viernes, 12 de octubre de 2012
La verdad sobre los gafapastas
sábado, 15 de septiembre de 2012
Cuaderno abierto
lunes, 3 de septiembre de 2012
miércoles, 1 de agosto de 2012
Es el final de lo que me sucede

Es el final de lo que me sucede,
pienso un instante, sin seguir el pensamiento.
Quiero decir que no lo continúo.
Una limitación
bastante razonable
para una fantasía que funciona
igual que una pianola.
Arco iris mecánico
tras una lluvia imaginada.
Lo que dura la sensación
es todo aquello que saco de ese momento.
miércoles, 13 de junio de 2012
Los altos muros de una fortaleza vacía
Igual que el Emperador Legendario, que se manifestaba al azar en alguna de sus numerosas provincias para perpetuar la posibilidad de su existencia; de la misma manera, en ocasiones, me sorprendo olvidándote.
domingo, 10 de junio de 2012
Esto no es una pipa
jueves, 31 de mayo de 2012
Me he quedado sin conversación
domingo, 27 de mayo de 2012
Revolución
sábado, 26 de mayo de 2012
Apuntes para una genealogía de la literatura dibujada: Thomas Kyd y Samuel T. Coleridge presagian, sin saberlo, los tebeos
"Lo que buscamos entonces en la tragedia, que alguno
sabios de la Antigüedad tuvieron por el máximo esfuerzo del genio humano, el
mismo placer, lo recibimos de una novela recién publicada y otras bagatelas
de hoy en día (15)"
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lunes, 21 de mayo de 2012
Mis aventuras con la belleza
bajé para estar solo.
Soy partidario de toda mitología,
me gusta oír historias,
una versión tras otra, en acabar mal.
alrededor de la basura. Vivimos en el fondo, ¿qué esperabas?,
de un antiguo canal urbano. Vimos a los fenicios,
Griegos, romanos o vikingos, todos gentes de sed
La Batracomiomaquia acostumbrada, aquí en el fondo.
Un cierto aliento épico que explique todo o nada.
Un portal de Belén en los desiertos de la Luna
cuando la Luna canta en los reflejos del canal.
Aquí, en el mundo sublunar, todo transcurre muy despacio:
Imagina mi mundo subacuático. Sumérgete y ven a verlo.
Viene una multitud de patos flotando en los detritos,
en burbujas fosforescentes y, chico, era el progreso.
Resulta algo repetitiva, su canción,
pero dicen que acaba bien.
Mis hermanos del agua,
de la tranquilidad flotante, de la torpeza y el tartamudeo,
contadme lo que veis, cuac-cuac, allá arriba.
¿Puedo escuchar a las aguas cantando?
Solo lo imaginaba.
Hace tiempo emergí
y todo lo que escucho
no es más que mi respiración.
Renuncias a tu inteligencia.
Bueno, no me costó ningún trabajo.
Aprendo a hablar primero
para decirlo.
Bueno, pues ya me he ido. Ya no estoy.
Regresaré si me apetece,
he regresado a pie.
Lucrecio afirma la uniformidad
del mundo, y para tal
improrrogable veredicto, aporta
la siguiente razón:
que no puede cambiar de forma
lo que originalmente
carece, en sí de forma.
El sol anida en la ciudad del polen.
Otro propósito no existe
Sueño con regresar,
solo que no sé adónde.
Donde piafen los pájaros
y canten los caballos.
Tarde o temprano voy a descansar.
No pienso hablar con nadie más
mientras regreso a casa:
es un viejo consejo que me dieron mis papás.
No sé si ya he dicho que me bajé
de mi caballo y que
No estaba en el fondo del mar,
Soy la belleza, dijo,
y estoy muy enfadada.
sábado, 12 de mayo de 2012
lunes, 23 de abril de 2012
jueves, 19 de abril de 2012
Mi vida sin los errores que cometí
lunes, 9 de abril de 2012
jueves, 22 de marzo de 2012
Pamemas y Platón

Platón vino a mi boda, y lo pasó tan bien
que decidió quedarse un tiempo en nuestra casa.
Solía entretenerse
jugando con los gatos todo el día.
Todo lo apocalíptico es platónico,
leo en la prensa.
Globos que vuelan, entelequias,
tartas de fresa y chocolate
tan solo por un euro
o poco más:
es un ejemplo.
Oh buenos días, posibilidad:
te amo porque eres amable
Me gustan las terrazas
donde la gente se ha marchado,
los veranos vacíos
donde no queda nadie,
los gatos que vigilan soñolientos
fantasmas de su mundo
antiguo, misterioso,
y aquello que no urge vigilar.
Mira, me dicen antes de dormir:
era la realidad.
Es el olvido un caracol.
Sus babas, la memoria.
Materia oscura, débil
de los cuerpos que atraen
todo lo que sobre sus uñas se desliza.
No contra cada uno de nosotros, ella y yo,
sino que, para siempre, contra todos los demás.
Preferiría no recuperar
esa clarividencia.
Aquí y ahora, sí y no,
incongruencia y discontinuidad.
Disponibilidad total.
Docilidad y sensatez:
no me lo imaginaba.
La realidad no escribe más allá
de sus líneas de realidad.
Articuladamente estéril
para la concatenación,
mi libro veraniego-japonés
llega a su término, o
no estoy seguro:
tendría que esperar, en todo caso, a otro verano.
Mi invisible lectura ineficiente,
solo visible para mí,
útil tan solo para mí.
Qué buen sintagma, si tuviese buen señor.
Escritura automática,
mi vieja amiga: ven a verme
cuando las ranas críen ranas.
No has conseguido que me pierda, pero puedes
intentarlo de nuevo.
Yo te ayudo.
Platón ha regresado ya
a su país del aire:
adiós, Platón, te amamos
y te echamos de menos.
Cuando llega la hora de la siesta,
es decir a cualquier hora del día,
oigo las uñas de los gatos
restallando sobre el parqué.
Que van y vienen,
ya lo suponía.
Que están alrededor,
cómo me gusta.
sábado, 17 de marzo de 2012
Animal fabuloso de veintisiete letras (una plaquette)
Animal fabuloso de veintisiete letras de José Óscar López
martes, 13 de marzo de 2012
Pequeña tortuguita, mi anciana maestra zen

He agotado todos los caminos
que conducen del silencio
hasta el aburrimiento que provoca
estar callada tanto tiempo,
dijo mi pequeña tortuga,
mi anciana maestra zen.
He sentido que, a veces,
conversar es cansado,
continuó. Malentenderse
no es una bicoca,
¿quién no detesta los malentendidos?
He charlado con taquilleras
de cines y con pacientes parquímetros,
con todo aquel que yo creí
hubiese visto mucho mundo,
mas ¿quién ha visto el mundo, amigo mío?
Yo lo vi muchas veces, y también
me harté de verlo muchas veces.
Creo que, en ocasiones,
el mundo fue un lugar
muy poco agradable.
Le guardé cierto rencor, pero tarde o temprano
tienes que regresar, chico, me dijo,
para arrimar el hombro.
Arrima tu caparazón, chaval.
he agotado todas las especias para el arroz de los gusanos,
los gusanos voraces que me piden lecciones
como quien pide arroz, como quien vuelve a casa cada tarde
y exige su ración de sueño, algún lugar donde tumbarse y descansar,
una montaña gigantesca de arroz y de guirnaldas,
toda una cordillera mullida, confortable
para el descanso y la reparación
de la espalda del mundo, tatuada
con ideogramas y papel de arroz,
con letras muy antiguas, jeroglíficos que fabulan
con la creación del mundo, de algún mundo que sobrevive
a nuestras ganas de charlar y a nuestras ganas de dormir,
una espalda gigante cubierta por guirnaldas,
Las traemos nosotros y tú vas ayudarnos,
vamos, supongo, ¿no?
Y yo le respondí:
claro que sí, mi tortuguita,
te amo, tortuguita,
y el mundo es necesario.
domingo, 11 de marzo de 2012
Acompañado por la guitarra de Julio Ródenas, y recitando uno de mis "Extractos del Libro de las Diez Direcciones", dentro del ciclo Mursiya Poética, en La Azotea
viernes, 2 de marzo de 2012
La felicidad no da la felicidad

Donde los pájaros dan cuenta del festín mañanero
mientras simulan no prestarte su atención,
allí y entonces, sin fingir
la distracción que me asiste casi siempre,
yo te estuve esperando.
Confundido con todas esas chicas
que marchan con sus cirios de benzodiacepina
de procesión al monte. Distraído
y algo confuso, mas no ajeno
al canto que percute más allá
de los postes eléctricos
y de los abedules del paseo
del centro médico,
yo te estuve esperando.
No vuelvas a arrojarme, por favor,
escaleras abajo.
Una inmensa llanura, diminuta
como una nota a pie de página
de un texto que te explica, igual que explica
a todo lo demás, si estás conforme
con todo lo demás
–también si no lo estás-:
allí te espero.
Y dije: hágase notar la luz,
y vaya
si lo hizo, anoté
al margen
de mi pequeña creación.
Miro a esas chicas:
no saben del milagro que les golpea el pecho
y las mantiene despiertas: no saben que no fingen
si reconocen a sus cómplices
entre aquellos que ahora sacan
sus móviles y escuchan a Coldplay.
“En el jardín del tiempo
alguna flor soñaba
hacerse jardinero”,
cantaba el brezo antes de arder,
de charla con los pájaros.
Tú lógica aplastante es aplastante,
aplastante, repite el pájaro, y
por eso criminal.
Quiero decir, no queda tiempo
si cada cual construye sus propias escaleras:
ascender, descender, salir del laberinto
tan sólo cuando olvidas
que morirás en él,
de cualquier forma.
Mi gato es una rosa
y canta como un pájaro.
Gato, haz lo que quieras.
Ahora que aspiro al podio
tomo el sendero tortuoso
de las rampas.
Aspiro a las alturas como el gato
habita los tejados, e instala en la intemperie
su esperar para nada, somnoliento;
ese acechar la presa de las siestas
también en los armarios, radiadores:
porque esconderse en un rincón
también es elevarse.
Silencio, el dios egipcio duerme.
Recuerdo aquella vez que me contaste
que de niña jugabas a enseñar a leer
a tu gatito; es un milagro, sí, y
también irrepetible, así que, chica,
yo no te lo aconsejaría.
A ti también te gusta la ópera finesa,
la ópera del fin, y sin embargo
he renunciado a ti, debo decírtelo,
porque vives tan solo de tus fiestas
y a mí me dejas solo, siempre cumpliendo años,
con mi cara de tonto y un montón
de velas encendidas
de nembutal y de colirio.
Soplabas de las velas hacia el centro de ti
y, por decirlo de algún modo,
las noches que sudaste a semejanza
de quienes sedarías, y también
el horror de sentir que mi sentido del humor
ya no podría compartirlo contigo ni con nadie
al fin nos quedarían prescritos, porque ¿sabes?,
todas las tartas eran tuyas,
con toda tu energía;
con el limón hacías
confetti para pájaros
y otros animales.
Atención, pregunta:
Animal fabuloso de veintisiete letras.
Querida niña: en China
también hay unicornios.
Bandadas de estorninos encontraron la llave
y han venido a cenar. Se comportan a ratos
y su formalidad, cuando se manifiesta,
es un asunto digno de ser visto
por los que tienen tiempo para hacerlo.
Nosotros no. Segundas partes quedan anunciadas
en las enormes carteleras del cielo de septiembre,
y aún queda mañana por delante.
Porque eres tú quien proporciona el ozozuz
a los furiosos unicornios,
procura hacerte luego,
ya que estás por el campo y vas a volver tarde,
con algo amargo que ofrecerles.
De noche,
en rizomática aspersión, las princesitas
también pierden su tiempo, como tú,
bailando con sus giros en la hierba
de ese jardín que no nos pertenece
ni nos importa, vamos.
Pero procura comportarte, si volvemos.
Señoritas que giran merced a su engranaje,
de fiesta muy mecánica y coral
al pie de las piscinas, también cuando atardece,
aunque se pararán muy pronto.
Aún el gato duerme, con la tarde
no decidida para uno u otro bando:
los enanitos de jardín se baten con las ninfas
por el agua, en su reino imaginario.
Pero yo tengo obligaciones y despierto:
pertenezco a otro mundo,
debo poner mi casa en orden para ti.
La casa del deseo, graznó el poeta pájaro,
el pájaro cantante, el pájaro más pájaro,
desde un balcón cerrado.
La bandeja se cae y con ella el desayuno.
Ven, porque sé ya cómo huir de tanto estrépito.

















