sábado, 30 de junio de 2007

Diario de TV / Frases del mes


Frente a la amenaza cósmica de los succionadores de cerebros, la única esperanza es Fray [a la derecha en la imagen]. Los animales, los robots e incluso algunos árboles emiten ondas cerebrales, de las que se nutren los rapaces cerebros volantes. Fray, sin embargo, sobrevive con una mezcla aleatoria de ondas cerebrales ajenas. Por eso es nuestra única esperanza.
Futurama

viernes, 29 de junio de 2007

Diario de lecturas / Frases del mes


En un café, después de cenar, me encuentro con Eisler.

-¡Señor Gombrowicz, cuánto tiempo! ¿Qué hay de nuevo?

-¡Entre usted en razón, señor Eisler, se lo ruego!


Witold Gombrovicz, Diarios




[antes de suicidarse, en disposición escrita respecto a su epitafio:]


Aquí yace Op Oloop.

Para él nada fue difícil

excepto el amor.

¡Por eso amo tanto

a las mujeres fáciles!


Juan Filloy




[tras leer la novela anterior, en disposición escrita respecto a su epitafio:]


Aquí yace *****.

Para él nada fue fácil

excepto el amor.

¡Por eso amó tanto

a las mujeres difíciles!


Antón Wu, Fragmentos de una novela en proceso




[En respuesta a un troll de apodo "ultimocenista", entre comentarios a un texto de Ángel Zapata sobre la disyuntiva entre literatura como arte o mercancía:]


En la última cena, lo mejor que le puede pasar a uno es que lo crucifiquen.


Javier Moreno, blog Diario de lecturas de Vicente Luis Mora.

Vuelvo de Lorca


Hace tres años descubrí la música de este señor. Estuve todo el año siguiente y poco más escuchando sus discos de forma obsesiva, uno a uno, una y otra vez.

La letra es algo así como Kafka pasado de hachís y perdido en Andalucía (él mismo se define mejor que nadie en una de sus últimas canciones, lo he citado en otra entrada: Kafka en la tasca, la rima del año). De su música me quedo sobre todo con sus primeros discos: esas guitarras rítmicas, que con su avance imparable sólo refuerzan la indestructibilidad de la nervadura melancólico-melódica; esas castañuelas en bucle para los estribillos; y quizás, ante todo, esos organillos infinitos... Después, claro está, de la forma única de cantar de Antonio Luque.

Somos legión los que opinamos así (Diego, Álex, Hueso...): Chinarro + The Cure= mejor. Sus dos últimos discos son maravillosos. Pero los primeros...

Vuelvo a él. De forma no tan obsesiva, pero vuelvo a ratos. Hipnotizado. Fascinado. Una y otra vez.

martes, 26 de junio de 2007

Más sincronías (y tonterías)

Buscando imagen que acompañe a la entrada anterior me topo con
esto:

Más gatos, más Burroughs (el último, de verdad) y un homenaje


Homenaje a An(n)a(Livia-Plura)Bel(le), la mujer que se ríe automáticamente si le dices la palabra ojete:

Afuera oscurece y el viento pasa del gemido de un gato a un alarido. Rosa extiende su capa como un lémur planeador, navegando en ráfagas de viento a través del valle, más rápido, más, sobre un chorro de pedos sulfurosos y llameantes, cruzando el cielo como un cometa, propulsado por millones de pedos animales que brotan de él raudos y ardientes.
Tierras del Occidente
(Me he puesto un poco pesado con el viejo Bill porque hacia tiempo que no lo leía, hace un par de años conseguí esta novela en un saldo y el estupendo Afterpop de Eloy Fernández Porta me ha hecho acordarme de ella. Supongo que he estado citando párrafos, además de para compartir mi placer, por demorar un poquito más su lectura, una lectura que ya, ay, he finiquitado. Así que dejo de darles la lata con él un tiempo.)

Yoshimi combate a los robots rosa

¡Yoshimi cumple dos años!

Isolda, a la derecha, deberá esperar un mes para su primer aniversario.

(La foto, por cierto, no está preparada: de esta guisa me las encontré a los pies de la cama, una mañana al despertar, y minutos después en el sofá, mientras yo tomaba el café y rezaba mis oraciones de la mañana a San Google: me di cuenta que me habían seguido sólo para reconstituir cerca de mí otra vez su abrazo: ya no pude evitar robarles un poquito de alma para fijar la escena).

lunes, 25 de junio de 2007

Kunuk


-Este hombre quiere un amuleto de perro -dice Alí.

El viejo sonríe, enseñando unas encías desdentadas.

-Lo necesita. Pude seguir vuestro recorrido desde el río. Bueno, hay amuletos, claro... Pero un amuleto vale sólo lo que su propietario. Puede ayudar, como un arma. Tenemos a la diosa gata Bast.

Indica un dihujo de colores chillones que hay en la pared, en que aparece Bast con una guadaña, hundida en sangre hasta las rodillas... Un mar de sangre que llega hasta el cielo.

-Por cada diosa, hay también un dios. Pocos conocen al Dios Gato Kunuk, y es más fuerte por ser desconocido. Un dios conocido, sabe, tiene tantas peticiones que eso debilita su poder.

Kunuk es más pequeño en el dibujo (uno cincuenta de altura), está cubierto de un pelo suave y plateado, tiene los ojos como ópalos. Lleva una guadaña y es muy dado a lanzarla de modo que corte una cabeza y luego vuelva a su mano. Es un malabarista y es capaz de mantener en el aire tres hoces.

Se trata de un espíritu salvaje, libre, caprichoso. Dominado por gélidas pasiones. En manos de un hombre débil o timorato, su amuleto es peor que inútil, pues atrae ataques que Kunuk se niega a afrontar. Una disputa demasiado insustancial detiene su hoz, o sus zarpas terribles de siete centímetros que pueden abrir las entrañas a un hombre con un golpe rápido. A veces decapita perros y juega con las cabezas haciendo malabarismos en remotos mercados ambulantes.

Su voz es tan cortante y afilada como su hoz. Pocos son capaces de oírla y menos aún de imitarla. Ningún perro puede soportar la voz de Kunuk. Es como si les clavasen agujas al rojo en las orejas hasta hacer brotar la sangre de la nariz y de los ojos. Para un gato la voz es una caricia delicada. Se arquean y gimen y ronronean. La forma más rápida de aproximarse a Kunuk es a través de su voz.


Tierras del Occidente, William Burroughs

(Traducción de José Manuel Álvarez Flórez)

Ilustración de Jeff Faerber

PS: Quiero hacer notar, por Venus, que no he encontrado en Google ninguna imagen de este Basthet masculino llamado Kunuk...

domingo, 24 de junio de 2007

Más allá del cuerpo físico


Éste es el paso evolutivo lógico. El cuerpo físico no está proyectado para condiciones de espacio en la forma actual. Es demasiado pesado porque le estorba el esqueleto que tiene para mantener la posición erguida en un campo gravitatorio.

Las estructuras políticas son cada vez más incompatibles con las condiciones de espacio. Están cortando inexorablemente nuestros cabos salvavidas con el espacio al imponer una uniformidad de entorno que impide mutaciones evolutivas.

La teoría puntuacional de la evolución sostiene que las mutaciones aparecen muy deprisa si está puntuado el equilibrio. Peces trasladados de un entorno a un contexto completamente nuevo y distinto presentaban una serie de alteraciones biológicas en unas cuantas generaciones. Pero al añadir más peces se restableció la uniformidad. Las alteraciones se producen como reacción a una alteración drástica del equilibrio en grupos pequeños y aislados. Los grupos aislados son asimilados todos inexorablemente en una uniformidad global de entorno.



Tierras del Occidente, William Burroughs


(traducción de José Manuel Álvarez Flórez)

sábado, 9 de junio de 2007

Más bucles no: EL bucle






... retorno, eterno femenino, eterno retorno, eterno femenino, eterno retorno, eterno femenino, eterno retorno, eterno femenino, eterno retorno, eterno femenino...

jueves, 7 de junio de 2007

Filatelia, tresillo, billar

Los que escribimos para nosotros mismos sin esperanza apenas de llegar al público grande, ni al pequeño, sostenemos nuestro entusiasmo literario o por una gran fe, la cual generalmente no responde a lo deleznable de la obra, o por un espítitu de curiosidad mezclado con un tanto de egotismo.

Yo, por mi parte, no tengo fe alguna en mi obra; pero, en cambio, siento una gran curiosidad por todo lo que está cerca de mí, y nada tan cerca de mí como yo mismo.

Por este espíritu de curiosidad contemplo el modo de representarse en mi inteligencia las cosas del mundo, como quien asiste a una función de magia, unas veces amable y jovial, otras pesada y aburrídisima.

Comprendo que la ocupación no es muy útil ni beneficiosa; pero, en calidad de sport, no está muy por debajo de la filatelia, del tresillo o del noble juego del billar.

Todo esto dejó escrito Pío Baroja a la altura de 1904. Me entero a través de la bitácora de Manuel Vilas que Kafka, coetáneo de don Pío, tenía moto. Lo cual no implica que necesariamente fuera un macarra ni un hortera ni fuese a toda hostia por la carretera, pero mola pensar que sí, que va camino de esa tasca del Sr. Chinarro, la de la mejor rima del año ("yo miraba al castillo/y me creí Franz Kafka/y escribí una canción/que acabé en una tasca"). Los meto a todos en dicha tasca, después de que canden sus respectivas motos en la puerta, para que pasen el resto de la tarde jugando al billar, entre tresillos y aguardiente, de espaldas a esos espejos art-decó que, tal y como filmó Jean Cocteau en Orfeo y así lo saben quienes la han visto, son puertas al infierno.

jueves, 31 de mayo de 2007

Más poetas secretos

Mientras Antonio Aguilar, Antonio Lorente y un su seguro servidor terminamos de poner a punto el blog con nuestras investigaciones sobre la antología apócrifa de poetas murcianos del quizás también apócrifo Amancio Vespertino, y tras ofertarles aquí un enlace por si les apeteciera escuchar dichas investigaciones radiadas, les sirvo los últimos papeles que he pergeñado al respecto, acerca de la autora en concreto que nos ocupó en la tarde de ayer.

ESPERANZA ESPEJO


Si desde su mismo nacimiento, en el Valle de Ricote, ya es una celebridad en los alrededores, se debe a dos circunstancias: es hija de la curandera de la zona y tiene el pelo albino. Así como los espejos o la propia esperanza, que los vecinos tienen cifrada en el albor del futuro y aun del cielo: esperan nubes, nubes blancas que se tornen grises y traigan la lluvia.

Pronto la niña demuestra sus aptitudes para la poesía, ganándose la admiración del pueblo al componer con siete años en formas métricas depuradas, variadísimas y formalmente perfectas. Sólo el cura del pueblo se amosca con las efusiones líricas, no tanto por dicha perfección formal, que alguien de su formación no podía más que juzgar cuasi diabólicas, como por determinados giros paganizantes en las imágenes.
Deberá venir el maestro del pueblo para deshacer el entuerto: la chavala recompone, más que compone, poemas de Rubén Darío. El misterio estriba en que Esperanza no ha podido tener acceso al vate, no hay libros en su casa ni biblioteca en el pueblo, y los pocos aficionados de la zona sólo recitan de memoria, de tarde en tarde, autores románticos como Bécquer o Ferrán. A lo más lejos que llegan es a Campoamor.
Por supuesto, el maestro comunica el misterio a los padres con carácter privado: no quiere líos con las autoridades locales. Teme que Darío resulte demasiado avanzado para ellos, pues aun cuando Valle-Inclán, en su etapa carlista, estuvo por allí, todavía la muchachada del pueblo insistía en tironear de su luenga barba.
A través de las memorias de dicho maestro, publicadas por la Residencia de Estudiantes, Amancio Vespertino puede elucidar todos estos puntos para la posteridad. Pero es en un estudio reciente de nuestro Vespertino que podemos informarnos de un hecho aún más insolito, que el propio Amancio duda si creer: un manuscrito de Valle-Inclán relata la vuelta del inmortal autor a Ricote, esperando que las barbas de los muchachos hubiesen a la sazón crecido para poder tomarse justa venganza y se pasma al encontrarse con una muchacha de apenas trece años, albina como la leche o la luna de abril y con la mirada algo extraviada, que recita como en trance a Teresa de Jesús.
El propio Valle se entrevistará con la madre, quien a espaldas del padre, cada vez más asustado del carácter de la hija y su inopinado don, relata al gallego que la propia abuela de Esperanza poseía habilidad como médium y era raptada por espíritus pizpiretos. También le suplica discreción, pero nuestro autor no puede reprimir su entusiasmo y propone al padre llevarse a la chica a la capital. El padre, en este punto, saca a relucir su garrote, que antaño le sirviera para espantar rapaces, y Valle, que a tenor de sus escritos nadie duda de su arrojo, prefirió poner pies en polvorosa, acaso porque ya hubiera perdido el famoso brazo, famoso in absentia, en otra reyerta.
El siguiente en intentar hacer notorio caso tan singular fue Gómez de la Serna, que se sintió apelado de forma directa cuando Esperanza publica en un periódico local, siempre de espaldas al padre, algunos artículos cuyo estilo es prácticamente un plagio de su pareja la escritora Colombine, con la particularidad de que dichos textos, aun sin haber sido escritos por la insigne escritora, revelan confidencias, datos y sensibilidad que don Ramonísimo sabe de su señora y nadie más. Si no interviene la propia autora, que al fin y al cabo debía sentir el caso aún más personal, no se nos sientan afrentadas las feministas, que Colombine no es sospechosa de laborar en su contra: es que la buena mujer era algo supersticiosa.
El cachiporrazo que no se llevó Valle, se lo llevó Gómez de la Serna. Esperanza, afectada, decide huir con apenas quince años. Vaga por todo el país.
Logra salvar el tipo porque su aspecto aterroriza a los maleantes de caminos, y al emplear con ellos la misma razón que da por los pueblos para conseguir el poco de comida que le permite subsistir: recitar en trance autores del pasado. Su leyenda crece. A los autores del pasado los recita de forma literal; Menéndez Pidal afirma que con ella se podría reescribir la historia entera de la lírica española, incluyendo material perdido de nuestra Edad Media, sin saber el erudito que, efectivamente, matiza Vespertino, pero aún más: pues en traducción, también la poesía de todo el orbe. A los autores del presente los imita, raptada acaso por espíritus paralelos, horizontes desconocidos de lo posible, líneas alternativas que acaso dicen más y mejor de esos autores. Menos compasivos que los académicos, dichos autores arremeten en pliegos contra ella.
Poco más se sabe del caso, o más bien mis compañeros se me van a amoscar, pues para una vez que abrevo de la misma fuente que ellos y traigo los deberes hechos me paso en extensión. Sírvame todo ello como disculpa, no por tanto por mi pereza: así es el venero, que rompe a brotar y no conoce barreras. Dicen que Esperanza bajó de los montes, cercana a la treintena, tras algún tiempo desaparecida, y que tintó sus cabellos y moderó sus raptos, sintonizándolos con coplas y otros géneros líricos menos llamativos para el populacho que acaso autores como Vázquez Montalbán no consideraban menores, Vespertino sí y yo tampoco. Dicen que don Carlos Alvar, en magistral conferencia en Murcia, años ha, topose con una mujer avejentada que, en el turno de preguntas, arrobada, mezcló una canción de Rosario Flores con una composición en lengua de oc. Alvar creyó retroceder siglos enteros por un instante y estar ante la mismísima Leonor de Aquitania. Los ojos de la mujer brillaron de forma misteriosa cuando sus miradas se encontraron y antes de que se levantara y desapareciera renqueando por uno de los pasillos laterales, unos ojos blancos como el espejo en el que se mira el buen escritor, blancos como el futuro de los que, a pesar de todo, mantienen la esperanza viva haciéndola residir arrobada, arrebatada, en la belleza.

martes, 29 de mayo de 2007

Antologado sido he


Pueden tomar otro pedazo de mí si se dirigen a la macroantología en red "Las afinidades electivas".


(Ilustración de Amy Crehore, vía "Las insólitas aventuras del pez". También ésta:)




sábado, 19 de mayo de 2007

El paseo


Te he estado buscando durante horas y la ciudad estaba vacía, una ciudad fantasma. Cuando he comprendido que ya no iba a encontrarte era de noche, y sólo entonces me he dado cuenta de que me rodeaban cientos, miles de personas; aparecían poco a poco, uno a uno, y comprendía que siempre habían estado ahí: de un lado para otro, ajetreados, febriles, sumidos en sus propias pasiones, en sus locuras privadas, en sus risas, en su olvido.


Habían pasado horas, quizás toda una vida. Asustado, he vuelto a casa.

viernes, 18 de mayo de 2007

Tris-me-gis-tus!


¡Qué sueño hace hoy! Pero no me importa, y no porque lleve torta sino debido a que, en mis ratos libres y en el tren, sobre todo -ese dorado invento que me ha permitido perpetuar todo el año el lujo veraniego de leer, leer, leer, dos horitas extras y en exclusiva cada día, sin miedo a sumergirme en tochos ni tocomochos, menudo verano pasado con Thomas Pynchon, ya que sajones estamos, menudo de bien, de gigantesco-, ando con un libro al que ya le tenía ganas, ya, y todas mis expectativas no sólo no se han visto defraudadas, sino que aún se ven multiplicadas al infinito, todo el que cabe, por ejemplo, en una digresión -ese tapiz que se dispara en múltiples direcciones, por parafrasear a Enrique Vila-Matas-, placer condimentado además por unas excelentes anotaciones de Javier Marías.

De Zoyd -"¡Sigue soñando, Zoyd!"- a Zounds! -"Z______!"- la castaña caliente sigue su camino.

¡Que qué pereza y qué sueño pero me da lo mismo, que hoy no me busquéis, que estoy con el Tristram Shandy!

¡Ea!

sábado, 12 de mayo de 2007

El río


Habían pasado muchos años, quizás ya habíamos muerto. Me acerqué hasta el borde de la balaustrada de metal para mirar el curso del agua debajo, no sé qué tiempo estuve abstraído en la espuma y los remansos, en su puro fluir, pero en un momento dado vi que ella, cerca de mí, apoyada también en la barandilla, observaba el río.


No dije nada, estaba harto de las palabras, tampoco quise mirarla demasiado, no iba a molestarla, llevábamos demasiado tiempo sin saber nada el uno del otro y a esas alturas sólo podíamos resultarnos unos perfectos desconocidos. Durante un instante, sentí que se giró para mirarme. Deseé que así fuese, que se apercibiera un instante, sólo un instante, de mi presencia, y después que se volviese, que siguiera mirando el agua.

sábado, 5 de mayo de 2007

Insert Coin (s-in in-) -cidencias


Así que nos vamos a Madrid a pasar unos días, entre otros tumbos y retumbos nos acercamos al MACBA a ver la estupenda exposición "Los cinéticos" y hete aquí que también hay otra de Chuck Close: retratos hiperrealistas de amigos suyos entre los que se cuenta un tal "Phil".

En el mismo viaje encuentro el Diccionario de símbolos de Juan Eduardo Cirlot a buen precio, edición en rústica, y las dos primeras horas de la vuelta en el Talgo, el martes por la mañana, las invierto en hojearlo y leer entradas al azar. Un goce multiplicado por sus ilustraciones. Soy fan de este poeta desde que leí sus variaciones sobre las golondrinas de Bécquer. Esa noche, ya en casa, veo un documental estupendo en La 2 sobre la depresión, de ese tipo de trabajos en los que la exquisitez de su factura coloca la balanza del lado de la creación. Lourdes Cirlot, catedrática de Historia del Arte, aparece en él; remata su intervención de forma bastante emotiva, recitando un par de versos de su padre.
Al día siguiente, por la tarde, veo que el Heroes de Eno y Bowie que "Phil"-ip Glass arreglara a su manera (homenaje en el que la balanza, nuevamente, vuelve a caer del lado de la creación, prefijo "re-" delante), está en la colección Naxos (Orquesta Sinfónica de Bournemouth dirigida por Marin Alsop). Una ocasión fantástica para escuchar otra versión más.
Junto a este disco, y en la misma colección, está el de Hildegard Von Bingen, mística alemana sobre la que ha escrito bastante Victoria Cirlot, otra hija del poeta. Son tonterías, quizás, sincronías que uno mismo se arregla, supongo, sobre lugares que ama. En sucesos así, hechos diminutos, uno detrás de otro, se me pasan los días, me gusta que me pasen, y aunque yo me quede me quedo un poco menos, me dejo pasar en ellos. Tararará-tararará-tararará... (Bucle que se extiende a lo largo de los próximos minutos, que nos arrastra y nos lleva)

domingo, 15 de abril de 2007

Gracias, David


Llevo toda la semana escuchando el Heroes de David Bowie. Sin saltarme siquiera Beauty and the beast, como solía hasta ahora.

Llevo toda la semana pensando en aquel cuadro de Ponce de León que tanto me impresionara la primera vez que visité el Reina Sofía, y pensé en dedicarle un post que, sin palabras, incluyese sólo ese cuadro, éste:

















¿Título del post? Always crashing in the same car, de otro disco de Eno y Bowie que he escuchado varias veces esta semana que acaba, Low.

Después pienso en Heroes otra vez, en Joe the lion y en Blackout, sus dos canciones que siempre he preferido. Pero ahora sé que mi preferida es la evidente, la que me harté de escuchar en la colección de singles que fue el tercer disco de Bowie que conocí canción a canción, una y otra vez, el primero que se adentraba en sus viejas canciones -el primero que escuché, por imperativos de edad, fue Never let me down.

Heroes, claro. Siempre.

(Gracias, Brian, Robert y David)


HEROES


I, I will be king
And you, you will be queen
Though nothing will drive them away
We can beat them, just for one day
We can be Heroes, just for one day

And you, you can be mean
And I, I'll drink all the time
'Cause we're lovers, and that is a fact
Yes we're lovers, and that is that

Though nothing, will keep us together
We could steal time, just for one day
We can be Heroes, for ever and ever
What d'you say?

I, I wish you could swim
Like the dolphins, like dolphins can swim
Though nothing, nothing will keep us together
We can beat them, for ever and ever
Oh we can be Heroes, just for one day

I, I will be king
And you, you will be queen
Though nothing will drive them away
We can be Heroes, just for one day
We can be us, just for one day

I, I can remember (I remember)
Standing, by the wall (by the wall)
And the guns shot above our heads (over our heads)
And we kissed, as though nothing could fall (nothing could fall)
And the shame was on the other side
Oh we can beat them, for ever and ever

Then we could be Heroes, just for one day
We can be Heroes
We can be Heroes
We can be Heroes
Just for one day
We can be Heroes

We're nothing, and nothing will help us
Maybe we're lying, then you better not stay
But we could be safer, just for one day

Oh-oh-oh-ohh, oh-oh-oh-ohh,
just for one day
We can be Heroes
















(Nota: no he podido conseguir una foto en la que Robert Fripp estuviese junto a Bowie y Eno. El que está en medio no es el de los Chichos, sino Tony Visconti. Gracias también a él: esta noche, con Antonio, he estado escuchando Space Oddity. Y gracias también a Neu!, cuyo Hero escucho muy a menudo. Y gracias a... Y gracias a... Y... Y...)

sábado, 14 de abril de 2007

El hombre que mató a Kurt Vonnegut



Compro mi primera novela de Kurt Vonnegut y al día siguiente se muere.

Requiescat in pace y larga vida en los infundibula crono-sinclásticos de tus libros, Kurt.

"Si tuve alguna vez la sospecha de que Dios existe, fue gracias a la música".
K. V.

domingo, 8 de abril de 2007

Deep hit of the morning sun

Llamaron exigiéndome poemas, relatos, sonetos y haikús, novelas río,
tostones posmodernos, palabras que entretuvieran nuestra espera de la luz,
-ni el Uno ni el Ser sino un buen juego de piernas, Sr. Cooper,
un buen juego de piernas será fundamental-,

vinieron a esta sala de espera llamada purgatorio, al club de los lectores de la ciencia-ficción
-y al tercer día Roberto Bolaño ascendió a guía y patrón de la Multiversidad Desconocida
pero si me gusta Philip K. Dick ahora estoy con Ursula K. Leguin-
¿y todo para qué?

Obras maestras, filosofía futura
y así la piedra canta y tal y tal.
Más kilos de papel impreso.

Denos sus ideas, me decían, sus palabras,
estamos aguardándolas como agua de mayo,
piense y hable, escriba,
todo depende ahora de usted.

Pero aún es abril, y aunque no sé todavía quién parará la lluvia
sé que me queda al menos un día de descanso.

Tras imprimir a las persianas un cierre moderado,
imito al gato
y vuelvo a la cama.


(banda sonora: Primal Scream a ritmo de bossanova y volumen muy suave)



miércoles, 21 de marzo de 2007

El mejor secreto guardado (hasta ahora) de la literatura murciana

He aquí un ejemplo de la antología apócrifa de la literatura murciana que Antonio Lorente, Antonio Aguilar y un servidor (en el caso del poeta antologado que sigue, responsabilidad -penal, si la hubiere- de un servidor) estamos realizando en el programa La radio se mueve de Onda Regional, de seis a siete de la tarde miércoles sí miércoles no, bajo los auspicios, cada vez más curados de espanto aunque igual de perplejos, de maese Jacinto Nicolás. Entren por su propia voluntad.
LUCAS BARTA nace en la década de los 50, no se sabe con seguridad en qué año pues en la reseña biográfica de la solapa de cada uno de sus diez libros se afirma un año distinto de dicha década ni en qué lugar exacto pues otro tanto sucede con los nombres de pueblos citados -diez distintos de la región de Murcia. Tras unos estudios inconclusos de oceanografía en Londres regresa a su pueblo, que es decir uno de los diez, aunque en este punto hay que decir que Amancio Vespertino, nuestro ínclito y subterráneo antólogo, se inclina por Totana; allí fomenta y lidera una tertulia en la que pronto es apodado “El indeciso”. La mayor parte de la tertulia la conforman poetas, florales a mayor exactitud. Revelador resulta el dato, exacto también esta vez, y revelador dada la propensión de los poetas en general al narcisismo y a hablar de sus propios libros, de que es expulsado de ella por narcisista y hablar insistentemente de sus propios libros.

De cada uno de estos diez libros existen diez versiones distintas, todas ellas sufragadas por un cada vez más mermado capital familiar. Extraemos algunos ejemplos de variaciones líricas, debidamente catalogadas, de los recogidos por Tobías Martín en su artículo Con Barta nos basta publicado en la revista lorquina Tontolín en mayo de 1989:
Dejé la vida en versos (romanticismo y metaliteratura)
Dejé la vida en veros (amor)
Dejé la vida en veras (política)
Dejé la fusta en veras (palinodia)
Dejé la fusta en peras (erótica)
En un bar de carretera, entre Totana y la Hoya, inicia un pulso con un camionero lector de Juan José López Ibor que a la sazón fundó en Caravaca la Sociedad de Camioneros Lacanianos, según algunos malintencionados intérpretes para dar réplica a la Comunidad de Modistas Junguianas de Calasparra. Al parecer, dicho señor intenta desacreditarlo con tal procedimiento, el oficial según las actas de la Sociedad, al sentirse retratado en el protagonista tatuado, monologante y buscalíos de una pequeña novela filosófico-pornográfica firmada por nuestro autor y ofrecida como obsequio en los paquetes de magdalenas de la empresa de un primo suyo. Los ex-compañeros de tertulia de Barta deciden apoyarlo y le dan refriegas con zumo de limón por la frente y su escuálido torso durante los veinte segundos que dura el enfrentamiento. El fracaso es sonado.
Otros dicen que es un tísico quien lo vence, enviado en secreto por la Comunidad Yeclense Luterana para desacreditar al autor de tantos versos obscenos y enemigos tanto del trabajo como de la predestinación. Lo cierto es que el fracaso en el pulso consigue lo que no su fracaso como poeta: hacerle perder la cabeza. Proyecta un viaje a Kansas para reescribir la Odisea invocando a la Bruja del Oeste como análoga de Calíope, musa de Homero, pero su herencia familiar queda extinta con los últimos ejemplares de su novela, secuestrada por la Sociedad de Camioneros Lacanianos, así que reúne los volúmenes que le quedan de los restos saldados de las diez versiones de sus diez libros y con el monto reunido llega hasta Librilla, donde conoce a un tipo que afirma ser el crítico oficial del pueblo y promete antologarlo a cuenta del municipio. ¿Amancio Vespertino? No, un impostor que se hace pasar por su hijo para que lo contraten en las fiestas del pueblo como DJ y rapero y que decide continuar la impostura al conocer a nuestro autor. Le da un arma de fuego para que lo acompañe como teatral comparsa en un concierto sorpresa en el Festival de Hip Hop de Cartagena y nuestro autor, que es emborrachado por la chiquillería asistente, mata por error al impostor sobre el escenario. En la cárcel su demencia se agrava, según Jennifer González, quien cita las siguientes variaciones líricas de nuestro autor en su conocido libro About deconstruction over amarillensis media tractorisque:
El palio baja y paja me hace pollo,
Humo, coñac y sombra de putas mañaneras.
El pollo baja y raja me hace al bollo,
Humo, rociar y sombras de tantas aceiteras.
El tallo paja encaja el zampabollos,
Humo, callar y sombra de nuestras cigarreras.
También en presidio concibe la idea de un gigantesco acuario en el que arrojar los cadáveres de todos aquellos críticos que no reseñaron ninguno de sus 101 libros. En este punto, por fortuna, aparece el auténtico hijo de Amancio Vespertino, quien conoce a nuestro autor al actuar en Sangonera con su grupo Recitadores y Recapacitadores y queda impresionado (¿trastocado?) cuando Lucas salta al escenario alzado por el resto de los reclusos para declamar su penúltimo trabajo, “Oda sin poda pero sí con coda”. Le hace llegar a su padre algunos de sus libros, y éste decide antologarlo. Lucas Barta no puede esperar a ver al fin recompensado su trabajo y sufre un colapso nervioso.
La localización de su tumba, hoy día, resulta problemática, pues nueve pueblos distintos de la región de Murcia reclaman la autenticidad de los restos que dicen ostentar en sus respectivos cementerios de nuestro poeta. Otros dicen que su cadáver flota en el edificio cegado, tapiado e inundado de algún bar de carretera entre Gerona y Almería, junto a otros cadáveres de poetas anónimos, hipotética obra conceptual que nadie ha visto y algunos atribuyen al artista británico Damián Hirst los días pares y a la artista interdisciplinar la Chunga los impares.

sábado, 10 de febrero de 2007

Presentación de "La Hermogeníada"



Ayer viernes presentamos la última novela de Javi en la Biblioteca Regional de Murcia. Justo antes de que él realizase lo que él mismo denominó un "trailer" de la misma, yo leí el siguiente texto (por cierto, el sábado 24 de este mes, por la mañana, quedáis invitados a la que realizaremos en La Central del Reina Sofía, en Madrid):


Conocí a Javier Moreno en una reunión de la revista Thader o, más exactamente, al salir de dicha reunión. Era un tipo poco más o menos como ahora, sólo que sin barba ni pelo largo, y a pesar de que parecía casi tan tímido como yo se me acercó para decirme “Rimbaud”. No recuerdo lo que dijo antes de eso, y de todo lo que dijo después sólo recuerdo que repitió “Rimbaud”, Rimbaud”, “Rimbaud”. Un tipo interesante, Moreno. Le gustaba Rimbaud y había escrito un cuento, “El teorema de Fermat”, que Joaquín Baños, director de la mencionada revista junto a Cristina Morano y animador de la entonces joven literatura murciana, le había alabado.
Al llegar a casa leí el cuento y pensé: “Borges”, “Borges”. Era un buen cuento y además estaba protagonizado por un matemático, un aviso de lo que vendría. Pocos años después tuve oportunidad de leer un poemario suyo titulado “La elocuencia del azar”, en un volumen del Murcia Joven en el que yo figuraba con un relato en el que no dejaba de decir “Burgess”, “Burgess”, mezclado quizás con Jesús Ferrero. En esos versos había ya no un matemático, sino matemáticas, y física cuántica, muchos otros elementos, pero ante todo poesía de alto voltaje. Moreno era un tipo osado, sin duda. Yo fui a la entrega de premios -gloriosa fiesta en el Casino, por cierto, allí conocí por ejemplo a este tipo- pero él no. Tuve que esperar otros pocos años para volver a encontrármelo. Cuando eso sucedió, de hecho, no lo reconocí, y él creo que tampoco a mí. Yo trabajaba en un bar y él cenaba y cerveceaba en la barra con una chica de aspecto hindú. Él parecía más bien griego, ya con su barba y melena características. Delante de unas botellas, en un lugar bien visible y a pesar de la prohibición expresa de mi jefe, yo había dispuesto un ejemplar del fanzine que por aquel entonces hacía con unos amigos, Casa Subterránea -el consejo editorial, por decirlo de algún modo, lo formábamos Diego, que es decir el tipo de la foto de la derecha, Antonio y yo; los textos literarios los aportaban, además, otra mucha gente-. En realidad, un ejemplar de prueba, impreso esa tarde. Las prisas que impone la ilusión, supongo. Ambos se interesaron por ese montón de páginas mal grapadas, y hablando nos dimos cuenta de que ya nos habíamos conocido.
Pero en realidad todavía no nos habíamos conocido. Aunque ya no pasaron años, siquiera pocos, para volver a encontrarnos, creo que hubo una tercera vez para encontrarme con Javier, y ésa fue cuando leí su primera novela: “Buscando batería”. Una novela en verso que cita en el inicio a Heidegger, siquiera con ánimo de choteo, eso era demasiado para mí. ¿He dicho demasiado? Qué va, eso no era nada. En el intercambio de mecanoscritos que acostumbramos a hacer cuando él venía de Madrid para pasar el fin de semana, a mí me tocó en suerte un momento dado un taco bastante grueso intitulado “Títeres”. Javier, tengo que confesártelo: no me enteré de nada. Volvía las páginas hacia atrás para retomar un hilo que no sé si había llegado alguna vez a coger y era como si hubiese avanzado en realidad. Al avanzar, parecía retroceder Aquello era como una cinta de Moebius: creías estar dentro y te quedabas fuera. Parecía como si, tras el costumbrismo alucinado y a ratos psicótico que, a golpe de letanía eléctrica, había llevado a cabo con su primera novela, quisiese quemar definitivamente la Stratocaster y dirigir sus preguntas y perplejidades a un terreno de pregunta indefinida, infinita, definitiva.
Pero no me hagan mucho caso. No entendí aquella obra y además aquellos folios sin coser, tras caerse al suelo, quedaron desordenados. Intenté devolverlos a su orden original un par de veces y me apercibí que la numeración era imposible: la aludida cinta de Moebius o, más aún, un acto de pura magia. ¿Cómo fiarse de alguien que ha crecido entre números? ¿Y si, además, les digo que a este chico le va, entre otras muchas cosas, el esoterismo?
Empezaba a revelarse el caosmos. Si la novela ha sido definida como un género en el que cabe todo, Javier estaba empeñado en que, efectivamente, así fuera. Y yo me sentía como si me hubiesen requerido para un viaje interestelar y sólo contase para hacerlo con un patinete. Discutíamos mucho por aquella época, como ya he sugerido en el prólogo a la novela que hoy presentamos. Yo decía “Vila-Matas”, “Vila-Matas”, y él respondía: “Gombrowicz”·, “Gombrowicz”. Y luego descubríamos que a Vila-Matas le apasionaba Gombrowicz. Las brumas se iban disipando. De mi última novela, él decía que se parecía por su sentido del humor a Kurt Vonnegut. Yo, sencillamente, no sabía con qué demonios comparar las suyas. Empezó una tercera y me aseguró que esta vez la entendería. Es la novela que nos ocupa, pero antes de hablar de ella aclaro que después ha escrito dos más, “Autómatas” y “Museo” y un libro de cuentos, “Atractores extraños”. Quiero dejar esto claro para que ustedes se hagan una idea de la clase de tipo que tienen delante. Dejaremos para otra ocasión su poesía. Uno no deja de conocer tipos distintos de Javier Moreno. Todavía no hace mucho llegué incluso a ponerme nervioso cuando supe que hubo una vez un Javier Moreno de quince años que leía obsesivamente libros sobre ovnis. Digo nervioso porque yo, con quince años, padecía una obsesión similar. Tuve que tomar distancia. Cuando él decía “Charles Berlitz”, yo le replicaba “Erich von Daniken”, “Erich von Daniken”. Pero dejemos en paz los misterios del universo y volvamos al género novelístico. Centrémonos en “La Hermogeníada”.
¿Qué decir de ella, sino que él único comentario posible de ella, tal y como quería Roland Barthes, sería el de repetir, una a una, todas las palabras que la conforman? Recurramos a la analogía: imaginemos a un personaje de los tebeos de Ibáñez aficionado a la filosofía, al mismo y camaleónico Mortadelo disfrazándose ya no de distintos filósofos, sino de la misma filosofía, o filosofías, puras o impuras, porque filosofía, y tú me lo preguntas, filosofía eres tú; imaginemos o mejor, y para sacar a pasear al fantasma, fantaseemos, que en lugar de emprenderla a martillazos, dicho personaje, para auscultar la realidad, se valiese de una pajarita de papel. Pensemos en Leopold Bloom cantando a Nino Bravo en su letrina, o más lejos de Joyce y más cerca de Miguel Espinosa, en los personajes de la “Escuela de Mandarines” rulándose un peta o en los de la “Tríbada” siendo protagonistas de un video-juego en el que el monstruo de la pantalla final es el principio cuádruple de la razón suficiente. Pero cuidado, porque el monstruo puede aguardar en cualquier lugar de la partida. Cuando a Godard le recordaban que toda historia debía tener planteamiento, nudo y desenlace, él respondía: “Sí, pero no necesariamente en ese orden”. Cuando a Rimbaud le requerían para que se explicara, él siempre respondía: “¡No sé hablar!”. Nuestro Hermógenes, sencillamente, diría: “Tralarí-tralará”.
Javier quiere que yo ahora le presente a ustedes a Hermógenes. Pues eso: que qué quieren que les diga. Que tralarí, que tralará. Que como toda presentación esto es un principio y lo que hay que hacer es empezar por donde importa, que es, tal y como quería Deleuze, por enmedio. Y que, en tiempos en los que si todo no es lo mismo desde luego sí que parece ser lo mismo, estamos ante una novela que no se parece a nada de los que está a disposición de ustedes en las librerías. Si el grado cero de la escritura no existe, Javier Moreno está dispuesto a elevar dicho grado a la potencia que ustedes, como lectores, tengan a bien dejarle. Pero cuidado, porque en la paradoja de Schrödinger, ustedes podrían acabar convertidos en el gato, tal y como le sucede al protagonista de uno de sus últimos cuentos. Uno de los muchos anuncios que se insertan en esta novela, una oferta concretamente, reza: "100x1, / ¡acabamos con la unidad! / (hasta agotar existencias)". Avisados quedan.

jueves, 1 de febrero de 2007

¡Excelsior!

Uno de los primeros tebeos que leí fue un ajado ejemplar de Los Eternos de Jack Kirby que mi padre tenía olvidado en algún cajón. Nunca olvidaré la épica grandiosidad con la que se presentaba a la cuarta hueste de los Celestiales o el heroico patetismo del rostro de Ikaris sufriendo la tortura neuronal de un monstruo con forma de pulpo acéfalo. Acabo de leer por primera vez la colección completa y no tengo palabras. No he dejado de recordar los grabados de Willliam Blake; Kirby era un visionario. Todos los personajes, además, son Doctores Manhattan. ¿Puedes imaginar algo así?

Mi primer libro de poemas se llamó Nuevos dioses como homenaje indirecto, en realidad sólo conocía a estos personajes a través de la versión de Mignola. Ahora tengo en la mesita de noche el primer tomo de la saga El Cuarto Mundo y siento esa emoción anticipada que despierta la seguridad de enfrentarse a una obra mayor. ¿Demasiada épica? Bueno, después de dos horas de ida y vuelta Lorca/Murcia releyendo en el tren La Hermogeníada de Javier Moreno estoy vacunado, formateado, libre y limpio de cualquier virus trascendentalista. Suena el Réquiem de Mozart, su Misa en do menor irá después. Me dispongo a viajar a los confines del universo, el planeta Tierra por ejemplo, para luchar contra las huestes de Darkseid y su propósito de hacerse con la ecuación antivida.