jueves, 27 de diciembre de 2007

¿FALTA MUCHO?



Para la traducción del último Pynchon, digo. Mientras tanto, ahí va un artículo de Rodrigo Fresán, el que mejores páginas le ha dedicado en la red (vía Página/12).




LA HISTERIA INTERMINABLE


(Resistido por cierta crítica pero fiel a sí mismo, el nuevo libro de Thomas Pynchon es la más atípica de las novelas históricas).


Por Rodrigo Fresán


Si hay un día más trascendente que el día en que uno comienza, emocionado, a leer una nueva novela de Thomas Pynchon, ése es el día en que uno termina de leer, ¿emocionado?, una novela de Thomas Pynchon que ha dejado de ser nueva para convertirse en otra cosa. Digo “¿emocionado?” entre signos de interrogación porque –si bien hay mucho de emotivo en el hecho de haber arribado a la última página del último mamut de Pynchon– se trata de una sensación rara, difícil de definir, pynchiana. Digo que “ha dejado de ser nueva para convertirse en otra cosa” porque las grandes novelas en general y las grandes novelas de Pynchon en particular tienden a mutar a otra cosa. A algo que se parece un poco a esos raros artefactos de museo que nadie se atreve a catalogar y precisar su origen y utilidad del todo. Dicho esto, de todas las novelas de Thomas Pynchon, Against the Day (la más larga de ellas y, también, la más ambiciosa y quizá la más divertida y, además, la más duramente criticada en toda su carrera) es también la que más rápida y radicalmente asume esta condición de objeto histórico y conmovedor y fuera del tiempo y del espacio a pesar de tratarse de la más histórica de sus novelas. Y es una novela histórica verosímil porque –a diferencia del sospechoso orden y la precisa claridad de las novelas históricas– aquí se apuesta y se gana jugando a la inevitable condición entrópica del según pasan los años y al desorden de los calendarios y efemérides. Against the Day es la Gran Novela Histérica-Histórica. De más está decirlo, un resumen de la trama es tarea difícil que, de llevarla a cabo, requeriría por lo menos de la extensión de una nouvelle que bien podría titularse La subasta del lote 49, aquel único ejemplo de lo que puede llegar a ser un Pynchon híper-concentrado. Pero intentemos trazar unas breves coordenadas: Against the Day cubre las distancias que van de la Feria Mundial de Chicago de 1893 hasta los primeros años luego de acallados los cañones de la Guerra Mundial de 1914-1919 y se desplaza –siguiendo y persiguiendo las idas y vueltas de los hermanos Traverse y la bella Dally Rideout, como empujada por el mismo viento que arrastra al dirigible Inconvinience del primer capítulo– por Colorado, Nueva York, Londres, Göttingen, Venecia, Viena, Asia Central, los Balcanes, Siberia, el México revolucionario, la elocuente y vanguardista París de posguerra y el Hollywood del cine mudo y “uno o dos lugares más que pueden o no figurar en los mapas tal y como los conocemos”. Sumarle a semejante euforia geográfica un elenco casi circense en su potencia freak que incluye a anarquistas, magnates, científicos locos, shamanes, matemáticos, apólogos de las drogas (bautizados pynchonísticamente, por citar unos pocos, con nombres como Ruperta Chirpingdon-Groin, Ellmore Disco, Stilton Gaspereaux, Yashmee Halfcour, Chevrolette McAdoo, Ewball Oust, Lord and Lady Overlunch, Cypria Latewood, Eusapia Palladino y, por supuesto, el Bodine de rigor así como siglas del tipo L.A.H.D.I.D.A. (Las Animas-Huerfano Delegation of the Individual Defense Alliance) y, ya que estamos, el archiduque Franz Ferdinand, Bela Lugosi, Nikolai Tesla y Groucho Marx. Y, por supuesto, abundan las inesperadas pero previsibles cancioncillas marca de la casa. Así, pensar en Against the Day como en una versión de la enciclopedia Lo Sé Todo que cuando era chica se cayó no a un caldero lleno con poción mágica sino a un barril de LSD. Against the Day es también la película de 50 horas de duración que filmaría David Lynch de contar con un productor alucinado y un presupuesto multimillonario.

Y preguntes pertinentes e inevitables: ¿Es divertida? Sí, mucho. ¿Su lectura resulta laboriosa? Sí, mucho (pero, atención, pynchonianamente laboriosa; lo que equivale a decir que cuesta pero que el esfuerzo es más que recompensado). ¿Es la mejor obra de Pynchon hasta la fecha? Difícil de decir y a quién le importa, porque lo que importa es que sea de Pynchon. A la crítica más o menos especializada no le pareció así. Al lector de Pynchon, en cambio, le costará distinguir entre esta y las demás porque la gracia está en que cada título de Pynchon parece, de algún modo, conectar con los anteriores y, secretamente, anunciar en código lo que vendrá teniendo muy en cuenta, como bien afirmó alguien, que “las novelas de Pynchon se diferencian de las novelas de cualquier otro del mismo modo en que las novelas de cualquiera se diferencian de los relatos de cualquiera”. Digámoslo así: a Pynchon no le interesa la novela redonda como no les interesó a sus claros antecedentes (Sterne & Melville) y no les interesa a sus sucesores (el DeLillo de Submundo o el Neal Stephenson de Cryptonomicon o el David Foster Wallace de La broma infinita o el Bolaño de 2666). Lo que le interesa a Pynchon es proponer y predicar una idea del mundo y una versión conspirativa de la Historia en la que, de un modo u otro, todo está conectado. De ahí que aquí Against the Day sea una nueva y contundente visita al Mondo Pynchon que ya conocemos y al que hay que entrar respirando profundo y aguantando la respiración teniendo claro que su lectura es más una inmersión a gran profundidad que otra cosa.

Y sí, fueron muchos los que maltrataron a Against the Day con palabras que van de “críptica” (¿cuándo no lo fue una novela de Pynchon?) a “sólo para pynchonitas” (repito la pregunta anterior). Y, bueno, puede ser cierto que el deslumbramiento no sea el mismo que alguna vez se experimentó con V o con El arcoiris de gravedad porque Pynchon ha elevado a categoría artística el contar siempre el mismo chiste y que este chiste sea infinito y sin remate. Pero –a diferencia de las anteriores– Against the Day no es una novela sobre vidas caóticas o momentos caóticos sino sobre el nacimiento del Caos moderno y sus muchas imperfecciones contadas imperfectamente queriendo así explicar el Gran Lío en el que hoy vivimos y el modo en que el miedo moviliza los poderes o el Poder se vale del Miedo para movilizarse. Against the Day es la aplicación de los modales zapping e Internet (donde abundan las teorías paranoicas sobre Against the Day) a un pasado a punto de saltar a un presente futurista que necesitaba creerse disciplinadamente enciclopedista y prolijo porque en ello le iban la vida y la supervivencia. Tal vez de ahí que, en una de las críticas/ensayos más lúcidas sobre la novela, alguien aventurara que “el Desorden Pynchon ya no resulta gracioso en los desordenados tiempos en los que vivimos”. Lo que, supongo, equivale a afirmar que la realidad, otra vez, imita a la ficción. Y que resulta un tanto preocupante que imite a las ficciones de Pynchon. En cualquier caso, la culpa no es suya. Pynchon, simplemente, lo vio y lo supo y lo puso por escrito antes que nadie.

Insertar aquí una de esas cancioncillas pynchonoides cuyo estribillo bien podría ser: “Against the day/ He did it his way/ He had his day/ Again/ Hey! Hey! Hooray!". Y después entramos nosotros, los chicos del coro, con ojos desorbitados y giratorios y bailando espasmódicamente mientras, adictos perdidos que han vuelto a hallarse a sí mismos en una novela de Pynchon, preguntamos al público presente cuánto falta para la próxima comedia de ideas, de buenas ideas, firmada por este alien que de tanto en tanto aparece en Los Simpson, ¿eh?

El puto amo

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Frambuesa



Las dos primeras veces que vi Tirez sur le pianiste, tuve que rebobinar una y otra vez al llegar a esta escena.


Bueno, este verano la vi por tercera vez y me volvió a pasar lo mismo. ¡Avanie et Framboise!

domingo, 23 de diciembre de 2007

Más vates (y orates)


Recupero el tiempo perdido en este blog tras la desconexión y les subo mis últimas contribuciones para nuestra antología radiada de Amancio Vespertino:



HILARIA MARTÍNEZ DE LA OCA




De tal forma le insiste su padre, allá en su primera juventud de los años sesenta, que si aprende a mecanografiar tendrá un futuro, que ella se formará la idea de que, a más escribir, más futuro. Pronto, incluso, lo hará a mano, como el niño que se lanza a caminar sin andador. Una profesora, algo cursi, le celebra sus “Cien sonetos dedicados a la rosa”, y termina de alentarla en sus propósitos grafómanos. Así concluye pronto “Quinientos tercetos a la margarita” y aun “Mil décimas al jazmín”.

Un hombre algo mayor que ella, nada versado en poesía, se emociona sin embargo, embargado por sus versos: quizás porque es exportador de flores. Se casan y la lírica emoción pronto deviene para él aburrimiento, quizás cuando ella empieza a emitir interjecciones rimadas en los momentos íntimos.

Cuando, en su primer recital público, declama:

¡Que gira, que gira
la flor que no te mira!
¿Cómo huele?
¡Como suele!

se registran entre el público tres paros cardíacos, cinco ataques epilépticos y ocho gastroenteritis súbitas; pero ella continúa impertérrita:

Porque el gladiolo es rojo
y el jazmín es blanco,
yo ya no me enojo,
que enojos no quiero,
si te haces conmigo el manco,
mi buen Jardinero.

Sus últimos biógrafos citan estos últimos versos para aducir problemas en su matrimonio. Por esta época, empero, unos estudiantes bromistas reordenan algunos de sus versos de forma caótica, con el procedimiento del cut-up o recorta y pega, y el resultado lo cuelan como de vanguardia en una revista universitaria. Nuestro antólogo Don Amancio Vespertino pica, después de sortear los clásicos resquemores que su señora doña Amalia suele mostrar cuando aparece una poeta o poetisa a la que antologar –máxime si es notorio que el matrimonio de la poeta hace aguas de la peor forma. Al poema irracional y manipulado acompaña una breve reseña biográfica, esta sí real, y merced a esa mezcla, y a pesar a ciertas reticencias de la inteligentzsia murciana, nuestra autora es aupada a la calidad de legendaria, sobre todo por parte del incipiente movimiento punk de la ciudad, en concreto del sector más leído de los de las cresta y el imperdibles, que la proclama como la mejor vate viva.

He aquí un ejemplo de su poema manipulado hacia la vanguardia:

Si de mi la estrella la espina caracoles hete
que en los campos el fango al salir troncha y mete.

Mientras su vida real se va tornando un progresivo infierno ante las cada vez más notorias y numerosas infidelidades del exportador, ella se concentra de forma obsesiva en la escritura: pronto culmina cien extensos libros de poemas. El marido crea gustoso un sello editorial ex profeso para ellos: la absorbente labor lírica de Hilaria le deja vía libre para sus aventuras extramatrimoniales. Sólo en algunos de estos versos nuestra autora deja aflorar los amargores que no tan en privado le causa su pareja:

Mi corazón es un velcro
desgastado de sufrir
tus idas y venidas,
últimamente, más bien,
las idas… de tus amantes
y tus escasas venidas.

También compone su primer diálogo dramático para niños, de título: “Abejita, ¿por qué gritas? Grito yo, que “m´as picao”. Y es que, ante el cansancio de la grey avant-garde, prueba con auditorios infantiles. En tres colegios públicos sucesivos, los chiquillos acaban llorando tras dos horas seguidas de recitado.

Cansada ella también, pero de la temática floral tan sólo, prueba con la entomología. Pero con la entomología aún, ay, lírica. Sus libros siguen reproduciéndose por centenares: la mala conciencia del marido permite que los estantes de las grandes superficies comerciales se vean inundados por la producción de Hilaria.

Hormiguita, tienen tus pasitos
a mi ojos ahítos.

Y, reflejando su depauperada vida íntima con imágenes infrecuentes en sus versos (y para algunos, incluso, obscenas, tesis de escaso crédito a nuestro juicio cuando estos mismos críticos enjuician también de explicitud sexual versos como los ya citados de “Mi corazón es un velcro”):

Qué prodigio, saltamontes,
son tus ancas con que brincas
y tus muslos, qué feroces
cuando al sol brillan.

¡Salta el monte al relente
pero no tanto el llano
y en el valle detente
aunque sea por un rato!

En este punto, y a a la altura de los años ochenta, Green Peace decide intervenir ante el titánico gasto de papel de nuestra autora con boicots a recitales y en puestos de venta, aunque la temática de sus versos, el mundo vegetal primero y después el de los insectos, divide a la organización. ¿Enemiga o aliada? El debate se extiende y genera una controversia nacional. En algunas pancartas puede leerse:

“No los quemaremos porque queda bastante feo.
Pero, ¿qué hacemos con tanto papeleo?”

Las manifesataciones se suceden junto a montañas ingentes de libros, pues nuestra autora ya había dado a la sazón y a la imprenta más de mil títulos. Una nueva palabra deviene mágica y redentora para el caso: reciclaje. Arquitectos proponen dúplex, casas unifamiliares y urbanizaciones-colmena en la costa para sajones jubilados con libros como sillares. Amén de, interioristas, muebles, y cortinas con papel de versos; con ídem modelos los diseñadores…

Ante la incontestable celebridad del caso el marido, también notorio e incontestable infiel, decide romper con todas sus amantes y construir un monasterio apartado, cerca de Puente Tocinos, para recluirse con su mujer. Él, en penitencia, lee uno a uno los más de mil libros de su esposa y promete aprendérselos de memoria. Morirá pronto de un colapso nervioso. Ella aún vive, considerada por muchos la Santa Teresa de la Nueva Era, o de la Era en que al Fin Imperará lo Cursi como Forma y Medio para Redimir al Mundo. Sigue abierto el debate de qué hacer con sus libros: muchos se reciclan en secreto y se revalorizan acto seguido, creándose todo un mercado negro en derredor. Sus fanáticos, empero, los atesoran como si se tratase de palabra revelada.

¿Cómo estas lágrimas reciclar
y que mi dolor haga generar
tu sonrisa, si no tu carcajada,
mientras mis libros, a horcajadas
siguen de los estantes comerciales,
ignorados por las gentes principales,
que es decir y escucha, pues no miento:
aquellos a quienes la poesía les importa un pimiento?

Este último verso inaugura su tercera y última etapa, denominada por sus más capaces
estudiosos como “definitiva”, “verdadera” o “suficiente”, en la que compone sin escribir, tan sólo en su cabeza, y obsesionada por inundar su hortus conclusus de plantaciones de hortalizas. Todas las noches realiza lo que paparazzis apostados en el exterior, vigilantes con sus teleobjetivos, y catedráticos y exégetas, apostados en sus despachos y vigilantes de sus volúmenes de Quintiliano y Dioscórides, denominan “ritual de los rábanos”: Hilaria los tritura con saña mientras invoca una y otra vez, entre versículos incomprensibles y, mucho nos tememos, ya dementes, el nombre de su fenecido marido.

¿"Mmm"?




Metal Machine Music.



(¿Más ruido?

Erre que erre, pues...)

(A falta de imágenes, que no sé por qué demonios el antivirus no me deja subir... ¡Grumpf!)

PS: Me resarzo en casa de los Hueso y lleno todas mis últimas entradas de imágenes, un mes y pico más tarde de escribir esta entrada; buscando para ésta encuentro un estupendo artículo por si queréis saber más sobre el tipo de las gafas y su MMM)

"Abróchense los cinturones": vale. ¿Y ahora qué?



Mmm...

miércoles, 12 de diciembre de 2007

larga vida al ruido-,



(The young man stepped into the hall of mirrors, where he discovered a reflection of himself)



Even the greatest stars
discover themselves
in the looking glass



Even the greatest stars
discover themselves
in the looking glass


(Sometimes he saw his real face and sometimes a stranger at his place)


Even the greatest stars
find their face
in the looking glass



Even the greatest stars
find their face
in the looking glass



(He fell in love with the image of himself and suddenly the picture was distorted)


Even the greatest stars
dislike themselves
in the looking glass



Even the greatest stars
dislike themselves
in the looking glass



(He made up the person he wanted to be and changed into a new personality)


Even the greatest stars
change themselves
in the looking glass



Even the greatest stars
change themselves
in the looking glass



(The artist is living in the mirror with the echoes of himself)


Even the greatest stars
live their lives
in the looking glass



Even the greatest stars
live their lives
in the looking glass



Even the greatest stars
fix their face
in the looking glass



Even the greatest stars
fix their face
in the looking glass



Even the greatest stars
live their lives
in the looking glass



Even the greatest stars
live their lives
in the looking glass





Kraftwerk, "Hall of Mirrors", en Trans-Europe Express (1977)

, también en el ruido -el ruido ha muerto,







In memoriam Karlheinz Stockhausen (1928-2007)

lunes, 26 de noviembre de 2007

, en lo... ¿real?



Expulsado sigo del paraíso virtual, vagando por las avenidas de lo actual/real, por ejemplo, y acordándome del poema de Gomringer para virtualizarlo sin desvirtuarlo (véase foto adjunta, escaparate (c) Oysho).
Porque la nostalgia, ah, de lo virtual.

domingo, 18 de noviembre de 2007

Fuera de aquí


"No se preocupe, le daremos de baja con el otro operador sólo en el momento en que vayamos a darle de alta con nosotros. No se quedará sin servicio".

Pues eso. Disculpen mis hordas lectoras. Expulsado estoy de la red hasta que las tecno-burocracias decidan.


Visiten mientras la página de Onda Regional, ¡que mis compis de programa se reían mucho con mi último poeta apócrifo y tuve la ilusión de que al fin triunfaba!

sábado, 3 de noviembre de 2007

Más vates -pero ahora, por variar, uno real


Tituló su segundo libro con un verso mío y para abrirlo, a modo de obertura, citaba un pequeño fragmento del poema al que pertenecía. Para su tercer libro me pidió que le dibujase la portada y ahí estuve yo, con la premura que a veces exigen los editores, recién desembarcado de Lorca y a las ocho de la tarde, en su casa -vive en mi mismo barrio-, retratando el fluxus backtothefuturiano según las instrucciones que él me daba.


Y aquí la tienen finalmente, ya maquetada, primicia cortesía de la página web de Hank Over, también inminente libro -pero menos, para abril de 2008 y en Caballo de Troya-, homenaje al viejo Chinaski en el que participa nuestro hombre en Molodezhnaya. Gracias de nuevo, Joseda, por dejarme participar en uno de tus libros.


Es mi amigo y es un poeta cojonudo. Si creen que sólo lo digo para agasajar al tipo que, por ejemplo, me ha invitado a su fiesta de cumpleaños-temática "Tribus urbanas de ayer, hoy y siempre", a celebrar en semana y media, les pongo como botón una muestra, o viceversa (y recuerden que el libro lo presenta Cristina Morano en la Fundación Antonio Oliver Belmás de Cartagena el 27 de noviembre, a las 20:00 h.):



POÉTICA DEL TUBO


Primero tomaremos una carretera de Montaña

Y a esta Montaña la llamaremos de muchas maneras

Una por cada uno de sus nombres

Que son muchos. Tras un número variable

De curvas llegaremos al Pantano

Y a este Pantano no lo llamaremos de ninguna

Manera pues no tiene nombre

O éste es secreto. Bucearemos.

Llegaremos al Pueblo sumergido

Y a este Pueblo lo llamaremos Infancia

Y buscaremos Nuestra Casa. A esta Casa

La llamaremos Nuestra. Abriremos la puerta,

Nos adentraremos. En el pasillo

Veremos una Línea Roja pintada en el suelo

Que no recordaremos, y a esta

Línea Roja la llamaremos El Punto

De No Retorno. Avanzaremos.

Buscaremos nuestro cuarto y en él

Un Tubo vertical, a la altura de la cara.

A este Tubo por fin lo llamaremos Poesía.

Por Él se puede hablar, se puede respirar,

Pero tendremos en cuenta que es ésta

Una alegoría de las realistas, que la casa

Se encuentra a muchos metros de profundidad,

Y costará trabajar los pulmones,

Y después no olvidaremos los ejercicios

De la indispensable descompresión.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Más insospechados vates

PALMIRO GARCÍA nace en el seno de una familia dividida: si su madre es forofa furibunda del Betis, su padre lo es, no menos furibundo, del Barça. Si asisten con el pequeño a algún partido en la ciudad condal, mientras el padre jalea y grita ella hace ganchillo impasible y responde a los goles azulgranas con gesto de desprecio mientras sigue su labor. En la capital hispalense, mientras ella se desgañita, el ganchillo, el desprecio, etcétera, se encarga de hacerlo el marido. Aunque la practiquen de espaldas el uno al otro, es su única labor común: se conocieron en un curso de la Universidad Popular de su pueblo. Un curso de ganchillo.


Una tarde, intentando alcanzar una caja de galletas y encaramándose con dificultad a un armario de la cocina, a Palmiro se le viene encima un enorme canastillo situado en precario equilibrio sobre la parte más alta; el chico es sepultado bajo toneladas de tapetes, cortinillas de encaje y una larguísima variedad de ropa interior, toda de ganchillo y toda similarmente incómoda por lo que pica en contacto con la delicada piel a la que está destinada cubrir: las prendas que de forma más frecuente se preparan y regalan los cónyuges el uno a el otro.

En estado de shock, nuestro poeta atraviesa un macabro sueño avanzando por un túnel constituido por un enorme tejido de hilos blancos, telaraña inmensa, siniestra por la densidad que alcanzan en ella los pespuntes del ganchillo, claustrofóbica por su escaso diámetro. Pronto ve una luz que le guía a un previsible final, y la luz consiste en un final y una visión que le perturba, pues es un principio: en un tranquilo huerto y bajo profusión de palmeras ve a sus padres muy jóvenes; se abrazan dejando olvidados a sus pies y cerca de sus cuerpos yacentes, en la hierba y a la sombra de las palmas, bolillos, largas agujas, carretes de hilo y otros enseres para hilar. Palmiro aparta los ojos ante el inédito espectáculo y la progresiva torridez de la escena: comprende que ha regresionado al pasado y presencia el momento previo a su concepción.



Los sopapos de la madre y el vinagre del padre lo traen de vuelta a la cocina. Pero él ha traído a la luz de lo normal y el día una visión trascendente: ha viajado al más allá y trae de vuelta consigo, así lo considera, la clave para salvar el amor entre sus procreadores. Esa noche confirma la teoría de su misión al levantarse de la cama para ir al baño: desde el pasillo ve que pasan por televisor una película de ciencia-ficción con fama de abstracta e incomprensible. Sus padres se hallan uno a cada lado de la sala, como acostumbran: lo más lejos posible el uno del otro. Ella en su mecedora pegada al hueco de la escalera descendente, al fondo oeste del salón: un meneo con algo más de arco en el trasto móvil heredado de alguna abuela la precipitaría escalones abajo hasta el sótano. El padre, encaramado a la ventana que da al oriente y con medio cuerpo fuera, exhala hacia la calle el humo de uno de esos cigarrillos que ella detesta.

Entonces ve Palmiro la escena cumbre de la película futurista 2001: un niño fetal orbitando en torno a la nada, el mismo vacío, piensa por ejemplo, que separa a sus progenitores. Identificado con ese muñeco cabezón fruto de los efectos especiales, entiende que la clave de salvación del vacío es él mismo.
Como fuera de esa escena tan reveladora para él el resto del film le resulta incomprensible, decide practicar un género igualmente incomprensible, pero que el confía terapéutico para sus progenitores: la poesía. Escribe trescientos sonetos absurdos e imposibles. El estupor de sus padres, que por otra parte no habían pasado, en sus lecturas, del Pronto (y sólo cuando regalaban pegatinas de la teleserie V), los lleva con el crío y sus folios a la consulta del psiquiatra. El facultado, a la sazón admirador de la tradición lírica neoclásica, ante el despropósito lírico sugiere internamiento.



En su confinamiento, Palmiro contempla un día en el patio un partido de fútbol que acaba antes de la primera parte con el personal del centro y los enfermos envueltos en una descomunal trifulca. Entiende el suceso como segunda revelación: entretejiendo metáforas e hilando versos salvará aquello que su propia casa o la pista de deportes del psiquiátrico metaforizan a la perfección: el mundo.



Para aprender las artes poéticas cursa por correspondencia estudios de ingeniería, pues quiere para su proyecto mecanismos de ciencias experimentales y prácticas que actúen sobre el mundo. Los mecanismos en rigor líricos decide aprenderlos en tertulias, recitales y demás saraos de una vida literaria sobre la que he leído en gastados volúmenes decimonónicos conservados en la biblioteca del sanatorio.



Una vez es licenciado en su carrera universitaria y licenciado también, al poco tiempo, en cordura, se encamina al abordaje de cafeterías y todos aquellos lugares donde sospecha pudiera esconderse el numen creativo. Los testimonios en esta época de su vida son confusos, pero parece que una vez, emocionado al encontrar al fin un bar que parece de artistas tras deambular por innumerables garitos de macarreo y modernez o de ambas cosas, decide convertirlo en vivienda propia. Algunas personas que le han cogido cariño intentan que deponga su actitud mientras la policía viene en camino para desalojarlo de la habitación de las bombonas de gas para los grifos de cerveza.

Años más tarde lo encontraremos mal casado y con amigos dudosos, ha engordado veinte kilos y escrito miles de versos que nadie ha escuchado o leído. Convencido por su entorno de que no debe salvar al mundo sino más bien tomarse las cosas, en general, con más humor, parece que da un giro de timón a su producción: terco en sus propósitos redentores, cifra ahora en el choteo y el chascarrillo su piedra filosofal. Transmutación, sí, pero ¿salvación?



Las muestras de dicho cambio coinciden en mis investigaciones con las aportadas por alguno de mis compañeros como maldades; yo debo decir que no son, en mi opinión, más que torpes balbuceos de su recién estrenado sentido del humor, o lo que Palmiro entendía por éste. Mas dichas muestras decrecen con el tiempo, al igual que la salud de su mujer, que no estaba para chistes malos. En sus últimos días, viudo y ya de vuelta en su pueblo, logra dar su primer recital lírico en la mercería y todo a cien de su prima: lee tres sonetos que aún conserva de su infancia y una reciente súplica en tercetos encadenados al ayuntamiento, como respuesta a unas requisitoria de embargo de la casa que sus pobres y enfrentados padres, al morir, le habían dejado en herencia.

Y así nos encontramos ante un atribulado auditorio: tres señoras mayores con problemas de oído, un señor de edad también que las viene siguiendo desde que las vio y las piropeó sin éxito, y lo sigue haciendo terco desde que abandonara la terraza de un bar y dejara a medias su tercer chinchón, y la obesa tía de Palmiro, copropietaria con su hija del local, que tropieza con la columna de utillaje de plástico para cocina que se amontona hasta el techo al ver a su sobrino declamando versos subido a uno de los enganches para hules y manteles de plástico.

Una vez se calma el estropicio de cacharros Palmiro, desde la alturas, y dando por concluido el recital, proclama hierático: “Gracias a todos por venir, y si vengo gracias que a lo mejor no lo hago”.

“Ni falta que te hacía”, gritó la prima. Vivió con ellas el resto de sus días. Por las mañanas se apostaba con una mesa y una silla de playa en una esquina frente a la tienda, escribiendo pareados amorosos por encargo a diez céntimos.

lunes, 29 de octubre de 2007

Une traduction

NEUKÖLN

Celui qui est maudit mord le ciel
Georges Bataille


Les amphetamines frappent dans notre langue,
dans la tête, Daniel conduit comme un démon
ivre parmi les rues du quartier turc.
Tous marchent en le chercher pour leur exposition.
Peut-être personne ne me cherche a moi.
Personne ne sait que Daniel a saisi feu à ses tableaux.
Peut-être avec chance nous brûlions ensemble dans des heures
dans une chambre d'un hôtel de ce quartier.
Il conduit comme un fou, comme si la ville
brûlait à notre dos. Les amphetamines frappent
dans notre tête, les coeurs dans notre
poitrine. Les épiciers salent nous voir passer
brillants comme un rayon avec de la fièvre,
un rayon qui ne va pas détruire rien
sauf sa trajectoire propre, à lui-même là
où il est passé. Toujours en avant. Dieu veuille que nous brûlons
dès que possible.



Du livre Agujeros, Jose Óscar López


Traduction de Tanja et Monique

domingo, 28 de octubre de 2007

Más pasmosas -maravillosas- si/co-in-cronías/cidencias

Enlacen, enlacen, y en cuanto vuelvan -o, antes de ir, escuchen que- les cuento:
Ayer nos invitaba Anabel a comer para celebrar, adelantándolo tres días, su cumpleaños. Dos horas antes de la hora fijada me encamino a por su regalo, una preciosa edición ilustrada del Peter Pan y Wendy de Barrie; me doy de paso un paseo por el resto de los estantes: aparte de un pequeño libro de Lacan -una conferencia cuya contraportada promete puerta de acceso a Lacan para los que no entienden a Lacan- veo el Nadja de Breton; me interesa mucho acceder de forma directa a Lacan, pero estoy hasta arriba de trabajo y sumido en mis ratos libres en otras direcciones lectoras: sé que va a ser de esos libros que me llevaré para dejarlo automáticamente en la librería hibernando hasta yo qué sé cuándo; por la misma razón el Nadja se queda en el mostrador giratorio de la librería, por esa y porque no tengo ni idea de francés; pero me ha cautivado el libro, la idea de intentar leerlo en francés ayudado por un diccionario y una gramática me seduce, aunque siendo realistas, ¿de dónde saco el tiempo (y las energías, de paso, que ya se me agotan en el trabajo real de mis clases)?


Lo hojeo de todas formas, acariciando la idea de llevármelo, aunque no puedo tardar mucho porque me espera la fiesta de Anabel. El libro tiene algunas fotos; en una doble, postrado en dos momentos de una hipnosis autoinducida, está Robert Desnos, poeta que acabo de descubrir y por quien siento una fascinación especial, no sólo porque adoro el surrealismo, y por sus propios versos y su estupenda novela libérrima o poema en prosa ¡La libertad o el amor!: en la novela que llevo meses corrigiendo, ultimando y no acabando de ultimar porque aún anoto párrafos, frases e ideas que le voy incorporando, la figura de un hipnotizador -una de las ocupaciones más llamativas de Desnos- tiene un papel entre determinante y fantasmal en su argumento.


La foto de Desnos, la prosa de Breton, autor al que evidentemente amo pero del que, me temo, aún no he leído lo suficiente... Pero puede no sólo la economía sino también el realismo: mi nivel de francés es CERO.



Estupenda, la fiesta de Anabel. Seis horas más tarde, cuando la mitad de los invitados ya se han ido, la anfitriona nos cuenta entre otras cosas de sus próximos estudios de psicología; me acuerdo de Lacan y después de Breton: le pido que me recomiende una gramática francesa -pensando en el segundo, que el primero ya es difícil traducirlo aun traducido-. Me apunta unas cuantas al tiempo que se ríe de mis propósitos, porque los sabe difíciles -ella sí es titulada en este idioma, entre otros cuantos, y sabe de la dificultad que entraña aprenderlos, máxime si te quieres autodidacto- y porque me sabe inconstante y perezoso.



Esta noche he tenido varios sueños, ha sido una noche intranquila y he dormido poco, aunque me he despertado con una placidez inaudita, con una absoluta -por qué no decirlo- felicidad. En el que más me ha llamado la atención, quiero decir el más vívido y el único que recuerdo con total nitidez, yo llegaba, cargado con una maleta de dimensiones incongruentes, a un aeropuerto francés. Para pasmo mío, que esperaba la comunicación más fácil -mi a veces exagerada confianza en la improvisación, de la que ya veo que mi subconsciente está informada-, mi francés, definitivamente, no me servía para nada. Y para desesperación sobre todo de mis interlocutores en el aeropuerto, de sorpresa primero escuchando cómo reinventaba su idioma de una forma absolutamente ridícula y después de desesperación, comprobando cómo no sólo la comunicación con ese mastuerzo -yo- era imposible sino que además la paciencia de la gente que iba agolpándose detrás, en la cola, llegaba a su límite y empezaban a sublevarse.


Hasta aquí nada raro: ideas y sucesos que te rondan por el día toman, merced a Morfeo, la forma graciosa, no gravosa dádiva, del sueño durante la noche. Para qué más psicologías. Lo que ya es pasmoso es que esta mañana me levante y mientras tomo el café con leche encargado de disipar mis nictálopes brumas abra el correo electrónico y descubra que dos chicas francesas, a las que enlazo desde este momento pero que no conocía de nada... ¡me han traducido al francés!

Algo que ya sabrán si han visto el último comentario de la entrada o post anterior. Mientras llamo a Anabel para ver si me hace el favor de traducirme un nota de agradecimiento para colgarlo en la bitácora de estas chicas, que es donde me han incluido con inmensa generosidad, les remito a la entrada siguiente de éste mi propio -la casa de todos Vds.- blog, donde reproduciré el poema que me han traducido. Aparte de por las pasmosas coincidencias -que a veces, por qué no decirlo, me asustan, pero otras, como la que nos ocupa, son maravillosas-, lo hago porque ¡es la primera vez que me traducen! Pero les emplazo sobre todo a que visiten su blog, Bipolarisation, donde encontrarán más poesía, y música, y pensamiento, y diverso material interesante.


Que estoy como un niño con zapatos idiomáticos nuevos, vamos. ¡Gracias, Tanja et Monique!

jueves, 25 de octubre de 2007

Pausa, no stop (notas de viaje)

El signo de los tiempos ve
mi rostro en su polaroid,
frenético y delirante,
rompiendo el índice nikkei.

Un movimiento
y desapareceré,
estoy dispuesto.

Tengo alguna sensación
de sólida realidad,
fragmentos de tres segundos
en días que no acaban nunca.

Pulsar la pausa
sin presionar el stop,
efecto y causa.

Si dejo al mundo correr,
si mientras duermo
no hay alucinaciones.

Decido al tiempo volver,
si hay algo intenso
no hay alucinaciones.

Algún día tu país
se llamará Microsoft,
invadirá Nippon Soda,
lo venderá Motorola.

Un movimiento
y desapareceré,
un solo movimiento.


("El signo de los tiempos",
en El shock de Leia, LAGARTIJA NICK)

Ida y vuelta (notas de viaje)

¿Qué hacer cuando llevas todo el día -anteayer- trabajando, leyendo en los huecos -El pesa-nervios de Artaud- y después otra vez trabajando? Pues escuchar en la hora que dura el regreso a casa como quince o veinte -¿veinticinco?- veces la canción que reproduzo en la entrada siguiente. A la ida escuché el disco entero, entre descanso y descanso de la la lectura, pero a la vuelta ya sólo me enganché, y de forma obsesiva, sólo a esa canción -ayer la volví a escuchar en el tren como otras diez o quince veces.














Murcia-Lorca, 7:45


















Lorca-Murcia, 21:10

domingo, 21 de octubre de 2007

Helarte en la era de la reproducción simpsonizada

Pues éste es mi retrato convenientemente "simpsonizado". ¡Y la gente dice que me parezco! Ya iba siendo hora, pardiez: Joseda Espejo lo tenía, José Manuel Gallardo y Ángel Gómez Espada también; Camilo de Ory, al fin, me dio la dirección por msn para realizar el prodigio (un aviso: les enlazo con su bitácora pero luego no me lancen a sus psiquiatras cual perros de caza; sobre todo NO MERODEEN POR LOS COMENTARIOS. Avisados quedan.)


La bola sigue: los Srs. Hueso, fascinados ayer por los resultados que les comuniqué, igualmente por msn, la misma tarde que lo conseguí, ya lo intentaron infructuosamente (les dije que a mí me ha tardado como dos semanas en funcionarme el invento), así que, si hoy no tienen ninguna convención de Playmóbil cerca de casa, es posible que vuelvan a intentarlo. Por cierto, más enlaces: ¡no se pierdan el estupendo serial (aquí más capítulos) que Sr. Hueso escribe para la cadena de radio M80!
PS: Tras colgar esta entrada merodeo por los enlaces del programa en el que colabora Hueso y, bueno, tras encontrar cosas como algo denominado "Momento-teniente" (los encuentro en la red porque a mi tierra "física" no llega la señal de M80), definitivamente a sus respectivos psiquiatras, mis amados lectores, tampoco les hará demasiada gracia (si es que les hizo gracia alguna el enlace del serial) que se pasen por allí..






jueves, 18 de octubre de 2007

Más poetas apócrifos (¿plagiario, en este caso?)

(Iniciamos hace cosa de un mes nueva temporada de nuestra antología apócrifa de poetas murcianos, en la emisora de radio Onda Regional de Murcia. Cuelgo aquí mi última aportación, aunque les aviso de que gracias al pistoletazo de salida de Antonio Aguilar -que escuchamos solícitos Antonio Lorente y yo para ponernos en carrera-, al fin está en marcha la bitácora del asunto.

Les sirva de aperitivo, espero:)


GILBERTO SÁNCHEZ


El fruto de mis investigaciones en torno a la vida y la obra de Gilberto Sánchez no se aparta demasiado del ofrecido por los sabios y temperados sarmientos de las de mis compañeros; pero acaso ofrezca algún punto insólito, quizás por no defraudar a la costumbre -que entre nosotros y de algunos siglos a esta parte, de modo general, deviene en ley- de que se espere en mi trabajo una cierta inesperabilidad.

Se han centrado mis pesquisas, fundamentalmente, en un libro aportado en alguna bibliografía por nuestro Amancio Vespertino, Gilberto Sánchez o la ambinomigüedad (sic), debido a la pluma del hijo del conocido poeta surrealista Robert Desnos, el teórico y tenista amateur Roberto Manuel Desnos, actualmente y por otra parte catedrático de Literatura Comparada en la Universidad de Pompillo de Calandria, Albacete.

Mi sorpresa fue mayúscula al tratar de conseguir dicho tomo. Inencontrable en librerías, me desplacé hasta Archena en la suposición de que debía conservarse allí algún ejemplar. Apapucio Bermúdez, periodista archenero, y en la mejor tradición de la novela negra, asisitió a mi desconsuelo en la barra de un bar del pueblo tras cuatro días de búsqueda inútil por mi parte. Afuera tronaba y diluviaba como suele sólo en los menos sólidos argumentos.

-Ese libro no es popular aquí –me dijo-. ¿Cómo reacciona un pueblo como el nuestro, que ama a sus poetas, cuando alguien de fuera cuestiona al vate mayor de la comarca?

Con todas las papeletas perdidas para mi aventura, y además mojadas por la lluvia, me dispuse a cruzar la vía principal camino de la parada del autobús. Sorteando los charcos de una callejuela en sombra, me salió al paso un tipo bajo y encorvado bajo su guardapolvos pasado de moda. Mordía un mondadientes y se autodeclaró ratero. No era un ratero cualquiera. Nunca sabré si, como sospecho, Apapucio Bermúdez movió sus hilos; pero este pequeño diablillo de teatro de títeres se ofreció a entrar en los archivos del pueblo para conseguirme un ejemplar del libro a cambio de un par de golpetazos de ponche Caballero.

El trabajo de Desnos hijo, quizás barriendo para casa, desmonta o parece desmontar en un epílogo confuso la filiación entre Gilberto Sánchez y el famosísimo juego del “binomio fantástico” propuesto por Gianni Rodari en su Gramática de la Fantasía, en el momento en que cita la práctica surrealista de poner en relación ideas o términos absolutamente dispares. No contento con ponerlo más cerca del paragüas y la máquina de coser reunidos sobre la mesa de operaciones de la vanguardia histórica, establece una relación directa entre nuestro autor y su padre, ya no en razón de influencias rastreables en su obra sino en la curiosa costumbre de Gilberto, sospechosamente parecida a la puesta en práctica por Desnos padre en los cafés parisinos de los años 20 para pasmo de la clientela y deliquio del resto de la caterva surrealista, de entrar en una suerte de autoinducido estado de hipnosis o “trance”.
Coincide Desnos hijo en dos datos que aportan mis compañeros: situar a nuestro autor en Italia y calificar su ánimo de huraño. Pero aún más, Desnos hijo afirma que dicho carácter, que le granjea una vida social nula, le hace parapetarse, en triple pataleta idiomática, en la rama patafísica de la literatura francesa.
Y aún más -¿triple pataleta social tras pretender refugiarse en un numen poético que le fue también adverso?-: salpica sus apariciones públicas de raptos hipnóticos o de trance, en los que, para pasmo de los que coinciden en sus pequeños paseos por su barrio –pues en dichos paseos, básicamente, consisten sus “apariciones públicas”-, declama delirantes discursos.
Aquí entran las tesis de Desnos hijo. El tono admirativo de su trabajo, a pesar de que en él abundan los pasajes no poco confusos, ahuyentan el fantasma del plagio. Pero Desnos es categórico en una de sus páginas, acaso la razón de la mala fortuna de sus tesis en Archena, cuando reproduce uno de los mencionados raptos de Gilberto Sánchez.

El bebé gigante que anuncia las pinturas Cadum esperaba a sus visitantes en la isla de Cygnes, bajo el puente de Passy. Se comportaron como gente de mundo y la torre Eiffel presidió el conciliábulo. El agua fluía.

Los peces salieron del río, ya que estaban abocados desde hacía tiempos y tempestades al culto de las cosas divinas y al simbolismo celeste. Por las mismas razones, las palmeras del Jardin d´Acclimation desertaron de las avenidas recorridas por el elefante pacífico del sueño infantil. Pasó algo parecido con las que, aprisionadas en maceteros de barro, adornan el salón de señoritas mayores y el peristilo de las casas públicas. El aire se llenó del ruido de las ventanas al cerrarse y de sus fallebas plañideras. Bebé Cadum nació sin la ayuda de sus padres, espontáneamente.
En el horizonte, un gigante brumoso se estiraba y bostezaba. El muñeco de Michelín se disponía a una lucha terrible cuyo historiógrafo será el autor de estas líneas.
A los veintiún años de edad, Bebé Cadum alcanzó el tamaño necesario para luchar con Muñeco Michelín. Todo comenzó una mañana de junio. Un agente de policía que se paseaba tontamente por la Avenida de Les Champs Elysées escuchó de repente grandes clamores en el cielo. Éste se oscureció y, acompañada de viento, rayos y truenos, una lluvia jabonosa se abatió sobre la ciudad. En un instante el paisaje se hizo mágico. Los tejados, recubiertos de una ligera espuma que el viento arrastraba en copos, se irisaron bajo los rayos del sol reaparecido. Surgió una multitud de arco iris, ligeros, pálidos y similares a la aureola de las jóvenes tísicas, en la época en que formaban parte del imaginario poético. Los transeúntes paseaban por una nieve perfumada que les llegaba a las rodillas. Algunos empezaron combates de pompas de jabón que el viento arrastraba con infinidad de ventanas reflejadas en sus paredes translúcidas.
Después una encantadora locura invadió la ciudad. Los habitantes se desnudaron y corrieron por las calles rodando sobre la jabonosa alfombra. El Sena arrastraba capas grumosas que se quedaban paradas en los machones de los puentes y se disolvían en los firmamentos.

Tras este ejemplo de rapto poético en prosa -acaso plagiado si no se trata de un caso de posesión lírica y que daría otra dimensión a ese diálogo a través del tiempo que se da entre poetas según quería Eliot-, algunos, tal mis compañeros de tertulia, apuntan al regreso a España y unos últimos años en el psiquiátrico de El Palmar como colofón para la biografía de nuestro protagonista de hoy; otras fuentes, en hipótesis que puede coexistir con la anterior, hablan de una carrera final como prolijo y frustrado novelista infantil, aunque logró ser fugaz best-seller en dicho campo durante un curso escolar en tres pequeños pueblos de Minnesota, donde tres primos lejanos de Gilberto, de profesión maestros, después de traducir y autopublicar un título que a día de hoy desconocemos, lo propusieron con azarosa y fugaz fortuna como lectura obligatoria en sus tres respectivos colegios.

PS: Si acaso nuestro autor, como confusa y ambiguamente se sugiere en Gilberto Sánchez y la ambinomigüedad, hubiese llegado a plagiar a Robert Desnos en el “rapto” citado, de seguro se habría ayudado de la traducción de ©Lydia Vázquez Jiménez y Juan Manuel Ibeas Altamira (¡La libertad o el amor!, ©Editorial Cabaret Voltaire SL, 2007; edición original de ©Editions Gallimard, 1962)

(Última ilustración: "André Breton interrogeant Robert Desnos au cours d'une séance de télépathie transatlantique avec Rose Sélavy alias Marcel Duchamp", Dimatteo)

martes, 16 de octubre de 2007

Eterno retorno de la máquina deseante

¿Cómo nos resultaría posible la desepidización del sujeto si los hijos naturales de sus lectores, los lectores de Deleuze, lo seguimos amando?

(Desplazamiento de un determinante que vacila entre la posesión y el artículo determinado, apenas una coma como pausa -¿vacilación?-, signos de interrogación -¿ya dobles?, ¿ahora triples? ¿Y así, de esta forma -porque nos interesa ante todo la forma, el cómo-, como lo molar en el espejo de lo molecular, y también viceversa, hasta el infinito...?)

lunes, 15 de octubre de 2007

Houses in Motion (Talking Heads)

He encontrado en youtube un vídeo del tema que da título a las dos entradas anteriores, en electrizante directo de 1980, y quería que figurase aquí como colofón, pero como no puedo subirlo directamente les pongo el enlace.

Impresionante disco, el de la izquierda, y disculpen la profusión de epítetos; me ha hipnotizado durante dos semanas. Ahora, por si les interesa, ando enganchado con varios Mozart (La noche de Fígaro, La clemencia de Tito y conciertos, entre otros la curiosa versión de Benny Goodman del Concierto y quinteto para clarinete); he revisitado, después de algunos años, al fabuloso Thelonious Monk; el último de los Stooges (no me peguen pero tiene alguna canción estimable, al menos concédanme la primera, "Trollin´"...); Elvis (al que he "descubierto" sólo ahora, cuando me he sorprendido pinchando una y otra vez el "King Creole"..., esos dos primeros acordes ya me hacen vibrar..., ¡el deliquio puro y duro del R´N´R!); y me ha hecho bostezar, por cierto, el último de Radiohead, por cuyos tres penúltimos discos tanto me había batido con furibundos amigos (desde el Kid A, exactamente, disco con el que me enganché a ellos y de qué forma, tras esa joya de "Creep" que yo creí suelta, azarosa, y "desconocer" en su momento, lo reconozco con bochorno, tardé como dos años, el OK Computer).