"Elimínese la sabiduría, rechácese la inteligencia, y las gentes obtendrán cien veces más beneficio. Elimínese la benevolencia, rechácese la rectitud, y los hombres retornarán a la piedad filial y al amor. Renúnciese a la industria, arrójese el interés, y no habrá ya bandidos ni ladrones. Pero estas tres razones, tomadas como normas, serán insuficientes. Mejor es que el hombre actúe libremente, es menester que sepa a qué atenerse: ser modestos por fuera y conservar la simplicidad interior, ser menos interesados y con escasos deseos".
"Eliminado el estudio, ya no hay preocupaciones. Entre un respetuoso sí y una bronca respetuosa, ¿cuánta es la diferencia? Entre lo hermoso y lo horrendo, ¿dónde está la diferencia? Los demás me temen, mas también yo no puedo dejar de temer a los demás. ¡Cuán grande es su vaguedad, que no conoce límites! Desborda la multitud de alegría, como si participara en el banquete del sacrificio y de la ofrenda, como cuando sube a las terrazas de primavera. Yo, en cambio, indiferente de nada me preocupo, cual recién nacido que aún no sabe llorar. Sin ánimos, como quien no tiene a dónde ir."
3 comentarios:
bonito mundo flotante el tuyo!
sr tropo, creo que ha alcanzado algún tipo de cumbre con esta tira. Más. -y esto no forma parte de nuestra negociación-
Gracias, Raúl, estás en tu casa.
Gracias, Hueso, pero un elogio en su boca suena a previamente negociado. :D Nuestros lectores pronto descubrirán en qué andamos negociando, realmente.
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