sábado, 29 de octubre de 2016

Diario (4)

"Baja a una órbita inferior e irás más deprisa"

John Brunner, El jinete de la onda de shock



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"El Ikea de Shanghai pone coto a las citas de ancianos en su cafetería" (El Mundo).

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Creo que este titular condensa cientos y cientos de páginas de todo lo importante que puede decirse hoy en cualquier área del pensamiento o ciencia social.

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Lo que no es distopía, es miopía.

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Llevaban tanto tiempo anunciando el hundimiento que cuando este llegó nadie se lo creía.
Aún más: cuando se hizo evidente que sí, que era el hundimiento tantas veces anunciado, todos celebraban que se agotase la demora: al fin, al fin.

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"Qué risa el otro día, abriendo corazones", me dice un compañero, profesor de biología, en el recreo.

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No tuitees para mañana lo que hoy ya está cambiando de significado.

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Me unen a un grupo de Facebook llamado "El arte une a los seres iluminados" y bueno, vale, pero que digo yo que si podéis bajar un poquito la luz, que ha sido una mañana agotadora en el trabajo y ahora estoy intentando echar un poco la siesta.

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Las distintas religiones son ejercicios de estilo de un único dios en su juventud, afirma un creyente. O ejercicios de autoficción, añade un ateo.

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En una conversación con un estudiante de teología, yo le digo sin ironía, y justo antes de darme cuenta, que nadie puede negar que el cristianismo, simbólicamente, es la hostia.

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Si Dios escribió la Biblia, ¿debe esta considerarse una obra de autoficción?
¿No es el mundo una gran novela suya de autoficción, si también este lo creó/escribió?
Ya no digamos el hombre, hecho “a su imagen y semejanza”.

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Confundir autor y personaje es un error frecuente y lamentable, pero no hacerlo un poco es perderse también parte de la gracia.

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Esther me pide que haga un par de cosas desde el piso de abajo, a través de los altavoces que tenemos para escuchar al bebé en el piso de arriba. Y yo, al oír sus prescripciones y su voz de esa manera etérea, me siento como Moisés en el monte Sinaí.

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-Jose, ven, te necesito.

-Un segundo, cariño, es que ahora mismo estoy teniendo en Facebook un gran éxito.

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Sin saberlo, Lope de Vega pensaba en Facebook cuando escribió aquello de la "cólera del español sentado".


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a) Bon Iver, 22, A Million. Madre mía, QUÉ DISCO.

b) Algo en él me ha llevado al último de Eno, al que no presté gran atención cuando lo sacó. Error. Es el mejor disco que ha sacado en mucho, mucho tiempo.

c) Después de escuchar toda la semana el de Bon Iver y casi toda esta tarde, en modo repeat, The Ship de Brian Eno, he acabado recalando, de manera natural -sentía que la progresión/curso de los dos anteriores allí me llevaban- en el Faith de The Cure.

d) Solo eso. Nada más. No salgo más allá del trabajo y tenía ganas de charlar un rato. Un abrazo a todos.

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"Lo malo de este país", empieza diciendo el conocido escritor, y yo sospecho que este país, tan acostumbrado a escuchar de sus conocidos escritores frases que comienzan exactamente así, va a mostrarse encantado de seguir repitiendo celosamente, como sus exclusivas y muy satisfactorias señas de identidad, aquello que sus conocidos escritores repiten -y repiten, y repiten- que tiene de malo este país.

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"La literatura de cada época obedece a un tedio diferente"

Ramón Gómez de la Serna


martes, 25 de octubre de 2016

Cristina Morano


Cristina es uno de esos poetas que encarnan de manera genuina la voz de la tribu, pero sin caer en folclores ni narraciones melancólicas: lo lírico es el canto, la celebración del día a día, aunque para expresar esa celebración, hoy los poetas de la tribu recogen en su pequeña canción sin música también los ángulos oscuros del banquete. La larga vuelta a casa no termina, es un regreso a una casa que es de todos, con sus grietas y sus insuficiencias, pero también con la belleza de lo que no esperábamos: la vida está por todas partes, pero sobre todo está fuera de casa, en la expulsión constante de ella que habitamos a diario.

 Cristina aborda lo femenino igual que Homero y otros poetas épicos abordaban antaño la guerra y lo masculino. Y Cristina está con los vencidos y los perdedores. Cristina aborda la tristeza, no la melancolía. La melancolía es un asunto de los vencedores, una forma de narración y un capricho lujoso de aquellos que se saben triunfadores. La visión de Cristina, en su poesía, es social. Y uno ya no sabe si ver es fácil o difícil para todos nosotros, cuando uno mira a su alrededor y comprueba las fallas y las simas de nuestro “civilizado” mundo. Pero hay una palabra que existe para que nos recuerde a todos nosotros aquello que es imprescindible tener siempre presente, por eso todos necesitamos de poetas como Cristina. Cristina tiene una voz auténtica que construye poemas con una verdad que solo expresa un poema, un poema de verdad. Y lo hace con la fragilidad y la fortaleza de una poeta de la tribu.

Hay en sus poemas individuos desplazados de la manada, desplazados o aplazados en sí mismos un instante para recuperar la perspectiva de aquello que nos hiere, lo que nos hace frágiles y fuertes a la vez.  El individuo que habla o que protagoniza los poemas de Cristina lame sus heridas no con melancolía, ni siquiera solo para curarlas, sino para meditarlas y recordarlas, territorializarse en ellas y hacerse fuerte allí.
La tristeza como dialéctica, la herida como campo de batalla. Cuando llega el diluvio con que el padre nos condena, Cristina prefiere quedarse con las bestias y rechaza la oferta del padre de salvarse en el arca. Cristina siempre está de parte de la tribu, por eso nos ofrece sus palabras, para que podamos decir aquello que queremos decir pero aún no hemos aprendido a hacerlo. No otra cosa hacen los verdaderos poetas.
Poetas peligrosos, que cuestionan tu respetabilidad desde la misma página o barrera de seguridad donde los lees, para conducirte a donde viven quienes habitan más allá de las fronteras de sí mismos.


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Obra: Las rutas del nómada (1999), La insolencia (Premio Nacional José Hierro, 2001), El arte de agarrarse, (con prólogos de Julia Otxoa y Pablo García Casado, 2010), El ritual de lo habitual (2010), Cambio climático (2014). También ha publicado el libro misceláneo de fragmentos de diario y prosas y poemas satíricos Hazañas de los malos tiempos (2015).



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(Texto leído como presentación de Cristina Morano, en el recital colectivo que hemos realizado esta tarde en el Casino de Murcia.)


domingo, 23 de octubre de 2016

Apocalipsis Dylan


No entender el premio Nobel de literatura a un cantante que es mucho más que simplemente un cantante es como entender que el premio Nobel de la paz solo debieran ganarlo politólogos.

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Y el año que viene a Alan Moore. Hombreyá.

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Pues no, amigos, tenéis razón: Dylan no hace poesía. Dylan no hace poesía pero sí ha marcado para siempre la parte literaria que hay en la canción. Es por esto que su impronta y su figura son excepcionales, igual que el premio Nobel que le han dado. No creo que vuelvan a dar un Nobel de estas características en mucho tiempo, quiero decir que no se me ocurre a nadie más fuera de lo estrictamente literario a quien puedan dárselo. O bueno, sí, me viene a la cabeza algún barbudísimo guionista de cómics. Pero mejor no seguir soliviantando los ánimos, que el Nobel de la paz van a tener que dárselo el año que viene a quien calme hoy las redes sociales, después de lo de Dylan.

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Stuck inside of Nobel with the Dylan blues again.

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O como podría versionarlo ahora mismo Kiko Veneno:

“Atascados en el debate de Dylan y sin poder salir”.

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Y la fiesta que seguirá cuando os enteréis de lo de Wonder Woman y la ONU.

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Yo solo sé que a la mañana siguiente, a las siete y media, en el tren que me llevaba al trabajo, alguien a mi lado leía a Murakami. Dream is over.

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"Pero ¿qué es literatura?", leo una y otra vez estos días, por aquí. Y yo recuerdo a Jack Skeleton triturando las bolas de un árbol de navidad y analizando sus restos al microscopio, para tratar de entender qué es la navidad.
Uno puede tomar una buena definición de lo que sea la literatura y seguir todos sus pasos para tratar de re-producirla (re-escribirla, re-leerla). Pero lo más probable es que obtenga un truño.
Y la literatura, amigos, es como el amor: no se define ni se reduce a teoría. Simplemente se hace.
Hacerlo, desde luego, es más divertido.
Paz y amor. Y abrigaos un poco esta mañana, que hace algo de frío.
  
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-Volviendo al Nobel de Dylan...
-Ríndete, Dorothy.

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Y al tercer día, defensores y detractores del Nobel de Dylan abandonaban Facebook al unísono para encontrarse en la realidad. Y se abrazaban y bebían, por la noche, y seguían bebiendo. Y brindaban a la memoria de don José de Echegaray, insigne dramaturgo de su tiempo, pero además gran matemático, y brindaban también por la memoria de otros tantos, tantísimos escritores del Nobel olvidados: Sully Prudhomme, Theodor Mommsen, Giosuè Carducci, Rudolf Christoph Eucken, Selma Lagerlöf, Paul von Heyse, Gerhart Hauptmann, Verner von Heidenstam, Karl Adolph Gjellerup, Henrik Pontoppidan, Carl Spitteler, Władysław Reymont, Grazia Deledda, Sigrid Undset,Erik Axel Karlfeldt, Roger Martin du Gard, Frans Eemil Sillanpää, Johannes Vilhelm Jensen, Pär Lagerkvist, Halldór Laxness, Shmuel Yosef Agnón, Patrick White, Eyvind Johnson o Harry Martinson. Y luego brindaron por una lista de escritores aún más prodigiosa, la de todos aquellos genios que el mundo recordaba pero que el Nobel olvidó. Y siguieron bebiendo, de tal forma que muy pronto habían olvidado ya qué cosa era aquella del premio Nobel. Y cuando amanecía estaban borrachísimos, y se abrazaban y cantaban todos juntos las canciones de Bob Dylan mientras regresaban a casa con los ojos inundados por lágrimas de reconciliación y de felicidad.

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«No sigas a los líderes, vigila los parquímetros.»
Bob Dylan


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Imagen: En Manuel Vilas, España, (2008).


sábado, 22 de octubre de 2016

Recital en el Casino de Murcia




Es un lujazo tener la oportunidad de participar en este recital, junto a todos estos excelentes poetas. Os esperamos este martes 25 de octubre, a las 19:30.

Recitamos en tandas de dos, y cada poeta presenta a su compañero de tanda. A mí me toca presentar - y recitar junto a ella- ni más menos que a la gran Cristina Morano.

Aquí os dejo el programa de la tarde:

-Presentación del acto por Hipólito Romero

a) Presentaciones mutuas de Andrés García Cerdán y Alberto Chessa: lectura de poemas (20 minutos aproximadamente).

-Interludio musical

b) Presentaciones mutuas de Cristina Morano y José Óscar López: lectura de poemas (id.)

-Interludio musical

c) Presentaciones mutuas de Vicente Cervera Salinas y Luis Bagué Quílez: lectura de poemas (id.)
Cierre musical.

Con la participación del pintor José M.ª Falgas.
Acompañados a la guitarra por Pedro Antonio Garrigós.
Actuación musical de Alberto Morote.


jueves, 20 de octubre de 2016

Diario (3)




“Así termina el mundo, así termina el mundo. 
No con un estallido, sino con un megusta”. 

(De la serie Hackear a Eliot).





Ya sólo otra novela inédita de Roberto Bolaño puede salvarnos.

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Sobre una novela ya clásica escribe un crítico que supone "la reanudación del tracto de nuestra novelística después de la Guerra Civil" y hombre, por favor, que ya con ese "tracto" y en adelante uno solo piensa en el advenimiento de la caca.

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Leo por ahí que Robert Langdon, protagonista de las yincanas por el Vaticano de Dan Brown, es todo un señor especialista en Dante pero no sabe italiano. Todo bien.

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Me habla un amigo de una novela que ha tenido gran éxito y cuya narradora y protagonista, una mujer de cuarenta años, piensa, siente y tiene preocupaciones propias de una chica de quince años. "Si quitamos las páginas en las que describe o enumera, más bien, cómo visten ella y el resto de personajes", me dice, "enumeraciones que, por supuesto, carecen del ánimo de hacer crítica contra la clase social burguesa de la protagonista" -y aquí menciona como ejemplo a un Isaac Rosa, yo le recuerdo el American Psycho de Easton Ellis-, "las ciento y pico páginas de la novela se quedarían en apenas treinta". Citamos otros ejemplos y tratamos de entender cómo funciona esa cosa tan misteriosa del mercado. Yo concluyo, y le aviso que no trato de ser sarcástico salvo, en todo caso, contra nosotros mismos, que igual que existe en la escritura el vicio de sobreescribir, nosotros estamos maleados como lectores porque hemos leído demasiado, que estamos sobreleídos.

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He tenido conversaciones con desconocidos que te asaltan por el privado de Facebook que no creeríais. Ríete tú de las naves brillando más allá de Orión.


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Si las antologías de los poetas son como sus discos de grandes éxitos, los libros de aforismos son unplugged.

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La frase anterior se me ocurrió antes del Nobel a Dylan, que conste. Exactamente, un par de horas antes. No, no veo el futuro, pero sí siento todas esas vibraciones y fracturas en el continuo espaciotemporal.
Como vosotros, ¿no?

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Poner un vinilo y sorprender al gato a punto de hacer scratching.

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Lo de la vuelta del vinilo está muy bien, pero que digo yo que no tiréis vuestros cedés porque quizás en unos quince o veinte años yo me sé también qué va a volver.

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Soñar con el Blue Monday de New Order. Prever el ritmo y los ruiditos que se repetirán insistentes en tu cabeza el resto de la mañana.

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Las actualizaciones de Windows 10 son el nuevo Memento mori.

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¿Se sincronizarán las actualizaciones de Windows 10 de todos nosotros, igual que las menstruaciones de las chicas que viven juntas?

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No hay "crisis" política -grande, media, pequeña o diminuta-, en la que El País no recurra a una portada con Felipe González. Es su equivalente, supongo -tal y como ellos deben de entender- al eh, recordad que tenemos la bomba atómica.

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Escribe Chirbes en Crematorio que "también el capitalismo exige su ración de héroes, de mártires, a los que, además, condena al silencio. Al contrario de lo que ocurre en el ritual cristiano, los mártires del capitalismo son el ejemplo que no hay que imitar. Los fracasados, los que quiebran, dejan acreedores, impagados, deudas. El capitalismo convierte a sus mártires en proscritos". Pienso en vuestra súbita celebración de Pedro Sánchez, seguramente el político más inane que ha cruzado fugaz nuestro firmamento, ejem, político, y devenido héroe en el momento en que se ha opuesto a su partido, un PSOE que hace tiempo os da, nos da lo mismo; o me acuerdo también del caso paradigmático de Aznar, antistar absoluta, uno de los políticos con menos carisma o de carisma directamente bajo cero, que en el momento de convertirse en expresidente se abandona a una absurda vigorexia, a una melenita de adolescente pijo y a declaraciones en las que reivindica su derecho a conducir borracho. Y pienso que en el reino de la política, definitivamente, seguimos siendo, a uno y otro lado de la escena o los muros del parlamento, unos románticos.

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Y ahora todos seguiremos muy perdidos hasta la próxima portada de El País con Felipe González.

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Entonces, este gestor que han puesto al frente del PSOE, ¿debemos considerarlo una suerte de Sr. Lobo de nuestra democracia?

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Defensores y detractores del día de la hispanidad coinciden a la hora de comer en el McDonald´s.
(Glosa/comentario a un estado en Facebook de Juan Carlos Márquez).

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Ese momento en que te dices: ea, no aguanto más, hasta aquí hemos llegado, a la mierda con todo, ME VOY A COMPRAR TEBEOS.


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Imagen 1: Primer y único intento, hasta el momento, de marcarme un Inktober. "¿Qué tal la paternidad?" "Una yincana sin fin, tú". 

Imagen 2: Visto en el supermercado. "¿Beiked qué?" "Espera que te lo traduzco", imagino que conversan los empleados (maravillosamente) responsables.




lunes, 17 de octubre de 2016

Sacerdotes de sí mismos




Escritores que ofician de sacerdotes de sí mismos.

Un breve, que se demora en dos



De-mora: des-alojo del instante.

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El demonio de la interpretación, con sus negaciones y sus re-afirmaciones, sus de-moras, solo busca desalojarnos del paraíso del instante.


domingo, 16 de octubre de 2016

De narraciones melancólicas. De la maldad. De los falsos amigos.



Las narraciones melancólicas en público suelen ser índice de privadas, ocultas mezquindades.

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Al final, la maldad se revela como una simple cuestión de mezquindad y de limitación, de estupidez.

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No había amor en sus palabras y yo no supe verlo, vivía al margen de la realidad. Pero terminé por regresar a ella, a tiempo para darme cuenta de que él nunca había estado allí.



lunes, 3 de octubre de 2016

Las ciudades del otro lado


Así llegaron un buen día, como de entre la bruma, los rostros dudosos de todos esos extranjeros, así como el rumor de sus extrañas e indescifrables lenguas. Habría que hablar, en todo caso, de una leve pero constante, firme sensación de que ahí, al otro lado, lejos y en alguna parte recóndita, había la existencia fehaciente de otras muchas, muchísimas ciudades.  Tantas como estrellas había en el cielo, y como ellas invisibles a lo largo del día.

Solo durante la noche brillaban en forma de sensación neblinosa y de sospecha, una sospecha que solo en ocasiones llegaba con la excitación o la inquietud propias de la novedad. Pero transmitían también la maravilla, el pánico, el terror.

De manera periódica regresaban las dudas, las preguntas, ante esas manifestaciones: ritmos extraños, sombras de sombras de sus formas de vivir; la incógnita de todos esos pueblos, sus costumbres: sus dioses o sus ciencias, sus dichas y sus miedos, sus logros y sus crímenes, sus libertades y sus servidumbres, sus orgullos y sus vergüenzas, sus refinaciones y sus intransigencias, sus esplendores y sus zonas de penumbra.

Y su definitiva oscuridad.

Aunque para los soñadores la experiencia de recibir noticias de aquellas extrañas ciudades llegaba de manera individual: respiraciones entrecortadas, tranquilas o agitadas por algún sueño de gentes solas y sin rostro que dormían a su vez.


Hubo una vez, en fin, una ciudad aislada desde siempre del resto del mundo, y donde la noticia de la existencia del resto de ciudades llegaba a través de los sueños.