciaba las hojas y las ramas, pero sin arrancarles ya palabra alguna. La luz de los hachones de aquellos que me habían juzgado y condenado me alcanzó.

Risas malévolas se desataron a mi alrededor. Pero, ¿eran mis captores o los árboles, quienes reían? Mientras los lugareños me escoltaban armados con palos y con piedras, con sus antorchas y cuchillos, se levantó un viento terrible que arrastró la hojarasca e hizo temblar con fiereza las copas de todos los árboles.

Sentí el miedo a mi alrededor, mas yo sabía la verdad: todo el bosque estallaba en carcajadas.

1 comentario:

Joseóscar dijo...

Taller de escritura: he quitado esto del final del tercer párrafo: "La hojarasca me hace cosquillas en los pies, y río en sueños y en mi risa está mi confesión porque las bestias y los árboles saben leer en mi risa y mi sueño, y también en mi miedo. Abrir mi corazón, pues eso hice. ¿Cómo no iba a hacerlo? Abro mi corazón a quienes me protegen. Bueno, ellos también pueden leer mi corazón. Y extraen sus conclusiones.

"Era algo que ya sabíamos", me respondieron desde el sueño, "solo queríamos comprobar si ibas a ser un cobarde hasta el fin".