miércoles, 26 de noviembre de 2008

Los robots


Mañanas como nubes, aeroplanos, que son también los días: veloces se escabullen, como hélices; pesado el remontar, su ideación reciente; volver a concebirlas, como cada mañana. Alas, ¿pero qué alas? No interrumpen su fluir nuestras alarmas, arriba y hacia abajo, tampoco son las nubes lo que miro si no hay tiempo. Y si lo hay las imagino, a ellas también: la lentitud, esa menuda forma de la felicidad.

Aumenta sus dominios de forma involuntaria, al arrastrar mis tazas [de café]. Vigilo los abismos, vigilo: es un decir: [¿ya despierto?,] despacio avanzo en el estudio de la nueva catástrofe, aquella máquina más grande, inmensa. Sigo las cuentas, tomo notas: estoy dentro. Doy sorbos lentos [al café], termino de arrojarme.

Cuando llega la hora de salir, salí hace tiempo. Me parece un milagro si llevo puesto el pantalón. Lo he recordado, ya estoy allí: arrojado a esa máquina donde todo funciona a veces, pero me necesita una y otra vez.

1 comentario:

Esther dijo...

Precioso poema Sr. Tropovski. Me quedo con esa visión de la lentitud.