lunes, 11 de abril de 2016

El monstruo de los días


El monstruo de los días
se sienta aquí a tu lado cada tarde
y ronronea como un gato.
Mejor será olvidar qué puede hacer contigo
cuando llegue la noche: devorarte
despacio, hacerte pedacitos,
hacerse con tu rostro al día siguiente.


miércoles, 6 de abril de 2016

Yo me quedé a vivir en el lenguaje


Yo me quedé a vivir un tiempo en el lenguaje. Sentí de esa manera, en mis paseos y bajo mis pies, los sólidos cimientos de la etimología: la rara exactitud de las raíces griegas, la ubicuidad un poco prepotente de la vieja Roma; la música enmarañada y perturbadora de las músicas árabes y hebreas. Arañaba mi cuerpo, cuando yo pasaba, el enramado exótico de la lejana Persia y la violenta sequedad de la cercana África; divisaba también, aquí y allá, de vez en cuando, místicos faros indios, la gravedad primera del sánscrito, y pude oír en la lejanía voces más viejas que Europa.
Después sentí cómo la flecha del tiempo que me impulsaba cambiaba su curso.
Al fin, los ecos del pasado se van terminando y hay un silencio ahí delante que yo identifico con el futuro. Si en el pasado ha habido las voces discordantes, ruidosas y babélicas, en el futuro no logro oír nada. Y no sé si lo debo interpretar como la página en blanco de lo que debe ser dicho todavía en formas aún inconcebibles, acaso una telepatía que confirma ese silencio, un silencio preñado de ideas y sentimientos proyectados a la velocidad de la luz, la luz del pensamiento, la luz del corazón; o acaso es el silencio de una especie que por fin ha logrado su vieja aspiración de aniquilarse a sí misma.
No, no estaba equivocado.
¿Había llegado la hora de la telepatía, allí en el demorado calendario futuro?
                No, no, me equivocaba. Yo no podía oír ningún futuro.
Estaba en el pasado para siempre. Y usé la ciencia para escapar de allí.

Hay quienes creen que la telepatía prescinde del lenguaje y no es así, tal sistema crece y se extiende por los mismos vasos y ramas, desde las mismas raíces del lenguaje. El dolor y la distancia, el órgano y el impulso nervioso. Pero huyo al pensamiento tratando de explicármelo y dejo de oír también hablar a todas aquellas voces antiguas, ya solo me oía a mí mismo. ¿No era ya la hora de salir al presente y escuchar la voz de los otros? Oí el balbuceo de un mono y comprendí que era yo otra vez, que había regresado a la casilla de salida.


sábado, 2 de abril de 2016

Absurdia & Suburbia

Absurdia & Suburbia, la colección de e-books de autores españoles y latinoamericanos dirigida por Salvador Luis Raggio, llega a su final previsto tras tres años y veinte títulos. 

Me encanta ver en tan gran compañía a mi `Nosotros, los telépatas´ -incluye este relato, que solo puede leerse aquí, y `John Holmes y el nuevo mundo´. 


Aquí el enlace a toda la colección.