martes, 25 de junio de 2013
sábado, 22 de junio de 2013
El monstruo
Aceleran
en el telediario las imágenes del juicio a José Bretón, para mostrar
cómo todos allí mueven la cabeza y hacen gestos, por mínimos que sean;
todos salvo Bretón, que permanece congelado en medio del fast-forward:
es la culminación en la construcción mediática del más grave
supervillano, el monstruo absoluto, y su entronización más allá de las
leyes del tiempo a las que estamos sujetos todos los demás, pasajeros,
febriles, ridículos en el confinamiento de nuestra sencilla y gesticulante inocencia.
jueves, 20 de junio de 2013
La princesa triste
Cuánto
tiempo sin escribir. Me ha salido este principio para un cuento, a ver
qué os parece: LA PRINCESA TRISTE
La princesa está triste, eso lo sabe todo el mundo. El poeta de palacio ha tratado de animarla recitándole un poema improvisado. Un poema sobre cerezos en flor.
Dios mío, le ha dicho ella, ¿no se te ha podido ocurrir algo más trillado? Y es que los poemas sobre cerezos en flor, aclararemos nosotros, están bastante vistos, demasiado, en el Japón.
Lleva cuidado, ha continuado diciéndole, o el emperador te hará ejecutar.
Bueno, ha añadido, hace tiempo que el emperador no manda ejecutar a nadie. Pero lo mismo te llevas una hostia.
jueves, 30 de mayo de 2013
Nosotros, los telépatas
Este lunes, y entre veinte títulos más editados
por Suburbano Books para vuestro e-reader, podréis
encontrar mi librito `Nosotros, los telépatas´, que reúne dos relatos:
el que da título al libro y `John Holmes y el nuevo mundo´. Como los viejos singles, cara A y cara B. Cara A: telépatas, terrorismo y paranoia. Cara B: El célebre actor porno de los años setenta John Holmes, tras tres décadas desde su muerte, sale por fin del purgatorio y conduce por las autovías que llevan al cielo. ¡Espero que os guste!
jueves, 2 de mayo de 2013
La Patrulla-X, quincuagésimo cumpleaños
Gracias,
Patrulla-X, por todos estos años de entretenimiento y extraña,
imposible fascinación. Con vosotros leí por vez primera sobre clonación y
mutación genética, sobre telepatía y otros mil poderes fabulosos, inimaginables;
sobre días de futuros pasados y viajes por los confines del tiempo y el espacio, desde las alcantarillas de Nueva York donde habitan los Morlocks a la lejanas galaxias del imperio Shi´ar o del Nido.
Y sobre héroes
cuyas vidas nunca serán fáciles, sobre
redenciones de supervillanos y de malignas entidades que
cobran conciencia de sí mismas un instante antes de autodestruirse para
no acabar con todo el universo; y que, como nos enseñara también David
Bowie -en los mismos años 70 en los que vuestra trayectoria se consolidaba-, los trajes ridículos pueden resultar extrañamente fascinantes.
No en vano una de las palabras preferidas de Freud, unheimlich -¿imposible, incómodo, siniestro, inhabitable?-, adjetiva en inglés la cabecera de vuestra serie: uncanny.
Magneto y su Hermandad de Mutantes Diabólicos nunca tendrán razón,
imposibles Hombres-X. ¡Feliz cincuenta cumpleaños!
sábado, 27 de abril de 2013
El verano me da igual
Esta noche a las nueve, en mi recital de microrrelatos y proyección de dibujos en el bar El Secreto, podréis llevaros por dos euros este cuaderno con un(os) texto(s), un pequeño libro en realidad, que
escribí el verano pasado.
Os veo allí.
jueves, 25 de abril de 2013
domingo, 21 de abril de 2013
La muchacha francesa del violín
La muchacha francesa delgada del violín
se aleja río abajo a bordo de su barca
hecha de flores que un día llovieron sobre Notre Dame.
Adieu, adieu!, cantan las flores para mí.
Adieu, adieu!, me dicen la muchacha y su violín.
¿Puedo quedarme un poco más?,
pregunto a mi madre desde la orilla.
¿Puedo sencillamente no volver?,
le pregunto a mamá,
que me espera escondida en las montañas
desde que tengo cinco años.
Ha llegado la noche, estoy solo y hace días
que los violines dejaron detrás de sí
su rastro de flores
sobre un río que no puedo cruzar.
Siempre puedo contar con las montañas
a las que no voy a volver.
Hola, noche, hola, hola.
Ha llegado la noche,
refresca junto al río y yo también
quiero llover un día sobre Notre Dame.
lunes, 1 de abril de 2013
Una nota de lectura de `Los enamoramientos´ de Javier Marías
El personaje protagonista y narrador de la última novela de Javier Marías, `Los enamoramientos´, ve en una cafetería a alguien que le fascina, y detiene su atención en el hoyuelo que tiene en la barbilla; se acuerda, cómo no en Marías, de este u otro u otro más actor clásico, y se pregunta cómo meterá cada mañana la maquinilla de afeitar en ese hoyuelo; imagina que ella misma se levanta y se acerca y mete su dedo índice en el hoyuelo, para comprobar el afeitado. Y se me ocurre que Marías ha formulado aquí, en este detalle y punto de fuga, y sin pretenderlo -comprobar que el hoyuelo está afeitado, meter él mismo la maquinilla en el hoyuelo de la barbilla de su personaje-, toda su poética novelística.
domingo, 3 de marzo de 2013
lunes, 4 de febrero de 2013
Nana del niño que inventa su nana
Yo fui el hombre que exigió
las bragas de Catalina de Austria
porque perdió sus calzoncillos en Belgrado.
Hizo tanto frío, aquel invierno,
que los campos de arroz
los cubrían con mantas.
¡Qué noches delirantes
corriendo por valles peludos,
para llegar a tiempo al vals
en el castillo del monarca del arroz
y de las golosinas!
Ositos de peluche hacen la recepción,
anuncian a los invitados, ¡tan solemnes!
¡Una fiesta fantástica, Su Majestad!
¡Como un cuento infantil que no termina,
como un invierno interminable
para la noche de los cuentos y de las chimeneas!
Una noche muy agradable, desde luego.
Estuve en el país donde tapaban
las montañas con mantas
para que durmiesen en paz,
¿puedes creerlo?,
voy a decirle a Catalina
cuando por fin la encuentre.
Ardí como las teas en las noches románticas
de estudiantes borrachos y perdidos
en los libros de Kant.
Pronto será Sissí la emperatriz
de nuestra amada Jena.
Me condecorará como El niño Que Nunca Duerme,
aunque debiera hacerlo, va a decirme,
¡si ya la estoy oyendo!
Yo soy la luz que no deja dormir
a los niños de los cuentos de hadas,
el guisante de la filosofía
(popular),
y digo palabras que suenan mal
porque estoy aburrido:
Caca, culo,
bragas y calzoncillos.
Reyes, política, política.
No sé lo que me digo,
he sido un niño malo
y el adulto que soy va a castigarme
quitándome la tinta y el papel
para que no termine este poema
y me vaya a la cama sin cenar,
para que sueñe con dragones y princesas,
con todo lo que yo
quiera, pero sin molestar.
Pero persiste mi ebriedad.
Yo quiero levantarme.
Yo quiero buscar algo, lo que sea:
unas bragas para mi dama,
mis bravos calzoncillos
y una armadura reluciente
para marchar en busca de aventuras,
para buscar aquel cuento que no me cuentan hace tiempo,
no me lo cuentan de la forma en que me gusta,
dije, augusto. Proclamé.
Y vino Catalina de Austria para darme
una rosa, la rosa
de la delicadeza y la imaginación,
la rosa de las casas
reales de una Europa imaginaria
y sonreí. Mamá
suspiró con alivio.
Al fin iba a dormirme.
sábado, 2 de febrero de 2013
Conspiración sin fin
La conspiración ajena vuelve a ser la
construcción sobre el vacío en la que os aplicáis, Mariano. La realidad es una gran conspiración contra todos
nosotros, porque se empeña una y otra vez en contradecir aquello que
queremos que los demás piensen de nosotros. Somos pequeñas ficciones
hostigadas por el asedio de lo real, Mariano.
lunes, 14 de enero de 2013
Un poema
No te sirve, no se rinde.
"Miau".
-Qué.
"Miau".
-Qué,
"Miau".
-Qué.
Y así toda la tarde.
Oh súbditos de los reinos
de lo salado, el azúcar
es más que una costumbre un accidente.
Mira, quedan mundos
por descubrir en nuestra hambre.
No comunican, pero la pared
que los separa es muy delgada.
Unas veces se parece a vivir al aire libre,
flotando en ese aire.
Otras se parece a vivir sobre un tambor.
El cielo es una tarta horneada a medias
y quienes van a devorarla
aún intentan encontrar
nuevos senderos hasta la cocina.
Reserva tu entusiasmo para las camas elásticas.
"Miau".
-Qué.
"Miau".
-Qué,
"Miau".
-Qué.
Y así toda la tarde.
Oh súbditos de los reinos
de lo salado, el azúcar
es más que una costumbre un accidente.
Mira, quedan mundos
por descubrir en nuestra hambre.
No comunican, pero la pared
que los separa es muy delgada.
Unas veces se parece a vivir al aire libre,
flotando en ese aire.
Otras se parece a vivir sobre un tambor.
El cielo es una tarta horneada a medias
y quienes van a devorarla
aún intentan encontrar
nuevos senderos hasta la cocina.
Reserva tu entusiasmo para las camas elásticas.
jueves, 10 de enero de 2013
El orador
Vivía de mi labia.
Enmudecí.
Siempre me fue fácil hablar, expresarme delante de mi auditorio. Lo verdaderamente difícil era permanecer mudo, y un día comprendí que ese era mi reto, mi reto y mi trabajo, mi meta a conquistar.
Tiempo atrás, no fingía mi entusiasmo, y eso todo el mundo lo sentía. De ahí mi éxito, mi fácil ascenso, mi popularidad. Ahora mi tristeza es igualmente sincera. Bueno, supongo que todos se sienten decepcionados; me miran con pena, con incredulidad y con pena. Pronto empiezan a abuchearme, es predecible que tanta gente que te escucha empiece a incomodarse cuando tú los enfrentas mudo e inexpresivo. Se incomodan y se molestan. Me increpan y me insultan.
Esta tristeza es el rostro nuevo de mi entusiasmo. Su rostro definitivo. No entienden que, por fin, estoy haciendo mi trabajo.
viernes, 21 de diciembre de 2012
Tranquilidad (para el día del fin del mundo)
He despertado tarde,
muy tarde, pero no me importa,
hoy es el día más tranquilo de la Historia,
ha amanecido el día más tranquilo y luminoso
que ha brillado jamás sobre el planeta Tierra.
He despertado tarde, es ya muy tarde para mí
y no me importa,
porque sé
que al fin vamos a ser salvados.
Hoy es el día en que todos los hombres
seremos elegidos
santos, hijos de dios.
Hoy es el día en que todos nosotros
vamos a ser imprescindibles.
Amanece sobre las santas llanuras de la Tierra
y las ciudades del pecado.
Hoy es el día en que todos nuestros pecados
han desaparecido y aprendemos a perdonar
de la misma manera que
somos perdonados.
He despertado tarde y no me importa,
porque necesitaba descansar.
He comprendido que algo milagroso
ha sucedido hoy.
Mientras desayuno, lo siento
dentro de mí, por todas partes.
¡Qué tranquilo está el mundo!
Todos debemos de haber muerto ya.
Anoche bebí mucho,
lo confieso.
Bebí como si hoy
el mundo fuese a terminar.
Bueno, pues estaba en lo cierto,
el mundo ha terminado.
Liquidado en una quietud
terrible, sobrenatural.
¿Qué puede suceder después de esto?
Nada. Nada, amigo, porque
es el fin de la Historia,
el mundo ha terminado.
Termina ya tu copa y ven conmigo.
Duerme tu mona, el sueño de los justos
que merecen su borrachera
y despertar horas más tarde, más tranquilos,
tranquilos como budas, como cristos,
tranquilos como muertos.
Ven a dormir conmigo, voy a esperar a que despiertes
para que te sumes a la resaca del universo, tras la
borrachera
de su consumación definitiva en cada uno de nosotros.
No mires a tu espalda, olvida tus cuidados,
al fin somos amor.
Vamos ahora a descansar
tranquilos como muertos.
Cuando despiertes, yo
voy a estar esperándote aquí, en esta mañana
que va a repetirse para siempre
porque estamos salvados.
Todo ha terminado.
Todo ha quedado hecho.
También nosotros hemos terminado, hemos llegado ya.
¿Lo ves? Tranquilo, sí, tranquilo.
Van a venir a verte comerciales
para tratar de venderte la eternidad.
Abrázalos, diles que tú también
debías esforzarte para ganarte el pan
hasta ahora, pero diles también que todo eso ha terminado,
que de ahora en adelante, y para siempre,
tan solo sudaremos para hacer el amor.
Amor, amor tan solo y para siempre.
El mundo ha terminado, eres Historia, eres amor,
eres la carne de los muertos
que viven para siempre
como muertos enamorados,
como muertos que dejan de esforzarse
por retrasar su vuelta hasta el amor.
porque si amas eres el Amor,
y desde ahora vives para siempre
de la misma manera que nosotros
mientras, amantes, te esperamos.
jueves, 20 de diciembre de 2012
Un poema breve
Ya no salgo de casa,
ahora estoy en todas partes.
Lo visible en lo invisible.
El invierno, por fin.
Llego tarde a mi propio cigarrillo.
viernes, 30 de noviembre de 2012
Consideraciones sobre una conversación con C.
1.
Hablar con él consiste en defenderse de sus
acusaciones.
2.
Hacer de ese tipo de conversación la base de la vida social de uno.
3.
Quizás se trata de un ejemplo perfecto de
interlocutor desinteresado. Porque su conversación siempre gira en torno a su
interlocutor.
4.
Es un interés incómodo para cualquier
interlocutor, supongo: a nadie le gusta que le revelen, si es el caso, lo que a
uno le gusta hablar de sí mismo; y, en todo caso, verse obligado a hablar sin
cesar de uno mismo.
5.
Siquiera para defenderse.
6.
Tener que hablar de uno mismo exclusivamente para defenderse de sucesivas,
continuas acusaciones.
7.
Lo cierto es que la continuidad de dichas
acusaciones, su implacabilidad en el pequeño periodo en el que se extiende una
conversación con él, revela un interés meritorio hacia el otro. Un esfuerzo,
casi un plan.
8.
Si hablamos de un plan, hablamos también de
paranoia, de la sospecha de paranoia.
9.
Digamos que es alguien que logra extender la
paranoia allá donde lleva su conversación, cuando se acerca a uno para conversar.
Paranoia en torno a aquel que habla e inquiere y pregunta, o sea él, pero
también en torno a uno mismo.
10. Supongo
que hasta las personas a las que les gusta hablar de sí mismas acaban aburridas
de tener que hacerlo sin cesar, en esta suerte de conversaciones trampas que
siempre tiende C.
11. Creo
que siempre he visto a C. como un trampero. Tratarlo tiene algo de cansado,
porque supone el esfuerzo de tener que salir de una nueva trampa, cada vez.
Pero en la distancia y el recuerdo, tiene gracia. Me gusta C., me cae bien.
12. Una
confesión: en el hecho de que me caiga bien C. juega no poco a su favor haber
visto tratando de salir de sus trampas a otros.
13. Sobre
todo a gente que te cae mal. C. es un genio para hacerte disfrutar en este
sentido.
14. Hablar
con alguien cuya concepción de una charla informal consiste en preguntar,
alguien que pregunta de forma incesante y ese es su modo de conversar.
Preguntas como acusaciones. A menos que todas esas preguntas afloren de forma
natural como resultado de una soledad en la que C. piensa exhaustivo en los
demás, sus amigos y conocidos, y le surjan dudas que se siente impelido a
resolver cuando sale por fin de su soledad y tiene ante sí a los demás.
15. “Cómo
concibes tu situación como artista. Porque tú tratas de practicar el arte de
forma activa, tiene un papel importante en tu vida, debes de considerarte un
artista”. “¿Eres feliz? Porque yo siempre te he tenido por alguien que era
feliz. Salvo en algunos periodos, claro, circunstancias inevitables, recuerdo
algunas. ¿Eres feliz ahora?”. “¿Te llevas bien con tu hermano? Porque tú
siempre te has llevado mal con tu hermano, ¿no?, y me gustaría oír que las
cosas se han arreglado entre vosotros”. “Recuerdo que tu adolescencia fue
mítica para ti, siempre has hablado con devoción de ella”.
16. Porque
eché un vistazo a su colección de libros, desde el sitio en el estaba sentado,
él dijo: “No tengo muchos libros, me gustaría tener más. Y tebeos, me gustaría
comprar muchos tebeos que he sacado de la biblioteca a lo largo de estos años y
que me han gustado mucho, me encantaría releerlos, he buscado algunos pero ya
no pueden encontrarse. Tú tienes muchos libros, los compras de forma
compulsiva, yo no tengo mucho tiempo para leer, tú habrás leído muchísimos,
aparte de todos los que tienes”.
17. Le
respondí: habré leído la mitad de mi biblioteca.
18. Diría
que me miró burlón, pero lo cierto es que la mirada de C. siempre se te muestra
burlona. Añado esto sabiendo que puede ser interpretado como a) un intento de
que se me exonere; b) un intento de que se le exonere.
19. L o
primero que vi de su biblioteca fue que tenía la novela de Crash de J. G. Ballard, creo que en la clásica edición de
Minotauro. Sentí necesidad de tenerla yo también, no la he leído y me gusta mucho
Ballard, acaban de reeditarla en una bonita edición con las tapas plateadas.
20. Recuerdo
una tarde en la playa, cuando un amigo común nos presentó a un grupo de gente.
En medio de la natural incomodidad que se siente en momentos así, él les
preguntó de pronto: “¿Tuvisteis una infancia feliz?”.
21. Las
marcianadas de C. Es un ejemplo de muchos, que revelan un carácter que al resto
de amigos nos pareció siempre marciano. Marciano y divertido.
22. En esta
última conversación que he tenido con él, me ha preguntado por mi infancia. En
su casa, y rodeados por los numerosos juguetes de sus hijos, me ha preguntado
de pronto si tuve una infancia de abundancia o escasez.
23. Sentí
de pronto reveladora esa pregunta, porque me impelía, tentadora, a explicar
algo que hasta entonces yo solo consideraba una marcianada simpática. ¿Había
algún motivo en todas esas preguntas? ¿Por qué todo ese preguntas por la
infancia de la gente?
24. Automáticamente,
uno tiene la tentación de sacar conclusiones. A lo mejor hay desde siempre una
maniobra subrepticia en todas esas preguntas marcianas, a lo mejor él espera
que su interlocutor se pregunte ciertas cosas, que llegue a ciertas
conclusiones cuando se queda solo, lejos de él, y piense en él.
25. Que
piense en él, a lo mejor es ese su plan.
26. Bueno,
esto es injusto. Escribir sobre él, quiero decir. Su juego es más limpio, tú
estás delante.
27. “Parecías
feliz en aquella época, hablabas con gran felicidad de aquella otra época, se
te nota que has sido una persona muy feliz en diversos periodos de tu vida”.
Que alguien te diga algo así y que tú te sientas molesto, pero tratas de
disimularlo porque te vas a sentir aún más molesto si el otro lo nota.
28. Que
alguien converse contigo y tú te sientas atacado de continuo, ¿es porque ese
alguien solo sabe charlar atacando a su interlocutor, formulando acusaciones, una tras otra? ¿O
simplemente porque pone el acento en ti, porque hay un foco incansable sobre
ti, y porque tú debes decirlo todo, y ese todo afecta, básicamente, cosas que
tienen que ver contigo?
29. Bueno,
contraatacas y le preguntas por cosas suyas. Él responde con rapidez, con
evasivas, y antes de darte cuenta ya tienes en la cabeza un nuevo cuestionario
contigo mismo como tema estrella.
30. “Hablabas
con devoción de los días de tu adolescencia, contando todas aquellas anécdotas,
¿dirías que fue la época de tu vida en la que fuiste más feliz?”.
31. Creo
que fue lo que más me molestó, lo que más paranoico me puso, cuando me sentí
más atacado: que me dijese eso de mi adolescencia. “Mi adolescencia fue una
mierda”, le respondí, “lo pasé muy mal en mi adolescencia”.
32. Basta
con que alguien se comporte de forma extraña contigo, para que tú te sientas
extraño delante de él. Para que te pongas paranoico.
33. “Tiene
una personalidad un poco paranoica”, piensas, y lo que ocurre en realidad es
que eres tú quien se ha puesto paranoico perdido.
34. Creo
que, al reconocer que mi adolescencia fue el peor periodo de mi vida, me declaré
culpable, finalmente, en el juicio que supuso charlar con él durante una hora
en su casa.
35. “Supongo
que mentí”, le dije finalmente. “Cuando decía todo eso sobre mi adolescencia,
supongo que mentía”. Él me miró con los ojos muy abiertos.
36. Viví
algunos de mis peores momentos en mi adolescencia. Pero fuera de todo ese
dramatismo, también viví momentos fantásticos en ella, que aún me gusta
recordar.
37. Es
algo que solo ahora se me ocurre, días después de haber mantenido esa
conversación con C.
38. Exageré
cuando le dije que fue una mierda, exageré cuando le dije que mentía. Llevo
rato intentándolo, pero soy incapaz de acabar este texto sin hablar de mí
mismo, en vez de hacerlo sobre C.
39. Sigo
enredado en la trampa de C.
40. Voy
a tardar en volver a quedar con él.
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