miércoles, 18 de junio de 2014

La fe de los niños superdotados


No hay actividad en la que el niño no manifieste su evidente superdotación, una vez se aplica a ella. Han sido hasta ahora disciplinas intelectuales, más que físicas, y a los padres solo les gustaría ver a su hijo salir un poco más a la calle, divertirse sin la ayuda de todos aquellos mamotretos inextricables para ellos y, en fin, que jugara como lo hace el resto de los niños. Así que, un buen día, le regalan una cometa. El niño asiste, con una incredulidad bastante poco propia de su edad, a la explicación de que tal artilugio vuela, de forma que sus padres terminan por conminarle a que, sencillamente, salga al jardín y la pruebe.

En efecto, una vez fuera, el niño corre y comprueba cómo el cordel se tensa: la cometa inicia el vuelo. Entusiasmado tras verla alcanzar gran altura, recoge la cuerda, la desanuda del extremo inferior del juguete y decide hacer volar un objeto más grande y espectacular. Anuda la cuerda a una esquina de la casa y corre, corre jardín abajo hasta que, por fin, la casa y sus cimientos abandonan con estruendo la tierra y se lanzan a volar, cada vez más alto. Los padres se asoman con miedo a una de sus ventanas, con vértigo y con miedo; tanto que acaban por precipitarse al vacío.

         Porque toda madre conoce mejor y de forma más instintiva al fruto de sus entrañas, es la madre quien comprende, justo antes de quedar maltrecha de muerte contra el suelo, que no era incredulidad aquello que su hijo había demostrado ante el juguete, hacía un rato, sino una razonable prudencia a la hora de depositar su fe en un prodigio manifiesto. El niño, por su parte, mira con consternación lo que queda de sus caras, la incredulidad que aún puede leerse en ellas. Y lamenta tanto la muerte de sus padres, que va a darse enseguida, como la falta de fe que demuestran, la que a él reprocharan y que ahora les condena. 



(Fotografía de Laurent Chehere)


lunes, 16 de junio de 2014

Muerto por pereza


Hubo una vez, en un país extranjero, un tipo bastante perezoso. Tanto, que por pereza se murió. Todos aquellos que lo conocían se encogieron de hombros con resignación, pues esperaban la triste noticia: sabedores de su indolencia, no podía sorprenderles el fatal desenlace.

El fallecido vio aquella luz de la que hablan todos aquellos que han estado al borde de la muerte. Sabía que debía encaminarse hacia ella y, sin embargo, estaba tan cansado… ¿No podría echarse una siesta en ese extraño lugar que se abre para aquellos que no tienen prisa por arrastrar sus tristes almas hasta la eternidad? Se sabe que los fantasmas no abandonan el mundo de los vivos por alguna tristeza irreparable, pero nunca se había oído el caso de nadie que quedara atrapado en ese limbo terrible por pura y simple desgana. 

Y en el cementerio donde reposaba su cuerpo, el sepulturero no iría nunca a delatarlo, escrupuloso en su muy profesional respeto por los asuntos de sus clientes, los muertos; pero los espíritus residentes sí montaron en cólera, pues era inconcebible que alguien se burlara de la muda gravedad de la muerte con tales, estrepitosos ronquidos.


sábado, 14 de junio de 2014

`Cambio climático´ de Cristina Morano





La belleza terrible, la lucidez desoladora de la poesía de Cristina Morano. Vendrán más lecturas de su nuevo libro, de la primera me ha impresionado, entre otras cosas, la perfecta descripción de ese secarral que en Murcia llamamos hogar, y que conforma nuestro carácter tal y como, según el 98, el paisaje castellano conformaba la esencia del español. Un siglo después, estamos más cerca de Ballard, de la destrucción final, del desierto definitivo y posnuclear. Como escribe Cristina ante la futura colonización de otros planetas, en el epílogo: "Id vosotros y destrozadlos también, yo me quedo aquí, desenchufada, con los animales y las tormentas". Y al final de uno de los poemas: 



No. No me incluyáis entre los que siguieron 
su Palabra. No repetiré el gesto de los ganadores. 
Rebajas de verano. Versos blancos. Espigas. 
-Lloverá durante cuarenta días y cuarenta noches, 
construirás un arca. 
-No.

viernes, 13 de junio de 2014

Lectores que te dan alegrías


Y lo mejor es la compañía con la que pone mi libro: autores que admiro. Mario Crespo es el único a quien aún no he leído, pero hace tiempo que le tengo ganas y va a caer en breve. Y bueno, que a Marina Perezagua no la admiro, sino que la idolatro.

martes, 10 de junio de 2014

Walter Benjaminnet

"El más europeo de los bienes, esa ironía más o menos clara con la que la vida del individuo pretende desarrollarse y transcurrir al margen de la vida de la comunidad donde ha ido a parar"; leo esta frase en uno de los fragmentos de Calle de dirección única y me pregunto qué pensaría Walter Benjamin de las redes sociales, pero luego vuelvo al primer fragmento que abre el libro y se disipan mis dudas cuando leo allí que "la actividad literaria verdadera no puede pretender desarrollarse en el que es su marco literario; eso es, al contrario, la expresión más habitual donde se muestra su esterilidad".


lunes, 2 de junio de 2014

De bailar y de hojaldres


Desde las ocho y media de la mañana corrigiendo exámenes y, en mitad de una pausa para echar un cigarrillo, a las nueve de la noche, que se te ocurra un cuento, el inicio y todas las frases que le siguen en estricta e imparable cadencia: frases y sorpresas, frases y sorpresas; escribir ficciones como quien va rellenando un gran pastel de hojaldre.

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Fabular es bailar con todo lo que uno ignora todavía de sus personajes.



domingo, 1 de junio de 2014