jueves, 2 de octubre de 2008

Sin título, número uno


Venga, eh, me digo. Vamos, tío. Levanta del maldito sofá, libérate del abrazo de tu gato y de su siesta. Ponte delante del ordenador y empieza a transcribir todo el material que empieza a acumularse en tus cuadernos.

Vale. Así que me pongo. Pero a las pocas palabras debo parar; cosas de anotar y anotar en cualquier parte: en el autobús, en los semáforos, en grandes almacenes...

Quiero decir que no entiendo mi maldita letra.

Desanimado, vuelvo al sofá. El gato, por fortuna, me admite de nuevo en su mullido pero vallado redil.

4 comentarios:

Esther dijo...

¡Pero eso es terrible! Es como arrojar una novela al mar. Lo tienes ante ti. Toda una inmensidad, pero no lo puedes coger. Alcanzar. Una lástima Tropovski. (Gracias por tu visita)

Tropovski dijo...

¿Terrible? No. Es un mar, sí: no puedes cogerlo, pero puedes chapotear.

;D

Marta Zafrilla dijo...

¡Vivan los cuaderno Rubio! ¡Vivan los cuadernos, rubio!

Tropovski dijo...

¡Amén, morena! ¡Morenaca!

¡Qué marimorena, acá!