Esta noche a las nueve, en mi recital de microrrelatos y proyección de dibujos en el bar El Secreto, podréis llevaros por dos euros este cuaderno con un(os) texto(s), un pequeño libro en realidad, que
escribí el verano pasado.
La muchacha francesa delgada del violín se aleja río abajo a bordo de su barca hecha de flores que un día llovieron sobre Notre Dame.
Adieu, adieu!, cantan las flores para mí. Adieu, adieu!, me dicen la muchacha y su violín.
¿Puedo quedarme un poco más?, pregunto a mi madre desde la orilla. ¿Puedo sencillamente no volver?, le pregunto a mamá, que me espera escondida en las montañas desde que tengo cinco años.
Ha llegado la noche, estoy solo y hace días que los violines dejaron detrás de sí su rastro de flores sobre un río que no puedo cruzar.
Siempre puedo contar con las montañas a las que no voy a volver.
Hola, noche, hola, hola.
Ha llegado la noche, refresca junto al río y yo también quiero llover un día sobre Notre Dame.
El
personaje protagonista y narrador de la última novela de Javier Marías,
`Los enamoramientos´, ve en una cafetería a alguien que le fascina, y
detiene su atención en el hoyuelo que tiene en la barbilla; se acuerda,
cómo no en Marías, de este u otro u otro más actor clásico, y se
pregunta cómo meterá cada mañana la maquinilla de afeitar en ese
hoyuelo; imagina que ella misma se levanta y se acerca y mete su dedo
índice en el hoyuelo, para comprobar el afeitado. Y se me ocurre que
Marías ha formulado aquí, en este detalle y punto de fuga, y sin
pretenderlo -comprobar que el hoyuelo está afeitado, meter él mismo la
maquinilla en el hoyuelo de la barbilla de su personaje-, toda su
poética novelística.