viernes, 31 de diciembre de 2010

En su casa


Me la encontré desnuda en la puerta de su edificio, parecía buscar algo en el suelo y también en las paredes de la calle. Me dijo que había bajado a sacar la basura, me dijo que hacía mucho calor pero yo repuse que estábamos en diciembre, ella dijo que se alegraba de verme porque no había nadie en la ciudad, que todo estaba desierto desde hacía días y que creyó que se iba a volver loca. Pero había gente en su calle, como queriendo ahorrarme la necesidad de explicarle; nos miraban con alarma, la hice pasar al edificio y subimos hasta su casa.

La senté en el sofá y cubrí su cuerpo desnudo con una manta. Encendí las calefacciones y fui a la cocina para calentar agua y hacer té. Cuando volví al salón se había vestido y había encendido la televisión. Dijo que tenía hambre, que estaba hambrienta y que tenía frío. Subí la temperatura de las calefacciones y con el agua del fuego hice sopa. Mientras ella tomaba la sopa en silencio, absorta en la televisión, yo sentí calor, mucho calor: aún no me había quitado el abrigo. Pero lo hice y seguía teniendo calor. Me quedé en camiseta y después en ropa interior. Ella me preguntó si quería un un té o un café. Le dije que no quería nada, miré la televisión y fui quedándome embobado con aquello que podía verse en la pantalla, gente hablando en torno de una mesa, gente hablando al mismo tiempo y gritándose entre sí y un moderador que gritaba, a su vez, a todos ellos y también al público.

Fue a la cocina y volvió al rato con un café, yo me sorprendí a través de su sorpresa cuando ella comprobó que me había quedado desnudo. Trató de entablar conversación conmigo pero de forma infructuosa, yo seguía absorto con aquel programa aunque sin entenderarme de lo que sucedía, quizás más pendiente de mis pensamientos, fueran los que fueran. Le respondía apenas con monosílabos, por lo que se sentó delante de su ordenador y empezó a escribir, primero despacio pero después más animada y febrilmente, se embebió tanto y disfrutó de tal forma con lo que escribía que empezó a reír. Al programa que yo veía le llegó su pausa para la publicidad y me levanté del sofá, con una enorme erección. Reí contagiado con la risa de ella, dejándome arrastrar, al fin, por ella.

"Ahora yo soy la dueña del relato", me dijo triunfante, arrebatada por el ritmo de las ideas que tecleaba. Y siguió riendo, y yo reí con ella.

Tensión pre-2011



Rácimos, radiaciones, ralea, rodalballo [...]

lunes, 27 de diciembre de 2010

Rácimos, radiaciones,


ralea, rodalballo [...]



"-Dixie, ¿crees que esta cosa funcionará?
-¿Cagan los osos en el bosque? -El Flatline los envió hacia arriba a través de móviles estratos multicolores."

William Gibson, Neuromante

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Pierre Reverdy sobre la imagen



"Una imagen no es fuerte porque sea brutal o fantástica, sino porque la solidaridad de las ideas sea lejana y justa". Pierre Reverdy


(Citado por Paulino Viota en el último número de Cahiers du Cinema, edición española, en dossier sobre Jean-Luc Godard. Ilustración de Yuko Shimizu)

domingo, 12 de diciembre de 2010

En nuestra casa de ficción


Ella ha soltado todas las gallinas por la escalera de la casa. Nuestros gatos las perseguían, pero éramos nosotros los que teníamos plumas en la boca. Quienes saltábamos, cazando toda la vida que nos queda.

Subimos y bajamos las dos pequeñas plantas de nuestra casa circular. Cantamos y reímos, borrachos y bailando la tarde de un domingo. Los trenes ronronean, vivimos junto a una estación.

El lunes es un país muy lejano. Y no desdeñamos la posibilidad de viajar muy lejos. Lo haremos como siempre, muy muy serios. Igual que embajadores.

martes, 30 de noviembre de 2010

Fragmentos en construcción


-¿Sabe cuál es la enfermedad que más frecuentemente suele darse en gente que comparte con usted esa dedicación?

-Disculpe pero, siendo franco, he de decirle que... no, no me interesa... -respondí, y justo entonces sentí otra vez ese dolor de cabeza, regresando. Agaché la cabeza, sosteniéndola con una mano, pero seguí diciendo:- Por otra parte, señor, no es una dedicación muy diferente de la suya...

Para mi pasmo, el funcionario puso de repente, con dificultosa rapidez, una pierna sobre su mesa. Movía la punta de su zapato, ya fuera de la mesa y casi rozándome, mientras el gesto de su rostro daba fe del esfuerzo que debía hacer, con sus brazos arqueados y en terrible tensión sobre los brazos de la silla, para no resbalar de ella y caer, hecho un guiñapo, definitivamente al suelo. Entonces comprendí que lo que el oficinista había tratado de hacer era darme una patada. Con otra contorsión que recorrió su cuerpo como si de una serpiente se tratase, me lo encontré de pronto, con la misma sorpresiva celeridad, abrazado con los dos brazos a su mesa y con su cabeza, casi rozándome, apuntando hacia el suelo.

Moviéndola hacia delante y hacia atrás. Cabeceando.

Hui de allí. Con todos mis documentos y visados aún sin registrar pero, cierto es, con las ideas más claras acerca de la manera en que debía conducirme, desde allí.

Y vine hasta aquí. Porque, tarde o temprano, debía venir a contarlo.

martes, 23 de noviembre de 2010

Al fin, el frío


"Ahora que el invierno está próximo, el cuerpo rehúye las calles pero la mente las busca con alivio, feliz de haber dejado atrás el embotamiento del verano", escribe Jordi Doce en "Invernal", última entrada de su blog. "Cuerpo y mente prefieren estaciones distintas", continúa, y remata un poco más adelante: "El invierno es para él, desde hace mucho, el espacio para el juego del pensamiento". Lo primero que pienso es en la extraña, por dilatada, duración en nuestras latitudes del verano. Hace tiempo que me pregunto cuándo dejó de ser el verano, para mí, la estación ansiada; la estación del éxtasis, valga el oxímoron.

Pero esta tarde he estado echando un vistazo a todos los poemas que he ido rescatando de mis cuadernos, estas últimas semanas, y que he compuesto desde principios del verano pasado. Y me he sorprendido mucho. Nunca he compuesto, creo, poemas de una manera tan unitaria. Tampoco esperaba un libro, porque creo que tengo un (breve) libro, sino tan solo un montón de versos dispersos. Es, eso sí, un conjunto de poemas extraño, pero que tiene la capacidad de sorprenderme, porque es como si lo hubiera escrito otro. Como si las imágenes se hubieran ido construyendo sin mi ayuda, esquinando un sentido que ni les pertenece ni, claro está, me pertenece nunca a mí. Como si lo hubiera escrito otra persona mientras yo, durante todo ese calor, sencillamente, hubiese estado ausente.

Vuelvo a las palabras de otro, porque las palabras de otro son las que mejor explican lo que uno quiere explicar, cuando debe o quiere explicar algo. En la revista on-line Filosofía para llevar, y cuando se le pregunta por el sentido de la vida, Félix de Azúa afirma: “La religión ha desparecido, tiene una función privada. Una función privada, prácticamente como la sexualidad. […] ¿Ciencia? La ciencia, qué voy a decir, se ha convertido en una especie de efecto de atracción de inversiones a través de enormes compañías. Lo que funciona como ciencia, Hawkins, etcétera, son efectos mediáticos. […]Y [el] arte lleva el mismo camino. El camino no sólo de desaparecer sino un poco de convertirse en la representación de su propia desaparición. Si estos tres grandes mecanismos acaban deteniéndose, estaremos viviendo por primera vez en una sociedad que no tiene recursos de significación, recursos de sentido. Y ahí se abre una incógnita apasionante. El experimento de vivir en una sociedad que no sólo carece de sentido o significaciones sino que en cierto modo se sustenta sobre eso, una sociedad asumidamente nihilista, es un experimento fantástico. […] Ése es el desafío ahora, el desafío es ese: ¿Podemos o no podemos subsistir por nosotros mismos, sin ayudas externas?”.

Pienso en ese libro, otra vez, y sí, es como si lo hubiera escrito otra persona. Mientras yo me ausentaba durante ese calor. Pero también pienso que escribir esos poemas no ha sido mi forma de ausentarme, de irme a un rincón apartado, por así decir, para escribirlos. Sino que era, exactamente, en esos lapsos en que los anotaba en mis cuadernos, cuando yo me ausentaba de verdad.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Vida en los cuadernos



El joven que quiere ser escritor escribe en su cuaderno "una mujer desnuda" y la novia del joven siente, al leerlo, una vergüenza instantánea: sabe que es ella misma quien yace allí, desnuda, en el cuaderno.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Un bosque


Revuelvo entre mis libros más viejos, estos días, para llevar a mis alumnos de bachiller ejemplos de procedimientos narrativos. Después de años, sacarlos de sus estantes, hojearlos en el tren, llevarlos hasta el centro, mostrarlos ante los chicos... Es como devolverlos a la luz que no ven salvo aquella que tímidamente reciben en el encierro de casa, para que yo los relea de vez en cuando o, en muchos casos, que al fin los lea.

Pero algo me llama la atención en todos ellos, y es la forma en que el papel ha envejecido. Haciéndose más oscuro, regresan a su origen; como quiso de todas las cosas Anaximandro. Vuelven a la madera de la que una vez partieron. Pienso en mi casa, cuyas paredes van forrándose de libros desde hace años, desde que mi padre me inoculara, cuando yo era niño, el respeto y el amor por los libros, y pienso que todos estos años he estado construyendo un bosque muerto a mi alrededor, una tumba en la que yo acabaré poco a poco, espero que lo suficientemente despacio.

Madera vieja, una cobertura. Como una barrica en la que el vino de la imaginación y el pensamiento ajeno envejece despacio para uno; para que uno lo deguste; y enmende en parte, en lo posible, la insuficiencia de la imaginación y el pensamiento de uno.

No seré enterrado aquí. Pero, con suerte, sí lo hará mi inteligencia: irá desvaneciéndose, espero -poco a poco, ojalá- en esta tumba de madera que va siendo mi casa desde siempre, en esos libros que van siendo mi hogar. En esta tumba que es también un bosque, senderos abiertos, caminos de madera. El bosque multiplicado en el que quiero seguir perdiéndome, y envejeciendo.

domingo, 24 de octubre de 2010

Fragmentos de una novela en proceso



La luz se va despacio, al acabar la tarde, y yo no me doy cuenta o no lo hago de forma directa. No en la luz, que se ausenta sin que yo lo perciba, sino en mi pensamiento, en un sentir inexplicablemente oscuro: es un pesar extraño, porque no encuentro la causa o, mejor, he entrado en él despacio y sin saberlo.

En todo caso es, lo sé ahora, una incertidumbre que termina cuando las luces de la calle, el alumbrado público, toma con cierta tardanza el relevo de las luces del día.

Así regreso aquí, a esta luz y a las fuerzas necesarias para volver a este cuaderno y tomar estas notas que ordenan otra vez, de alguna forma -alguna, no sé cuál- lo que a diario y a cada momento me sucede.

sábado, 16 de octubre de 2010

Novela negra en menos de quince líneas


Era el caso más difícil al que se había enfrentado, tenía apenas quince líneas para obtener toda una novela negra. Y en casos en los que tanto el tiempo como el espacio apremia, lo mejor era actuar de forma sistemática: se encajó una larga peluca rubia y corrió a enfrentarse al espejo con una mezcla de atracción y vértigo. Ya tenía a su mujer fatal, y el móvil, su novela, se resolvió en el momento en el que se clavó un cuchillo en un costado. Abandonó su casa y dejó un reguero de sangre por toda la calle, hasta llegar a la comisaría. He aquí al asesino y también a la víctima, dijo ante unos policías atónitos. Hemos venido los tres, si cuento a quien les cuenta todo esto. Los cuatro, añadió tras comprobar que el policía más joven miraba la peluca que aún sostenía en una mano.

-Pero toda novela negra que se precie, debería usted saberlo, ha de transmitir cierto contenido social -arguyó el policía al mando, aficionado a la literatura y a dicho género en concreto.

-¿No le parece suficiente denuncia, estas casi quince líneas que he venido a manchar hasta aquí, con mi propia sangre?- repuso antes de caer muerto.

sábado, 9 de octubre de 2010

Carlos Martínez Rivas: la poesía o donde A es siempre B y B es A



Salvo casos únicos como los de Rimbaud, que borran los rastros que dejan no sólo a su espalda sino también hacia el trecho que les aguarda –y nos aguarda, aún, a nosotros- ahí delante -y quedan así como fulgurantes singularidades-; salvo estos casos únicos, en la historia de la poesía, el resto de los poetas importantes, todavía genios de la poesía, suponen goznes y eslabones entre la poesía que les precede y la poesía que vendrá: así Rubén Darío, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, de forma notoria, y así, de forma más secreta y en la segunda mitad del siglo XX, Carlos Martínez Rivas: eslabón y gozne entre Rubén Darío y todo lo que sucederá en la poesía en español tras las vanguardias y el (falso) sueño del fin de las vanguardias, en la segunda mitad del siglo XX.

Parménides soñó con el lenguaje de los inmortales: sin separación entre el significante y su significado, entre ambos elementos existiría una relación de inmediatez absoluta, sin vacilación o fractura. Esta lengua divina es la lengua de los poetas, dadora de forma como el sueño, performativa sin necesidad de denotar: lengua que crea el mundo a cada instante –a cada vuelta, en cada verso. Antes que la palabra lógica y su fractura, el corte de su taxonomía y su razón, en la palabra mítica A es siempre B de manera inmediata; decir A es, de forma efectiva, decir B. Es una efectividad de la que sólo goza la poesía, y quizás por eso la admirarán siempre de esa manera extraña, entre fascinada y expulsadora-de-la-república, aquellos que trabajan desde el otro lado –el lógico- de la palabra: los filósofos.

Leo a Carlos Martínez Rivas y encuentro raros milagros de la expresión poética diseminados por sus libros La insurrección solitaria y Varia, reunidos por Visor en un solo volumen: creación inmediata, imposible fulgor de lo que no existía. Cuando la discursividad aparece, es de manera aparente, quizás como parodia. También pienso un instante en los poemas que me gustan menos, pero soy incapaz de enjuiciarlos: sospecho que ellos lo harán conmigo, y con mi mundo, en una relectura futura. Y ansío la desclasificación, esto es la publicación, de todo el material que Martínez Rivas dejó sin publicar, al morir.


Transcribo aquí, de Varia, el siguiente poema:



VERSIFICAR




Verificar Fijar Comunicar.

Verificar:

Hacer y ver lo verdadero.


Fijar:

Dar la imagen. La exactitud del hecho.


Comunicar: trato directo.
Del dicho al hecho sin trecho.


FUNCIÓN DEL VERSO

martes, 28 de septiembre de 2010

Dormir, probar suerte (el septiembre más fantasmal)


Afirma Maurice Blanchot que “cuando Rilke se esfuerza por responder a su destino de poeta, por abrirse a esa mayor dimensión de sí mismo que no debe excluir aquello en que se convierte al morir, es evidente que los aspectos difíciles de la experiencia no lo hacen retroceder[1]”.

Valga “poesía” por cualquier actividad que nos construya, que nos ayude a crear(nos un) mundo: ir más allá de uno mismo y de la muerte de uno, de la misma idea de la inevitable, muerte; el poder de la poesía (de esa actividad cualquiera, citada) para trascender la experiencia y dar forma tanto a ésta a como todo aquello que hay más allá y que apenas alcanzamos a atisbar pero que está ahí, porque si durante un instante lo hemos atisbado ya nunca cejaremos en tratar de alcanzarlo. Cuando pienso en estas cosas pienso también en el sueño. Pensar en el sueño cuando se está cansado y hay ahí algo más que un cansancio físico, sino también un agostamiento a más niveles. Dormir para después despertar, de forma que te lanzas a dormir siendo esto y no sabes si avanzarás hacia eso otro que haya más allá, no sé el qué, lo que sea, cuando despiertas: pero sueles hacerlo, quizás en esta realidad se basan las ideas de transmigración o de vida tras la muerte de las religiones.

Blancot cita a continuación al Zaratustra de Nietzsche, esa parodia religiosa: “El hombre es algo que debe ser superado”, y añade a continuación el propio Blanchot: “no porque el hombre deba alcanzar un más allá del hombre: no hay nada que alcanzar, y si él es lo que lo excede, este exceso no es nada que él pueda poseer ni ser. `Sobreponerse´ está entonces muy lejos de `dominar´[2]

Dormir como probar suerte: es intentarlo de nuevo, para arreglar lo que la vigilia ya no puede arreglar porque ha agotado, de momento, todas sus posibilidades –o sus fuerzas: de momento.



[1] Maurice Blanchot, “Rilke y la exigencia de la muerte”, en El espacio literario, trad. de Vicky Palant y Jorge Jinkis, Paidós, Barcelona, 2000, p. 111.

[2] Ibid, p. 111.


lunes, 27 de septiembre de 2010

Departamento "¿Qué opinaría Freud de esto?". Hoy: Flash Gordon









Alex Raymond, Flash Gordon vol. 2, trad. de Diego de los Santos, Planeta deAgostini, Barcelona, 2006, pág. 19.

(de la plancha dominical de Flash Gordon del 24 de septiembre de 1939, King Features Syndicate, Inc. TM Hearst Holdings Inc.).

domingo, 26 de septiembre de 2010

Releyendo a Lascano Tegui


"El primer día en que confié mi mano a una manicura fue porque iría en la noche al Moulin Rouge. La antigua enfermera me recortó los padrastros y esmeriló las uñas. Luego les dio una forma lanceolada, y al concluir su tarea las envolvió en barniz. Mis manos no parecían pertencerme. Las coloqué sobre la mesa, frente al espejo, cambiando de postura y de luz. Tomé una lapicera con esa falta de soltura con que se toman las cosas ante un fotógrafo y escribí.
"Así comencé este libro.
"A la noche fui al Moulin Rouge y oí decir en español a una dama que tenía cerca, refiriéndose a mis extremidades:
"-Se ha cuidado las manos como si fuera a cometer un asesinato."



Vizconde de Lascano Tegui, primera página de
De la elegancia mientras se duerme (Impedimenta, 2008).

(Museo de las Mejores Primeras Páginas de Novela)

(véase también [contra]homenaje)

jueves, 16 de septiembre de 2010

Un poema de Carlos Martínez Rivas


EL PINTOR ESPAÑOL


-Yo pintaré un hombre con una linterna.
-Hazlo. Pero ¿qué le pondrás
alrededor para que se vea?
-Pues, noche -dijo, ya iracundo.




Carlos Martínez Rivas, La insurrección solitaria

martes, 7 de septiembre de 2010

Ahorra quento en espeñoul


Una listica de reproducción para Vds:

Ahorra quento en espeñoul

He buscado en Spotify, infructuosamente, una versión del "Sexual Object" de Kraftwerk cantada en español por los propios Kraftwerk -pero existe, ¡EXISTE!-. He optado por incluir algo en su lugar que he encontrado en esa misma cadena de búsqueda, y que seguro satisfará a sus exigentes oídos.

Hay una versión de un tema de Dylan porque -la pena más grande al hacer esta lista- la original no está en Spotify.

¿Alguien conoce más canciones cantadas en español por extranjeros? -me hubiese gustado elaborar esta lista sólo con tales canciones, ay, pero no me daba para tanto.

No se acepta como respuesta válida "El Pollito de California".

jueves, 2 de septiembre de 2010

El tetris humano de Guillaume Reymond

viernes, 13 de agosto de 2010

Un nuevo apocalipsis


Junto al taller de motos que hay al lado de tu casa, muy cerca de las vías del tren, el cielo se abría y llegaba un nuevo fin del mundo.

Me dirigí a los ándenes, dispuesto a esperar. Pero pasaba el tiempo y sólo estaba yo . Quizás fueron varias horas y me entró hambre, quizás tan sólo transcurrieron unos minutos y, sencillamente, me sentía absurdo allí esperando; a la vista de aquellos que no se detenían ni mucho menos esperaban nada; que pasaban veloces, preocupados o, al menos, ocupados en sus cosas, y no necesitaban esperar para tener que encaminarse allí adonde debían ir.

Con disimulo, ocultando aquel estúpido lapso, me puse en marcha y, al fin, seguí con lo que debía hacer, con mis tranquilizadoras preocupaciones de siempre, con mis cosas.


lunes, 19 de julio de 2010

"Time" de David Bowie: una versión en español, rítmica y libre


El tiempo no ha extendido sus alas todavía,

habla de cosas sin sentido,

escribe tu guión, chaval,

y el mío.


El tiempo, esa fulana ágil, cae

al suelo y se masturba,

y somos tú y yo, chaval,

sus próximos clientes.


El tiempo, diluido en éxtasis y vino tinto,

exige la presencia de muñecos hinchables

y otros amigos míos,

pero sin prisa: tómate tu tiempo.


Un francotirador se aposta en tu cerebro

regurgitando vómito: Incestuoso, Estéril,

han sido algunos de sus últimos apodos.

Miro la hora en mi reloj, y son las nueve y media

y pienso Oh, Dios mío, aún sigo con vida.


¿No deberíamos estar ahora en ello?


La, la, la, la, la, la, la, la, la.


No eres una víctima, tan sólo gritas aburrido.

Te queda tiempo aún para el desahucio.


Campanas, maldición: estás envejeciendo.

Te estás helando y cogerás un resfriado

porque olvidaste en algún sitio

tu abrigo: tómate tu tiempo.


Cortar con todo esto es muy duro

pero seguir aquí, en la oscuridad, resulta odioso.

Tenía tantos sueños, hice tantos progresos;

y tú, mi amor, que fuiste tan benévolo,

dejaste, sin embargo, que el amor

te dejase sin sueños.


La puerta de los sueños aún está cerrada,

tu zona de recreo ha quedado devastada.

Chico, todo esto es real.


Puede que ahora sigas sonriendo en las sombras.

Lo único que puedo darte ahora es hacer

que te sientas culpable por soñar.


¿No deberíamos estar ahora en ello?


La, la, la, la, la, la, la, la, la, la.


Sí,

tiempo.




Es una de mis canciones preferidas de todo el -prodigioso- repertorio de Bowie, por sus aires de cabaret apocalíptico e interpretado por un, digamos, Jacques Brel mutado a William S. Burroghs.


Aquí, la canción original:



Y aquí, en directo:




Canción incluida en Aladdin Sane [1] , (c) David Bowie, Jones Music/Mainman S.A.


______________


[1] Véase una propuesta de traducción para este título en la cita final que cierra este artículo sobre Roberto Bolaño: se explica la traducción en la nota al pie nº53.