lunes, 5 de mayo de 2008

Trilogía de la inactividad (I)


Para llegar a los grandes almacenes debo atravesar toda la ciudad, no voy para comprar, sólo a mirar y por pasear, salir de casa; a veces, al llegar, miro al reloj y me sorprendo de lo poco que he tardado. Cruzando la avenida a tales velocidades debo de parecer un títere en manos de un epiléptico, procuro ir más despacio en la vuelta, dicen que la prisa es capitalista, en Marruecos que la prisa mata, casi nunca lo logro; pase lo que pase, al llegar a casa me tumbo en el sofá y miro al techo, dejo la mente en blanco: así pueden pasarme horas, las que quedan hasta la noche, y en ocasiones, muchas, la noche se prolonga de la misma forma, con la novedad de que puede que conecte la tele, con o sin volumen, en ocasiones me limito a abandonar los ojos sobre la pantalla apagada.

"¿Control de de Tierra, Control de Tierra?". No: conquistadores bostezantes sobre los campos de un país conquistado hace tiempo. No.
Mis gatos pasean sobre mi cuerpo inerte como astronautas aburridos en un planeta muerto.

3 comentarios:

Sebastián dijo...

Delicatessen. Y qué fantástico final. Estaremos atentos a (II) y (III).

Gracias por su reconfortante visita y sus cariñosas palabras en mi blog, Sr. Tropovski.

Espero verle pronto cruzando una avenida con sosiego o plácidamente sentado ante una cerveza bien fría.

En el planeta Tierra, claro.

Tropovski dijo...

Mmm... Espero volver pronto (a la Tierra [emoticono-silver surfer: véase diez entradas más arriba]).

Un abrazo, Sebastián, y gracias a ti por escribir tus poemas. A éste le dedico una entrada en breve, de hecho: excepcional:

Si hay un dios para el mundo,
ese dios es el mar.

¿Qué nos dice su sal efervescente?
¿Qué les canta al oído a nuestros hijos?

Tropovski dijo...

De hecho, tengo un dibujo en uno de mis cuadernos del año pasado perfecto para ilustrarlo: mi sobrinico Darío jugando en la arena de una playa de, ay, Cope; con aparición estelar, por cierto, de Bob Esponja.