Los coleccione durante un tiempo, y ocuparon mi casa: objetos absurdos, diminutos; bagatelas. Paseaba entre ellas y me sentia un relojero de lo inutil, guardian de lo inexacto y lo perecedero.
Un dia desapareci. Lejos, mas libre, busque despacio los fragmentos de aquello que yo fui. Pero no era facil y probe a hacerme como yo quise: la memoria no era, por fortuna, una prerrogativa; quiero decir obligatoria. Lo supe entonces: aquello que creemos ser, y que nos constituye, constituye un obstaculo.
Objetos, como insectos: aun sueño con ellos. Atraviesan mis noches en hileras, construyendo un espacio lentamente -noche tras noche avanzan sin obstaculos- donde yo ya no quepo. Pero me reconforta saber que sigue ahi, ajeno a mi: porque se que me cuento ya entre ellos, y que con ellos atravieso el fondo de las noches
Cada mañana despierto en una casa vacia, mas pequeño cada vez.
Un dia desapareci. Lejos, mas libre, busque despacio los fragmentos de aquello que yo fui. Pero no era facil y probe a hacerme como yo quise: la memoria no era, por fortuna, una prerrogativa; quiero decir obligatoria. Lo supe entonces: aquello que creemos ser, y que nos constituye, constituye un obstaculo.
Objetos, como insectos: aun sueño con ellos. Atraviesan mis noches en hileras, construyendo un espacio lentamente -noche tras noche avanzan sin obstaculos- donde yo ya no quepo. Pero me reconforta saber que sigue ahi, ajeno a mi: porque se que me cuento ya entre ellos, y que con ellos atravieso el fondo de las noches
Cada mañana despierto en una casa vacia, mas pequeño cada vez.
Qué precioso. Me gustaría firmar una entrada así.
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
ResponderEliminarMe abruma, amigo Antonio: dejeme pequeñito. Un abrazo muy fuerte.
ResponderEliminar