Vigilia del asesino (Celesta, Madrid, 2014) es un largo poema dividido en veintiún movimientos. Letanía
insomne y alucinada, road movie en
verso, relata la huida sin fin de alguien. ¿Es un asesino? ¿De qué huye, en
realidad? Ciudades monstruosas, habitadas por hombres y mujeres
fantasmagóricos, son las escalas que el protagonista hace en un camino que no
se detiene nunca; le devuelven, como en un espejo, una imagen monstruosa y
fantasmal, fragmentada y multiforme, de sí mismo.
Vigilia del asesino constituye un rosario desbordado de imágenes
que se suceden como en una borracha epifanía.
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(Acaba de entrar en prensa. En breve, ahí afuera).

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